4a. ETAPA
La experiencia docente;
el contacto con los jóvenes es, para mí, un privilegio, un privilegio difícil
de valorar, sería parecido a eso que dicen de la madre, que se la valora cuando
se la pierde. Ese contacto lo extraño desde que me jubilé.
Fui docente ayudante
pero muy poco tiempo, tres años, después pasé a profesor y tener ayudantes. En
mi experiencia lo que hicimos siempre con los ayudantes que trabajaron conmigo era
compartir todo, no había quien daba la teoría, quien daba la práctica. Eran
cursos chicos en Agrimensura, generalmente éramos dos docentes, tres a lo sumo.
En el período que yo me
incorporé había muy pocos alumnos en los cursos superiores, no más de ocho,
después fue aumentando, quince o veinte. Asistíamos los dos, sea un tema de
teoría o un práctico, no separábamos los horarios entre teoría y práctica.
Desde el punto de vista
de la dedicación horaria se podría reducir a la mitad aproximadamente si se
hace esa separación, pero no creo que sea lo mejor.
Antes
mencioné cómo alguna de las experiencias más significativas los trabajos
prácticos grupales y la exposición por parte de los alumnos, de defender sus
trabajos, explicarlos. No todas las materias se prestan, pero algunas de las
que tuve se prestaban particularmente para eso y para que eso fuera a la vez un
método de evaluación. Visitas a obras hicimos todas las que pudimos. Más no
hicimos porque no las había, sobre todo durante el gobierno de Menem. Hubo un
período en que no había obras viales. El puente Rosario-Victoria nos vino
bárbaro durante cinco años, íbamos dos veces por año.
Y una reflexión sobre
la idiosincrasia del estudiante actual -supongo que no es exclusivo de
Ingeniería- que se ha desarrollado a partir de la ideología del individualismo,
del mercado, del liberalismo, de la cuestión de la angustia por la rapidez, la
efectividad. Toda una cuestión de la sociedad, lo que yo llamo una “cultura de
supermercado”. Es decir, ¿qué hago en la facultad? Voy, como en el super, con
el carro metiendo las cosas que me hacen falta para salir lo más rápido posible,
en este caso materias. Conversando una vez con una alumna me dijo “en marzo
tiré tal materia”. Le dije “¿por qué hiciste eso?”. “Y, porque ya está…”. “pero
¿por qué la tiraste? La hubieras guardado”. En esa cultura de supermercado, por
lo menos yo, cuando entro al supermercado me quiero rajar lo más rápido posible
después de cargar lo que necesito.
Y la otra cosa -esa no
es mía, es de uno que fue rector de la Universidad de Buenos Aires, Jaim
Etcheverry, un tipo de derecha, liberal, muy inteligente- diciendo que en
general los alumnos aprenden, pero a veces eso es un problema, aprenden copiar
y pegar, o plagiar, o presentar cosas ya hechas. Aprenden de docentes que les
enseñan eso. No intencionada ni deliberadamente, sino que hacen eso y los
alumnos aprenden.
Por eso digo, no es que
inventan los alumnos, aprenden. Y una característica actual es poca política.
Hay poca política. Eso sobre la experiencia docente. Sobre la investigación, yo
me jubilé como investigador, pero nunca tuve formación de investigador.
Formamos un grupo de investigación en realidad para conseguir subsidios para
comprar instrumental. En el grupo ese ninguno hicimos carrera de investigador.
Ninguno estaba en el
Conicet, teníamos categorización de investigador… de todos modos, eso estoy
seguro, investigamos y produjimos.
Hay cierta
profesionalidad, hay métodos que en realidad no teníamos. Creo que
investigamos, creo que produjimos, creo que aportamos, pero ninguno hizo ningún
tipo de carrera ni produjimos papers.
Junto con Eduardo
Huerta y Gustavo Noguera produjimos el libro GPS Posicionamiento Satelital,
publicado en el año 2005, único libro de autores argentinos sobre ese tema, de
amplio uso en Argentina y en países de habla hispana.
Una experiencia muy
importante fue la actuación en el Consejo Directivo de Ingeniería. Fui
consejero docente durante dos períodos. Creo que fue una experiencia muy
valiosa, muy productiva. De parte importante de las reglamentaciones que se
siguen usando en la facultad fui redactor o co-redactor.
