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sábado, 14 de marzo de 2026

UNO MAS -primera parte-

 Muchas veces me he preguntado sobre lo interesante que hubiera sido poder conversar con mis abuelos sobre su época y su vida; quizá este relato sirva a mis nietos para algo de ese tipo, ellos son los principales destinatarios.

 Para que este relato sea posible fueron claves los interrogantes y comentarios de Patricia Propersi y Gustavo Guevara, a quienes agradezco que me hayan brindado esta posibilidad.

 

La base de este relato son grabaciones realizadas en el año 2015.

Seguro hay desorden y repeticiones, pero es como fueron surgiendo; prefiero que sigan así antes que rehacerlo todo.

 

1ra. Etapa        pág. 1               hasta 1954

2da. Etapa       pág. 8               hasta 1975

3ra. Etapa        pág. 62             hasta 1990

4ta. Etapa        pág. 75             hasta 2015

 

Nací en 1939.

Una etapa es hasta los quince años. Hasta la incorporación a la vida política o a la actividad política, mejor dicho.

De ahí habría, se me ocurre, otra etapa hasta el ’75, que es la de la militancia más intensa.

Después una etapa oscura desde el punto de vista de lo que es la militancia. Quedé

fuera de la actividad partidaria y casi inmediatamente se produjo la dictadura; quedé aislado. Mi relación con la actividad política en ese período fue muy escasa.

Eso, por un lado, y por el otro se dio que, en ese mismo período, del ’75 al ’90 digamos, mi actividad laboral estuvo centrada en la construcción y/o monitoreo de grandes obras, en diversos lugares del país.

El contacto con la vida política era mucho más condicionado, por la dictadura y por la actividad laboral.

Después, sería a partir del ’90, fue cuando entré a un cargo de dedicación exclusiva en la universidad, esa es otra etapa. Pude, muy rápidamente, encausar mi relación con la política a través de la actividad en la universidad. Por lo menos como las veo yo serían esas etapas…

 1er. ETAPA

Nací en el 1939, en Rosario.

Mis viejos ya vivían en Avellaneda 814, donde vive mi hija mayor ahora. Y el primer recuerdo que tengo, vinculado a la política, es el del fin de la segunda guerra mundial, la Marcha de la Victoria. 

Tengo el recuerdo de ir de la mano de mi madre… supongo que debe haber sido por calle Córdoba, que en esa época no era peatonal y era la calle de las manifestaciones. Haber ido de la mano de mi vieja, tenía seis años, era edad de tener recuerdos. Esa es la imagen que tengo como primera manifestación en la que participé. 

La marcha fue la celebración por el fin de la guerra...

Mi vieja no fue militante, aunque siempre estuvo vinculada... Hay toda una historia de familia tanto por el lado de mi vieja como por el lado de mi viejo. Mi abuela materna era rusa, de Crimea, y mi vieja había nacido en Bakú, hoy capital de Azerbaiyan, que, en aquel entonces, pertenecía al imperio ruso, vino acá cuando tenía siete años. Mi abuelo materno, Constantino Pichakchy, murió en la cárcel en Siberia.

Mi abuela, cuando me lo contó, estaba semi impedida, había tenido fractura de fémur y entonces, en una escena de esas que son casi de película o de telenovela, me llamó y me hizo sentar en la cama. No sé cuánto habré tenido, catorce o quince años, y me contó la historia, que por otra parte para entenderla hay que remontarse a esa época, porque si no, a la luz de hoy es medio difícil entender que era una historia que no se contaba. Era contar algo muy privado. 

Sí, Rusia, cárcel... Pero más que por el asunto de cárcel era por el aspecto político, el macartismo, la ley para inmigrantes, etc.

La ley de residencia se ponía en juego en Argentina a principios del siglo XX. Mi vieja estaba inscripta como nacida acá y no comentaba que ella era rusa; rusa en aquel entonces, hoy sería de familia materna ucraniana, o tampoco, porque en realidad eran más precisamente de Crimea, frente al mar Negro.

