Muchas veces me he preguntado sobre lo interesante que hubiera sido poder conversar con mis abuelos sobre su época y su vida; quizá este relato sirva a mis nietos para algo de ese tipo, ellos son los principales destinatarios.
Para que este relato sea posible fueron claves los interrogantes y comentarios de Patricia Propersi y Gustavo Guevara, a quienes agradezco que me hayan brindado esta posibilidad.
La base de este relato son
grabaciones realizadas en el año 2015.
Seguro hay desorden y repeticiones,
pero es como fueron surgiendo; prefiero que sigan así antes que rehacerlo todo.
1ra. Etapa hasta 1954
2da. Etapa hasta 1975
3ra. Etapa hasta 1990
4ta. Etapa hasta
2015
Nací en 1939.
Una
etapa es hasta los quince años. Hasta la incorporación a la vida política o a
la actividad política, mejor dicho.
De
ahí habría, se me ocurre, otra etapa hasta el ’75, que es la de la militancia
más intensa.
Después una etapa oscura desde el punto de vista de lo que es la militancia. Quedé fuera de la actividad partidaria y casi inmediatamente se produjo la dictadura; quedé aislado. Mi relación con la actividad política en ese período fue muy escasa.
Eso,
por un lado, y por el otro se dio que, en ese mismo período, del ’75 al ’90 digamos,
mi actividad laboral estuvo centrada en la construcción y/o monitoreo de grandes
obras, en diversos lugares del país.
El
contacto con la vida política era mucho más condicionado, por la dictadura y
por la actividad laboral.
Después, sería a partir del ’90, fue cuando entré a un cargo de dedicación exclusiva en la universidad, esa es otra etapa. Pude, muy rápidamente, encausar mi relación con la política a través de la actividad en la universidad. Por lo menos como las veo yo serían esas etapas…
1er. ETAPA
Nací en el 1939, en Rosario.
Mis viejos ya vivían en
Avellaneda 814, donde vive mi hija mayor ahora. Y el primer recuerdo que tengo,
vinculado a la política, es el del fin de la segunda guerra mundial, la Marcha
de la Victoria.
Tengo el recuerdo de ir
de la mano de mi madre… supongo que debe haber sido por calle Córdoba, que en
esa época no era peatonal y era la calle de las manifestaciones. Haber ido de
la mano de mi vieja, tenía seis años, era edad de tener recuerdos. Esa es la
imagen que tengo como primera manifestación en la que participé.
La marcha fue la
celebración por el fin de la guerra...
Mi vieja no fue
militante, aunque siempre estuvo vinculada... Hay toda una
historia de familia tanto por el lado de mi vieja como por el lado de mi viejo.
Mi abuela materna era rusa, de Crimea, y mi vieja había nacido en Bakú,
hoy capital de Azerbaiyan, que, en aquel entonces, pertenecía al imperio ruso,
vino acá cuando tenía siete años. Mi abuelo materno, Constantino Pichakchy,
murió en la cárcel en Siberia.
Mi abuela, cuando me lo
contó, estaba semi impedida, había tenido fractura de fémur y entonces, en una
escena de esas que son casi de película o de telenovela, me llamó y me hizo
sentar en la cama. No sé cuánto habré tenido, catorce o quince años, y me contó
la historia, que por otra parte para entenderla hay que remontarse a esa época,
porque si no, a la luz de hoy es medio difícil entender que era una historia
que no se contaba. Era contar algo muy privado.
Sí, Rusia, cárcel...
Pero más que por el asunto de cárcel era por el aspecto político, el macartismo,
la ley para inmigrantes, etc.
La ley de residencia se
ponía en juego en Argentina a principios del siglo XX. Mi vieja estaba
inscripta como nacida acá y no comentaba que ella era rusa; rusa en aquel
entonces, hoy sería de familia materna ucraniana, o tampoco, porque en realidad
eran más precisamente de Crimea, frente al mar Negro.
Entonces mi abuela me
contó la historia. Ella era partera, había tenido que ir a estudiar a Polonia,
porque en Rusia las mujeres no podían estudiar. Y no sé, eso creo que no me lo
contó, cómo conoció a su pareja, mi abuelo, que era griego.
Hace poco estuve
averiguando, porque
tenemos ganas de viajar ahora en marzo y queremos hacer una escapada hasta
Grecia. Estuve viendo que el mar Negro está
al sur Crimea y al norte de Turquía. La distancia es trescientos y pico de kilómetros, no es tanta.