En el ’99 entré como consejero
suplente, pero rápidamente pasé…a incorporarme.
La lista nuestra es del
‘99, aunque no me acuerdo si se llamaba Facultad entonces. Yo me incorporé a
algo que tenía muy rica historia; ADFI (Asociación de Docentes de la Facultad
de Ingeniería) funcionaba desde hace mucho tiempo antes, yo me fui vinculando a
lo que ya estaba. En el CD entré en el ’99 y estuve hasta el 2003 y después del
2003 al 2007. Hice una labor muy intensa, que creo valiosa. Ahora,
autocríticamente, creo que fue muy parlamentarista mi actividad. No era
predominantemente usar la labor en el Consejo Directivo para trabajar con la
gente, sino que eran como dos cosas distintas… Yo me entusiasmaba, si había que
elaborar un reglamento para posgrado o para concursos internos o un llamado
general a concurso ordinario me ponía y laburaba intensamente. Pero no en la
misma medida había una cuestión de llevarlo a todos lados eso, por abajo, discutirlo,
proponer y procurar que eso fuera el resultado no tanto de un aporte
individual, como de un aporte colectivo. Eso es un déficit que a los que están
en el consejo siempre se los cuento como…
Sí, de la labor esa han
salido cosas que las utilizamos y sirven ahora para pelear, como el reglamento
de concursos internos, las modificaciones las redacté yo prácticamente. Redacté
el de la Escuela de Posgrado, su funcionamiento…….
La cuestión es utilizar el parlamento para el
trabajo con los docentes, no centrar la actividad en el parlamento, aunque sea
pensando en el interés y buscando responder al interés de los compañeros… Sino
cómo ese trabajo sirve para construir… Bueno, creo que sigue siendo la única
facultad donde todos los años se trata en el Consejo Directivo el presupuesto
de la facultad y presentan un balance. Eso lo logramos en el período que me
tocó estar en el CD, antes no existía.
En parte eso fue en un período muy particular, 2001, 2002, 2003, también me tocó
participar en la Asamblea Universitaria, en la que después fui candidato testimonial,
candidato a rector.
Trabajamos en la
reforma de los estatutos, estuve en comisiones…
Bastante tiempo
trabajando en comisiones previas para proponer… Simultáneamente con Edgardo
Garbulsky, con Rodolfo Scholer y otros.
Ahí salió lo de la
comisión de presupuesto.
Habíamos logrado
despachos que cuestionaban el manejo del tema y surgió la salida que inventó
Asteggiano para impedirlo. Fue una salida porque pensaban que se les venía una
resolución crítica; la propuesta era reducir el presupuesto del rectorado como
máximo a un 10% del total de la universidad. En ese momento era el 27% para el
rectorado. No es que el rectorado lo gastaba todo en el rectorado, lo
distribuía. Pero para entrar en la redistribución tenías que acordar. El
rectorado tenía más presupuesto que la facultad más grande que era Medicina.
Eso podía salir aprobado, por eso buscaron una salida, en el clima de esa época
no se podían oponer, formaron una comisión para que no pasara nada.
Fue la intención, sí…
la tenían difícil. Fue para impedir que saliera nuestro proyecto y después
pelear que no saliera nada…..hubo investigación y el despacho de esa comisión
fue sumamente crítico, explosivo, les
costó mucho impedir sus consecuencias, incluso trataron de aplicar sanciones a
tres compañeras Roxana Albanesi, Laura Ferrer y Patricia Propersi, que
siempre se habían jugado.
Va una reflexión, a
partir del conocimiento y la experiencia sobre la burocracia, extendida a un
ámbito más amplio que el de la universidad. Me parece que en la sociedad
actual, no solo argentina, se ha… La otra vez me hizo llegar Raúl Postiglione
un artículo de un tipo, no recuerdo de qué país era el autor, con opiniones muy
coincidentes sobre la “la burguesía burocrática”. La burocracia como un sector
de la burguesía. Claro, comparado con el estado de cien años atrás… Lo que yo
decía la otra vez, en la década del ’60 en Ingeniería había un secretario y se
incorporó otro.