Entonces mi abuela me contó la historia. Ella era partera, había tenido que ir a estudiar a Polonia, porque en Rusia las mujeres no podían estudiar. Y no sé, eso creo que no me lo contó, cómo conoció a su pareja, mi abuelo, que era griego.

Hace poco estuve averiguando, porque tenemos ganas de viajar ahora en marzo y queremos hacer una escapada hasta Grecia. Estuve viendo que el mar Negro está al sur Crimea y al norte de Turquía. La distancia es trescientos y pico de kilómetros, no es tanta.

Un griego que era militante o vinculado al Partido Obrero Socialdemócrata Ruso. Ellos se fueron a vivir a Azerbaiyán, al puerto más famoso, como es Bakú. No sé por qué fueron a vivir ahí y allí lo metieron preso.

Según lo que me dijo mi abuela por tener encima los bonos o documentos de recolección de fondos para el Partido Obrero Socialdemócrata Ruso. Eso tenía que ser en 1906 o 1907, era cuando mi abuela estaba embarazada. Mi vieja nació en junio de 1907, no lo conoció al padre.

Y tampoco sé, no recuerdo si me lo contó o no, cómo supo de la muerte de Constantino, si le comunicaron de alguna manera los compañeros o el mismo gobierno… la cuestión es que lo llevaron a la cárcel de Siberia y nunca más lo vio.

Se sabe que murió, sí, murió en la cárcel; por lo menos mi abuela eso es lo que me dijo.

Ella emigró en 1913, seis o siete años después. Me dijo "si yo hubiera sabido que cuatro años después iba a ser la revolución no me iba...". 

Ella tenía acá por lo menos dos hermanos y era esa cuestión clásica de la cadena, los que emigran van llamando...vino en el '13, con mi vieja de seis años. 

Las dos, y vino acá a Rosario. Aquí se casó con un ruso, por lo que mi segundo apellido es Wischnivesky, porque mi vieja está inscripta como hija de José Wischnivesky nacida en Argentina.

Vivieron casi siempre acá, en Rosario. Por ahí, al principio, se instalaron en Moisés Ville. Eso me contó alguna vez mi vieja… El esposo de mi abuela era recibidor de cereales, intentó poner una fábrica de manteca, pero se fundieron los ahorros y se volvieron... Él murió –yo no lo conocí tampoco- mucho antes de que yo naciera.

Entonces por el lado de mi vieja el origen es una familia judía, con la excepción del que había sido su verdadero padre.

Fui a averiguar en la sociedad helénica, hablé con uno de sus integrantes diciéndole que quería viajar a Grecia porque mi abuelo...me dice "¿qué apellido?", le digo "Pichakchy", nombre Constantino. Y dijo "no, entonces es de Asia Menor, lo que pasa es que eso fue parte de Grecia, pero hoy es Turquía.”

Busqué datos y encontré que los últimos griegos que echaron de Asia Menor, de Anatolia, fue en 1923. Así que no sé cómo era la historia esa, si a él lo habían echado de lo que hoy es Turquía…..

Una tía, hermana de mi vieja, en el período ese de la década del '40, hasta el '45, estuvo seis meses presa en el Buen Pastor, que era la cárcel de mujeres. El esposo de ella era entrerriano, vino acá a estudiar Medicina y lo expulsaron de la universidad en la década del '30, en la del 40 estuvo dos años preso, junto con el que después fue intendente, Cándido Carballo, del '43 al '45. Así que el festejo ese del fin de la guerra era el acontecimiento mundial y era también algo directamente ligada a la historia de la familia.

Ese tío venía de los gauchos judíos de Entre Ríos, del centro de Entre Ríos: Domínguez, Villaguay, Basavilbaso; un tío de él era precursor de las cooperativas… Sájaro.

Si se busca, en cooperativas entrerrianas, aparece como uno de los pioneros de las cooperativas agrícolas.