Un griego que era
militante o vinculado al Partido Obrero Socialdemócrata Ruso. Ellos se fueron a
vivir a Azerbaiyán, al puerto más famoso, como es Bakú. No sé por qué fueron a
vivir ahí y allí lo metieron preso.
Según lo que me dijo mi
abuela por tener encima los bonos o documentos de recolección de fondos para el
Partido Obrero Socialdemócrata Ruso. Eso tenía que ser en 1906 o 1907, era
cuando mi abuela estaba embarazada. Mi vieja nació en junio de 1907, no lo conoció
al padre.
Y tampoco sé, no recuerdo
si me lo contó o no, cómo supo de la muerte de Constantino, si le comunicaron
de alguna manera los compañeros o el mismo gobierno… la cuestión es que lo
llevaron a la cárcel de Siberia y nunca más lo vio.
Se sabe que murió, sí,
murió en la cárcel; por lo menos mi abuela eso es lo que me dijo.
Ella emigró en 1913,
seis o siete años después. Me dijo "si yo hubiera sabido que cuatro años
después iba a ser la revolución no me iba...".
Ella tenía acá por lo
menos dos hermanos y era esa cuestión clásica de la cadena, los que emigran van
llamando...vino en el '13, con mi vieja de seis años.
Las dos, y vino acá a
Rosario. Aquí se casó con un ruso, por lo que mi segundo apellido es
Wischnivesky, porque mi vieja está inscripta como hija de José Wischnivesky
nacida en Argentina.
Vivieron casi siempre
acá, en Rosario. Por ahí, al principio, se instalaron en Moisés Ville. Eso me
contó alguna vez mi vieja… El esposo de mi abuela era recibidor de cereales,
intentó poner una fábrica de manteca, pero se fundieron los ahorros y se
volvieron... Él murió –yo no lo conocí tampoco- mucho antes de que yo naciera.
Entonces por el lado de
mi vieja el origen es una familia judía, con la excepción del que había sido su
verdadero padre.
Fui a averiguar en la
sociedad helénica, hablé con uno de sus integrantes diciéndole que quería
viajar a Grecia porque mi abuelo...me dice "¿qué apellido?", le digo
"Pichakchy", nombre Constantino. Y dijo "no, entonces es de Asia
Menor, lo que pasa es que eso fue parte de Grecia, pero hoy es Turquía.”
Busqué datos y encontré
que los últimos griegos que echaron de Asia Menor, de Anatolia, fue en 1923.
Así que no sé cómo era la historia esa, si a él lo habían echado de lo que hoy
es Turquía…..
Una tía, hermana de mi
vieja, en el período ese de la década del '40, hasta el '45, estuvo seis meses
presa en el Buen Pastor, que era la cárcel de mujeres. El esposo de ella era
entrerriano, vino acá a estudiar Medicina y lo expulsaron de la universidad en
la década del '30, en la del 40 estuvo dos años preso, junto con el que después
fue intendente, Cándido Carballo, del '43 al '45. Así que el festejo ese del
fin de la guerra era el acontecimiento mundial y era también algo directamente
ligada a la historia de la familia.
Ese tío venía de los
gauchos judíos de Entre Ríos, del centro de Entre Ríos: Domínguez, Villaguay,
Basavilbaso; un tío de él era precursor de las cooperativas… Sájaro.
Si se busca, en
cooperativas entrerrianas, aparece como uno de los pioneros de las cooperativas
agrícolas.
Por ese lado una
familia vinculada a la historia de Rusia, y de la Unión Soviética; por eso
estaba mi vieja ahí, en la marcha de la victoria. Y del lado de mi viejo la
historia es distinta. Mi viejo era gremialista docente, era maestro; en la
familia de mi viejo eran seis hermanos, de los cuales cuatro eran maestros, dos
mujeres y dos varones. Vinieron tres de Italia y tres nacieron acá. Había un
séptimo que murió de muy chico. Una de mis tías, que era maestra en Puerto San
Martín, en Bella Vista, cerca de Puerto San Martín, vivía en Santa Fe y
Avellaneda y se tomaba el tranvía hasta Plaza Sarmiento, ahí tomaba el ómnibus
hasta Puerto San Martín y en Puerto San Martín la iban a buscar en sulquy para
ir a la escuela... Y hacía eso todos los días.