Ahora en cualquier
facultad hay ocho, diez, doce, con subsecretarios y con empleados de las
secretarías; en una facultad tenés un núcleo de veinte o más personas.
La idea mía es que se
ha desarrollado, tanto en la universidad como en otros ámbitos de la sociedad
algo así como una burguesía burocrática. Así como hay sectores en la burguesía,
comercial, industrial, financiero, hay un sector burocrático. Es un sector que
tiene como función encargarse de los asuntos del estado y que como todas las
burguesías, por ese papel que desempeñan, sienten que tienen derecho a percibir
parte del producto de la sociedad. Esa es de algún modo su función. Porque ese
tipo puede ser tanto secretario de asuntos estudiantiles, como subsecretario de
política investigativa (o diputado o embajador).
Sí o de cualquier otra
función, pasar del decanato de una facultad a una secretaría de rectorado o de
ahí a una delegación de la universidad en tal otro lado. Es un tipo apto para
desempeñar funciones como burócrata. Y esa burguesía ha ido consolidándose,
especializándose. Eso incluso produce un cambio en la terminología política;
hace cincuenta años atrás no se decía “la comuna de Mugueta es peronista”. Se
decía de otra manera: la dirigen los peronistas, ganan los peronistas, pero no
“es” peronista. La provincia de Santa Fe “es” socialista. Entonces el centro de
estudiantes, la Conadu, la COAD, “es” tal... pierde el carácter de la
representación del colectivo que debería tener y asume el carácter de
pertenencia, casi propiedad de algún sector.
Vienen los
entrecruzamientos “laborales” y, en tanto, van haciendo escuela.
Una experiencia muy
viva con respecto a eso, es ver cómo los tipos van desfilando de un cargo a
otro.
La experiencia sindical
mía más rica es a partir del 2001. No es la única, no es que anteriormente no
tenía nada que ver, pero la más rica es a partir de lo del 2001.
Por todo, por la
intensidad, por la magnitud, por los resultados…
Asambleas
multitudinarias, debates, actos en la calle, cuando se hizo lo del Monumento,
paro con movilización, eso fue… Me acuerdo del debate en Ciencias Económicas,
en el cual hablé, que la propuesta nuestra era paro a partir de las doce y
movilización al Monumento, a diferencia de quienes decían “¿qué es un paro a
partir de las doce?, cortar las clases a partir de un horario, eso es absurdo.”
Asambleas en Medicina
en pleno enero.
Sí, tengo recuerdos muy
vivos, tal allá en este costado, tal en aquel otro. Me acuerdo la escena.
Más allá de Ingeniería…antes
conocía a muy pocos de otras facultades. Bueno, a Díaz Molano lo conocía desde
que éramos estudiantes secundarios. Conocía a alguna gente de Humanidades, pero
eran ya más vale de la época de una generación no la mía, pero más parecida a
la mía, o de la mía como Nidia, a Edgardo ya desde la escuela secundaria.
A Cristina Di Bernardis,
Elena Achilli, de Antropología Con algunos de ellos habíamos militado juntos.
Sí, con algunos de
ellos teníamos lazos de amistad, de solidaridad, de conocimiento que venían de
mucho más lejos.
¿cómo surge la idea de
La 20 o, mejor dicho, el Frente 20 de Diciembre?
Yo respondería con algo
que no es una respuesta, ¿cómo podría ser que no fuera así?
Fue lo que
naturalmente…
En COAD había un núcleo
y una experiencia de mucho antes de que yo me incorporara, venía de hace mucho
tiempo y eso fue naturalmente vinculándose con los que nos íbamos incorporando…
Nos fuimos vinculando y tratando de vincular a la gente que aparecía en actitud
combativa.
No tengo marcado un
acontecimiento cómo inicial… si recuerdo que en el 2002 Gustavo Guevara entró
en la secretaría gremial de COAD.