Por ese lado una familia vinculada a la historia de Rusia, y de la Unión Soviética; por eso estaba mi vieja ahí, en la marcha de la victoria. Y del lado de mi viejo la historia es distinta. Mi viejo era gremialista docente, era maestro; en la familia de mi viejo eran seis hermanos, de los cuales cuatro eran maestros, dos mujeres y dos varones. Vinieron tres de Italia y tres nacieron acá. Había un séptimo que murió de muy chico. Una de mis tías, que era maestra en Puerto San Martín, en Bella Vista, cerca de Puerto San Martín, vivía en Santa Fe y Avellaneda y se tomaba el tranvía hasta Plaza Sarmiento, ahí tomaba el ómnibus hasta Puerto San Martín y en Puerto San Martín la iban a buscar en sulquy para ir a la escuela... Y hacía eso todos los días.

Mi viejo fue maestro en San Lorenzo, cuando el camino era de tierra, si llovía se tenía que quedar a dormir. Mi viejo fue maestro toda la vida, intentó estudiar Derecho, pero nunca supe por qué no pudo hacerlo... Supongo que por razones económicas. Pero siempre fue maestro y trabajaba diurno y nocturno. Y mi vieja era dentista.

Por eso yo no tengo miedo frente al dentista, estaba acostumbrado a jugar con el torno que, dicho sea de paso, era distinto al torno actual.

Odontología era una carrera dentro de la facultad de Medicina. Mi vieja fue de las primeras mujeres odontólogas. En la época en que, por ejemplo, las clases de anatomía, salvo las de cuello y cabeza, se daban por separado para varones y mujeres.

Una vez, viendo fotos le digo "escuchame, vieja, ¿por qué vos ibas a la facultad con sombrero?". "¿Y cómo iba a ir sin sombrero?" me dice. Yo le pregunté por qué y su respuesta fue dar vuelta la pregunta ¿cómo iba a ir sin sombrero? Era lo obvio.

Mi viejo era gremialista, no había un sindicato propiamente dicho, era la Unión del Magisterio, el sector laicista, partidario de la ley 1420. Era de la época en que los maestros no se decían o no se consideraban como trabajadores estrictamente, tampoco eran reconocidos como profesionales, conceptualmente era algo que estaba a mitad de camino entre una cosa y otra. Claro, no eran trabajadores manuales. Y los que no eran trabajadores manuales, ¿quiénes eran?, los profesionales. El maestro estaba en el medio, porque económicamente y socialmente no era ni lo uno ni lo otro. Me acuerdo de una anécdota que contaba, que alguien fue a ver a un diputado o a un gobernante para conseguir laburo, para entrar en el ferrocarril, que no le dieron bola y entonces pidió “no sé si me puede conseguir algo, aunque sea de director de escuela... ". Todavía en aquella época había idóneos, no todos eran recibidos... Mis tías, mi tío y mi viejo venían de una escuela muy buena, que era el normal de Coronda. 

En Coronda había una escuela que era de las escuelas normales de nivel. Era de la época de las Cossettini...  Y bueno mi viejo estaba en la Unión del Magisterio.

Mi abuelo paterno era obrero ferroviario, era italiano. Vino acá con tres hijos y tuvo acá otros tres. Mi abuela, la esposa, era italiana y nunca habló una palabra de castellano. Vivía en calle Rioja entre Avellaneda y Lavalle y nunca salía de su casa. Vestía de negro, con pañuelo en la cabeza.

Era así por su origen, campesino, la mujer para la casa, para tener los hijos y eso era toda su vida y su fin en la existencia. Nosotros vivíamos a la vuelta, nunca fue a la casa nuestra. Una de mis tías vivía a dos cuadras, tampoco iba allí. No salía de la casa. No hablaba castellano. Pero no porque nadie se lo prohibiera ni porque mi abuelo la obligara ni nada por el estilo.

Mis abuelos eran originarios de Le Marche, de esa zona alrededor de Ancona, Loreto...

 Mi viejo militaba en la Unión del Magisterio...

Hay que tener en cuenta que el Sinter (Sindicato de trabajadores de la educación de Rosario), fue el pre Amsafé (Asociación del Magisterio de Santa Fe), apareció recién en la década del '60. Mi viejo en el '57 fue vocal del Consejo de Educación de la provincia, como representante gremial elegido en votación hecha en toda la provincia. Él siempre tuvo una vida de gremialista, compartiendo la actividad con otros destacados docentes, por ejemplo, Rosa Ziperovich.

Hay que tener en cuenta que toda la década del '50 es la década del macartismo. Entonces para los compañeros de mi viejo, los de la escuela nocturna, los maestros, era un comunista inconfeso, yo recuerdo haberlos visto en mi casa en ocasión que mi viejo los invitó a comer un asado y decían "¿che, y la foto de Stalin dónde la tenés?".

Pero él nunca fue militante partidario...Uno de mis tíos, hermano de él era del partido, y la familia de mi vieja también... Pero él no.

Quizá desde, supongo, un ángulo antidogmático. Y también probablemente por rechazo al sectarismo. ....

En la década del '30, antes de la segunda guerra, el Partido Comunista, acá y en muchos otros lugares del mundo adquirió una gran importancia. Viene al caso lo que dijo Perón en el Congreso de enseñanza religiosa de 1953, que la clase obrera había estado sometida a 40 años de “envenenamiento marxista”.

Me acuerdo que mi viejo criticaba eso de “que no había que preocuparse por las cuestiones inmediatas porque la revolución ya está a las puertas” refiriéndose sobre todo a la actitud de algunos militantes allá por la década del 30.

Entre paréntesis, con el asunto de nuestras bodas de oro, con Nega dijimos "vamos a buscar las fotos que tenemos de ese momento"... Porque cuando nos afanaron, que dieron vuelta la casa, quedó todo desordenado: fotos, papeles, ropa... Y por ahí encontramos un paquete con las notas o tarjetas de felicitación del casamiento, lo abrimos y sacamos el primer telegrama que aparece "felicitación en nombre del comité provincial del Partido Comunista. Florindo Moretti" ¡La primera que encontramos!

Nos casamos en 1966. 

La primaria la hice en la Escuela Nº 90 Franklin Delano Roosevelt, calle Córdoba al 3800. 

Sí, se llamaba así, ahora cambió.

Somos dos hermanos. 

Y bueno, este relato indica por qué estar ahí en el '45, en la marcha de la victoria, era una cosa que involucraba a toda la familia directamente. Pero, por lo que me contaron, era un acontecimiento... en un país como el nuestro, con tantos inmigrantes...

Hay una anécdota muy linda que la cuenta la hermana mayor de Nega. Mi suegro manejaba una cortitrilla, una máquina de las que se usaban en aquella época para cosechar, a vapor.

Por ahí iba toda la familia porque también laburaban en la cosecha, en parte de la cosecha que se hacía a mano. Cuentan un montón de anécdotas y ella se acuerda de lo del día que se comunicó oficialmente que terminó la guerra.

Algún detalle por ahí se me escapa, creo que era una campana lo que tenían, o una bandera. Claro, no tenían reloj pulsera ni celular. Entonces mi cuñada, la hermana mayor de Nega, estaba en la chacra, “en las casas”, donde estaba con la madre trabajando en la cocina. Creo que era una bandera lo que se usaba al mediodía, para avisar que era la hora de cortar para ir a comer. Era inminente el fin de la guerra y mi suegro le había dicho que, si avisaban eso, hiciera señas con la bandera.

No sé si era por la radio o alguien del pueblo fue a avisar, estaban a la expectativa…Entonces levantaron el trabajo y se juntaron a festejar el fin de la guerra…

Sí, incluso aun sin estar en contacto con sus parientes que habían quedado allá… Porque muchos tenían lazos cortados, no tenían relación con la familia. Pero tenían parte de su vida allá.