Otra cuestión de la
experiencia, la ratificación de una idea que yo decía que venía en discusión de
la década del ’60, es la esencia contradictoria de la universidad. Esa
característica típica de la universidad argentina. Su carácter típicamente
contradictorio. Contra Menem resistiendo y a la vez mercantilizándose. Esa
cuestión viva permanentemente en la vida de la universidad. Pronunciándose por
los derechos humanos, con participación mayor, menor, más activa o menos activa
en determinadas cuestiones, con la universidad como institución, por ejemplo
respecto al aniversario del golpe, los 24 de marzo. Y a la vez con prácticas y
un contenido de la enseñanza que en muchos casos es contradictorio con ese
mismo tipo de pronunciamiento. Y que además dentro de la universidad varía en
las facultades y dentro de una facultad varía en sectores y dentro del
movimiento estudiantil varía. Entonces una riqueza y variedad propia de un
campo de lucha. Creo que toda la experiencia de estos últimos años me ratifica
en lo que era una de las conclusiones de la experiencia de otra época en el
movimiento estudiantil.
Eso de la universidad
en su conjunto. La universidad es campo de lucha.
Sobre COAD, la COAD
conocida por nosotros, una construcción de democracia, pluralismo, muy rica,
con los resultados que conocemos, no me voy a poner a explicar qué es la COAD.
Creo que es una
experiencia muy rica de construcción de una organización sindical cada vez más
importante, con mayor peso, donde costó y va a seguir costando democracia y
pluralismo.
E independencia de los
partidos políticos.
Por ejemplo, costó …
implantar lo que el estatuto decía, que había que votar para resolver las
medidas de fuerza. Eso estaba en el estatuto, pero no era la práctica…
Recuerdo que en el 2003,
cuando tuve una neumonía que me impidió la militancia en un período, el tema que se discutió era si se levantaba el
paro y hubo discrepancias, me contaron, sobre si había que votar o no había que
votar y que la posición nuestra fue que no había que hacer una votación, porque
se podía perder. El partido socialista, porque quería levantar, quería votar.
Yo, desde afuera en el tiempo, pienso que si hubiera estado habría planteado
que se votara, aunque perdiéramos. Porque eso, aun perdiendo, garantiza una
cuestión de relación de construcción que es invalorable, el respeto a la
mayoría
Recuerdo asambleas
convocadas por COAD donde quedábamos treinta y se resolvía la adhesión a un
paro, total después que la gente parara o no, o ni se enterara que se había
resuelto, parar realmente era lo de menos.
Hay una contradicción,
que creo que no es falsa, es una contradicción y no es antagónica, que hay que
tenerla presente para construir, entre la calidad de la labor específica y la
actividad sindical. Calidad de la labor profesional, la docencia e
investigación, y la labor sindical. Creo que eso se expresa reiteradamente. Es
una cuestión muy importante el poder manejarla, porque el ignorarla conduce
inevitablemente a errores.
Yo lo planteo en el
plano de que el docente como trabajador, en la medida que se asume como tal
adquiere las nociones propias del trabajador asalariado, todo lo bueno pero
también lo malo.
La idea de vender su
trabajo a un mejor precio es justa, ahora bien, si yo no cumplo con las horas
de trabajo que me corresponden estoy aumentando el precio de la hora, pero ese no
es el camino. Eso es una tendencia natural, no es una cuestión moral. Es propio
del metalúrgico, del que trabaja en la línea de producción, etc., del que está desposeído
de los medios de producción y enajenado del destino de la producción.
Es propio del trabajo
asalariado, es una consecuencia inevitable. Con la particularidad, en el caso
de la docencia o de la salud que esa enajenación es más difícil, menos
probable.
En la universidad hay
casos en que, para algunos, es posible hacer lo que en otros lugares es más
difícil, que es trabajar menos horas.
Esa contradicción entre
esa tendencia que empuja a la alienación, a perder el sentido del trabajo y por
otro lado la necesidad de, para luchar por las cuestiones de fondo, rescatar el
sentido del trabajo. Es decir, tener conciencia de clase. Ese es un problema
que en la actividad sindical tiene mucha importancia. Porque además al que está
en la dirección le cae la gente que le dice “¿qué me da el sindicato?” y otras
por el estilo.
Y una preocupación en
relación a la actividad sindical es cómo no caer en el economicismo.
La actividad sindical
formal te tironea para el lado del economicismo.
En el 2002, en nuestra agrupación alguien me propuso para encabezar
nuestra lista en COAD.