Bueno, ese es el primer recuerdo que tengo de asociación a la política. Y después, del ’46. Enfrente de mi casa había una Unidad Básica. Gente que se reunía, creo que debe haber sido en las elecciones, las del 4 de febrero del ’46, festejando y nosotros mirando desde la puerta de enfrente. Y mi vieja diciendo que había que quedarse acá, tener cuidado.

Porque podía ser peligroso… no se sabía qué podía pasar, que hubiera un enfrentamiento –supongo yo - o represión frente a los festejos. Esos son los dos recuerdos que me quedan de esa época… los más antiguos digamos.

Mi viejo durante un tiempo no trabajó como maestro; pidió, o le ofrecieron, trabajar -en el ’48 o ’49 debe haber sido- en la revaluación general inmobiliaria. Durante el gobierno de Perón hubo un lema que era “catastro más revaluación igual justicia”. Eso lo tengo muy grabado porque a su vez, rememorándolo desde mi profesión, lo cuento muchas veces, agrimensura es una profesión muy vinculada al tema del catastro.

En aquella época, para presidir las mesas electorales, para hacer catastros, para hacer censos, se recurría a los maestros. Era el sector con una llamemos -me invento yo el término– policultura, que podía relacionar unas cosas con otras y con las personas, que, además, eran muchos, un número importante de gente. Sí, que podía relacionar personas de un nivel con personas de otro nivel. Entender a un analfabeto como a un intelectual.

Mi viejo estuvo trabajando en eso. Porque a su vez él tuvo problemas por su negativa…era obligatoria la afiliación al Partido Peronista y mi viejo no se quiso afiliar. Él rindió concurso para director, entró en el escalafón, pero nunca lo nombraron. Porque para que se efectivizara la designación tenía que presentar la ficha.

Tengo la comunicación donde le indican que debe presentarse para ser nombrado y debe acudir con la constancia de la respectiva Unidad Básica.

Mi vieja la terminó presentando, creo que por madre, es más, madre judía ¿Qué quiero decir con esto? Con el pragmatismo…beneficiar a la familia.

Ella había estado diecisiete años ad-honorem como dentista municipal dedicación parcial, no la nombraban, entonces llegó un momento que dijo “bueno, presento y ya”. Y eso generó en un momento en alguna reunión de familia ampliada, en navidad, alguna discusión “sí, pero yo nunca me afilié como vos”.

Y claro, la familia tenía varias vinculaciones. Por el lado de mi viejo, mi tía esa que iba a Puerto San Martín, el esposo que era ferroviario – murió antes de que yo naciera - pero ahí habían quedado contactos. Mis primos estuvieron en la Federación Juvenil Comunista (la Fede), y mi prima se casó con un hijo de un empresario metalúrgico que era aparato encubierto del PC, del grupo de Gelbard, de los que lo formaron a Gelbard –mucho después en 1973, Gelbard fue ministro de Economía de Perón– y aquel empresario era presidente de la Federación Gremial del Comercio y la Industria de Rosario y presidente de la Comisión de Amigos del Cardenal, de Caggiano. Así que había una mezcla ahí…

Cuando iba a la primaria yo iba a clase de Moral. No iba a religión, iba a moral, la clase daba una de mis tías, la menor, era maestra en mi escuela; de los grados salíamos en la hora de religión los que íbamos a moral y nos juntábamos en una de las aulas…

Éramos pocos, juntábamos menos que un grado entre los de todos los grados. No me acuerdo bien, pero la sensación que tengo es de diez o quince chicos en una escuela que tenía todos los grados.

No recuerdo que para mí haya sido fruto de una decisión. Lo tengo más como algo que no podía ser de otra manera.

No recuerdo en ningún momento ni que yo haya preguntado, pero tampoco que me hayan dicho. Era un hecho natural, incluso la maestra de moral era mi tía.

En mi casa no había ninguna actividad religiosa ni yo era bautizado ni iba a la iglesia nadie… Así que era lo lógico.