En ese momento era consejero en el CD de Ingeniería y director del
departamento de Geotopocartografía; pensé que no era lo mejor estar simultáneamente en esas
funciones y en un cargo sindical, que eran dos tareas relativamente distintas,
cada una tenía un ámbito propio, que si seguía con una debía renunciar a la
otra, fue por eso que no integré la lista, no por otra cosa. Dedicarse con
intensidad a ambas cosas hubiera sido imposible.
Estuve en el Consejo
Directivo hasta el 2007 ¿subestimé la importancia de la acción sindical? Quizá
sea así pero no tengo una respuesta categórica.
Después fui delegado en
ADFI, después de 8 años en el CD pasé a ser delegado de base y creo que fue una
buena experiencia.
¿cuáles son mis
autocríticas y mis deudas?
Hay una…deuda, que es
impagable, no estuve en los nacimientos de mi segunda hija y mi hijo Fue por la
militancia, por la clandestinidad, para avisar algo había que hacer una cadena
de “avisadores”, pero podría haber estado, podría haber organizado las cosas de
manera de haber estado. No es que alguien me lo haya reprochado, pero yo lo
siento así.
Y la otra es una duda
que siempre me acompañó, si no pequé en más de una oportunidad por falta de
audacia. Lo digo al revés, yo conté eso del estadio Millia, el aviso que
sacamos, eso fue una jugada audaz. Bueno, creo que probablemente hubo otras
ocasiones en las cuales no obré con esa audacia y quizás hubiera sido mi deber
haberlo hecho.
Por ejemplo, como
consecuencia de lo del estadio Millia allanaron la casa de mis viejos, hubo
orden de captura y no optamos -digo no optamos porque no era una decisión de
carácter personal- por hacer pública una cuestión de persecución con denuncia
de nombres y demás porque nos parecía que no teníamos la fuerza como para
exponernos de ese modo. Cuando nos jugamos también tenemos que tratar de tener
sensatez. Entonces cuando pongo en la balanza audacia y sensatez, por ahí he
estado más inclinado para el lado de sensatez que de la audacia. Y hay una
contradicción entre ambas.
Sí, creo que siempre
hay algo de “¿hasta dónde voy? ¿Hasta dónde me juego? ¿Da para más o no da para
más?”. Y ahí entra la cuestión de la evaluación de la situación concreta y
entran también factores subjetivos como el de la audacia. La audacia con los
riesgos… Bueno, me sentí más de una vez en deuda. No en el nivel de haber
fallado, de haber defraudado, pero sí si uno apunta a lo más alto que puede
apuntar que es la audacia tipo Che Guevara, claro, si de eso se trata estamos
hablando de palabras muy mayores que exceden al común de la militancia.
No lo digo en un
sentido puramente individual. Cuando pienso en haber sido más audaz no pienso
en haber sido yo individualmente, sino de haber planteado una actitud…
Supongamos ese ejemplo que puse de exponerse públicamente en una denuncia de
persecución, no en forma individual, sino jugando la fuerza en la que uno está
en ese momento.
En esta etapa de
actividad legal, pública, ese factor probablemente tiene menos incidencia. En
la época de actividad clandestina, ilegal, es otra cosa…
Proyecto… Seguir en lo
mismo.
Seguir en el grupo de
investigación, seguir vinculado a esos temas, como los del observatorio
geodésico AGGO, cosas que me atraen, concurrir a congresos, jornadas.
Hay investigación sobre
historia del movimiento estudiantil y me propongo colaborar en ese sentido.
Creo que hay un gran déficit en la historia del movimiento estudiantil en
Rosario.
Y seguir colaborando en
la actividad sindical.
Me interesa, me siento
cómodo y, a la vez, hay que tener en cuenta la posibilidad de intento de
descalificación por ser jubilado, no por mí en particular, sino como argumento
genérico; bueno, no es una posibilidad, ya lo han hecho en una asamblea
electoral, a los gritos contra una supuesta influencia de jubilados en el
gremio. Y digo, si yo estuviera del otro lado no es despreciable como recurso,
aunque sea una infamia.
Si creo que los
jubilados debemos ser parte de la organización del gremio y debemos procurar la
coordinación con jubilados de otros gremios.
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