En absoluto hubo conflicto con compañeros. En ese sentido no recuerdo ninguna…Es más, diría que las cosas eran medio confundidas. Recuerdo un día que yo me quedé, no sé si porque la clase de moral ese día no se podía hacer, en la clase de religión y por ahí quise contestar una pregunta. La clase de religión la daba la misma maestra del grado.

No iba un cura. Por eso tampoco tenía un carácter tan especial…

Vivíamos en Avellaneda y Córdoba, a dos cuadras de la escuela. En esa época los pibes íbamos solos a la escuela, no recuerdo que mis viejos me hayan llevado. Supongo que en primero infantil me habrán llevado los primeros días, pero después íbamos todos los pibes juntos y volvíamos juntos. El policía que estaba en la esquina y que se paraba en la puerta de la escuela todos los días cuando salíamos, era el suegro de mi primo que vivía tres cuadras más allá.

En verano jugábamos al fútbol como seis horas por día, desde las 2 de la tarde hasta que se ocultaba el sol. En un terreno que ahora está ocupado por la estación de servicio que está en la esquina de Avellaneda y Córdoba. La estación de servicio estaba, pero era muchísimo más chica, e inmediata a la estación había una franja que había sido ferrocarril. En esa franja ahí jugábamos. No jugábamos al fútbol, jugábamos a la pelota.

En invierno no lo tengo tan claro, pero en verano era desde después de comer hasta que se ocultaba el sol. Por ahí les digo a mis nietos, que cada tanto tienen una pelota nueva, que en ese entonces comprar una pelota requería hacer una rifa para juntar la plata, salíamos a vender por todo el barrio y con eso se lograba comprar una pelota. Era un acontecimiento del grupo. Pelota individual lo que se dice “el gordito de la pelota”, era un caso especial que alguien la tuviera como propiedad privada. Pelota digamos formal, no una pelota hecha con trapo o con cosas…

En la secundaria fui al Politécnico.

Digamos que nunca estuvo en discusión porqué al poli.

 Pienso…primero la época, yo entré en el ’52, era época de desarrollo industrial, de construcción, del Plan Evita, mi primo era técnico constructor, el otro primo político ingeniero civil. Creo que siempre el tema matemáticas, física, me gustaba. No porque no me gustaran otras cosas, pero me gustaba. Entre las alternativas estaba el bachillerato -Nacional 1, Nacional 2- eso era ni fu ni fa, no era nada, … Salías para poder entrar a la universidad nada más.

Otra era o el magisterio, en el Normal 3 para varones, o el Superior de Comercio. Eran las cuatro opciones. Mi hermano también fue al Politécnico.

Había otras escuelas técnicas sí, pero el Politécnico era… como es ahora, el de más prestigio. Estaba el Industrial 4, el de técnico constructor que estaba en calle Corrientes, había varios industriales, de química, de construcción, de mecánica. Fueron escuelas que en esa época crecieron. Pero en esa época el más importante era el Industrial, se llamaba así, Escuela Industrial Superior de la Nación.

Iba en tranvía, en el 16, que pasaba frente a mi casa, cuarenta y cinco minutos….

Teníamos clase los sábados. Ahí fui también a moral –Ética y Moral se llamaba- y en esa materia llegamos a tener clase los sábados a la tarde.

Los horarios de clase eran desde la mañana temprano y algunas tardes. Algunas tardes, no todas. Y no como tienen ahora todo corrido. En esa época el almuerzo era ineludible…pero no sonaba como nada especial o nada raro ir y volver. Y el sábado tampoco sonaba como nada especial. Era la época en que recién, hacía no mucho, se había hecho la conquista del sábado inglés, el sábado se trabajaba medio día. Así que no sonaba tampoco raro…

Antes, durante la primaria, recuerdo la marcha de Pérez-Rosario de 1950. Esa marcha pasó por la esquina de mi casa, por calle Córdoba; era para que no se mandaran soldados a la guerra de Corea.

Yo tenía once años. Esa me acuerdo haberla visto. Lo de la guerra de Corea era también una cuestión muy importante. Perón había dicho “se hará lo que el pueblo quiera”, finalmente no se enviaron tropas.

Era la época de plena guerra fría, de macartismo, eran temas que… Por lo menos en una ciudad como Rosario creo que de un modo u otro abarcaban a la mayoría de la población.

 Digo la mayoría porque habría sectores que quizá no, pero no había una gran cantidad de población totalmente ajena a los hechos internacionales.

Además, con mucha vinculación con Europa, creo que entonces predominaba una cultura bastante cosmopolita, con un pensamiento que abarcaba al menos gran parte del mundo, para peor, para mejor, de derecha, de izquierda, fascista, antifascista. Si quiero comparar, creo que ahora hay una parte de la población prácticamente excluida del sistema, a la que los temas mundiales le son bastante ajenos, apenas si está en el tema del día, el de la supervivencia.

La gran mayoría de la población eran trabajadores o burgueses. Yo siempre lo dije, Rosario no era una ciudad con oligarquía terrateniente, un detalle no menor es que ni siquiera había sido fundada.

Claro, no solo por la tradición, sino porque el que lograba hacerse rico acá, casi seguro se iba a vivir a Buenos Aires o a Europa (ahora a Puerto Madero).

Hoy hay otra parte de la población que tiene origen en la migración interna, que no tiene esa relación con Europa, con el mundo, en su historia personal, familiar.

Ahí estaba muy presente el poblamiento inmigratorio de origen europeo.

Claro, en la década del ’50, gran parte de los inmigrantes no eran solo los abuelos, en muchos de los casos eran los padres.

Después de la segunda guerra, en el ’48, hubo una oleada también muy grande, sobre todo de italianos. Estaban los italianos del otro siglo, después los italianos de principios de siglo y después los italianos de la segunda guerra.

En ese entonces fue la marcha Pérez-Rosario, creo que, entre otras cosas, eso influyó para que hubiera tanta gente preocupada por ese tema de mandar soldados argentinos a la guerra. Porque la guerra tenía un significado bastante próximo. Había terminado la segunda guerra hacía cinco años. Hacía cinco años que se había festejado el fin de la guerra ¿y ahora mandar de acá? Esa manifestación la vi pasar por la esquina de mi casa. Porque por otra parte esa era una esquina donde Avellaneda era el último bulevar, era casi que empezaba, no tan marcado, pero empezaba otra ciudad. Las cloacas llegaban hasta Avellaneda, y Córdoba era la arteria por excelencia de la ciudad de Rosario. Después en el ’55 también ese cruce fue… Tengo recuerdos también de ahí muy vívidos por las manifestaciones en el ’55 después de la caída de Perón.

Manifestaciones muy grandes. Ahí ya estaba la migración interna, ya había una población proveniente del interior del país, incluso de países vecinos, lo que el diputado radical Sammartino, en 1947, llamó el “aluvión zoológico”. Y recuerdo una escena que la tengo muy grabada.

En el medio de la calle, el que vivía a media cuadra, que había sido guardabarrera ferroviario, vivía en la casa que era del ferrocarril, había puesto una unidad básica, enfrentó a las tropas, a los gritos abrirse la camisa y decir “tiren, hijos de puta, acá estamos los peronistas”, soldados, pobres, que eran colimbas.

Me acuerdo haber ido a la unidad básica cuando en la escuela nos decían que fuéramos a buscar folletos para sacar datos para hacer la composición sobre el Plan Evita.

En el 55 fueron días y días de manifestaciones, todas las de zona oeste pasaban por Avellaneda y Córdoba. En una de esas llegaron tropas a bajarse de los camiones, formarse ahí, este tipo ponerse ahí para desahogarse…

Cabe la pregunta ¿las tropas qué hacían? ¿Reprimían?

Ahí no vi represión, trataban de contener, amedrentar. Se formaban para amedrentar. Pero en ningún caso vi que llegaran a la represión.

 

 

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