Mi viejo fue maestro en
San Lorenzo, cuando el camino era de tierra, si llovía se tenía que quedar a
dormir. Mi viejo fue maestro toda la vida, intentó estudiar Derecho, pero nunca
supe por qué no pudo hacerlo... Supongo que por razones económicas. Pero
siempre fue maestro y trabajaba diurno y nocturno. Y mi vieja era dentista.
Por eso yo no tengo
miedo frente al dentista, estaba acostumbrado a jugar con el torno que, dicho
sea de paso, era distinto al torno actual.
Odontología era una
carrera dentro de la facultad de Medicina. Mi vieja fue de las primeras mujeres
odontólogas. En la época en que, por ejemplo, las clases de anatomía, salvo las
de cuello y cabeza, se daban por separado para varones y mujeres.
Una vez, viendo fotos
le digo "escuchame, vieja, ¿por qué vos ibas a la facultad con
sombrero?". "¿Y cómo iba a ir sin sombrero?" me dice. Yo le
pregunté por qué y su respuesta fue dar vuelta la pregunta ¿cómo iba a ir sin
sombrero? Era lo obvio.
Mi viejo era
gremialista, no había un sindicato propiamente dicho, era la Unión del
Magisterio, el sector laicista, partidario de la ley 1420. Era de la época en
que los maestros no se decían o no se consideraban como trabajadores
estrictamente, tampoco eran reconocidos como profesionales, conceptualmente era
algo que estaba a mitad de camino entre una cosa y otra. Claro, no eran
trabajadores manuales. Y los que no eran trabajadores manuales, ¿quiénes eran?,
los profesionales. El maestro estaba en el medio, porque económicamente y
socialmente no era ni lo uno ni lo otro. Me acuerdo de una anécdota que
contaba, que alguien fue a ver a un diputado o a un gobernante para conseguir
laburo, para entrar en el ferrocarril, que no le dieron bola y entonces pidió
“no sé si me puede conseguir algo, aunque sea de director de escuela... ".
Todavía en aquella época había idóneos, no todos eran recibidos... Mis tías, mi
tío y mi viejo venían de una escuela muy buena, que era el normal de
Coronda.
En Coronda había una
escuela que era de las escuelas normales de nivel. Era de la época de las
Cossettini... Y bueno mi viejo estaba en la Unión del Magisterio.
Mi abuelo paterno era obrero
ferroviario, era italiano. Vino acá con tres hijos y tuvo acá otros tres. Mi
abuela, la esposa, era italiana y nunca habló una palabra de castellano. Vivía
en calle Rioja entre Avellaneda y Lavalle y nunca salía de su casa. Vestía de
negro, con pañuelo en la cabeza.
Era así por su origen,
campesino, la mujer para la casa, para tener los hijos y eso era toda su vida y
su fin en la existencia. Nosotros vivíamos a la vuelta, nunca fue a la casa
nuestra. Una de mis tías vivía a dos cuadras, tampoco iba allí. No salía de la
casa. No hablaba castellano. Pero no porque nadie se lo prohibiera ni porque mi
abuelo la obligara ni nada por el estilo.
Mis abuelos eran
originarios de Le Marche, de esa zona alrededor de Ancona, Loreto...
Mi viejo militaba en la Unión del
Magisterio...
Hay que tener en cuenta
que el Sinter (Sindicato de trabajadores de la educación de Rosario), fue el
pre Amsafé (Asociación del Magisterio de Santa Fe), apareció recién en la
década del '60. Mi viejo en el '57 fue vocal del Consejo de Educación de la
provincia, como representante gremial elegido en votación hecha en toda la
provincia. Él siempre tuvo una vida de gremialista, compartiendo la actividad
con otros destacados docentes, por ejemplo, Rosa Ziperovich.
Hay que tener en cuenta
que toda la década del '50 es la década del macartismo. Entonces para los
compañeros de mi viejo, los de la escuela nocturna, los maestros, era un
comunista inconfeso, yo recuerdo haberlos visto en mi casa en ocasión que mi
viejo los invitó a comer un asado y decían "¿che, y la foto de Stalin
dónde la tenés?".
Pero él nunca fue
militante partidario...Uno de mis tíos, hermano de él era del partido, y la
familia de mi vieja también... Pero él no.
Quizá desde, supongo,
un ángulo antidogmático. Y también probablemente por rechazo al sectarismo. ....
En la década del '30,
antes de la segunda guerra, el Partido Comunista, acá y en muchos otros lugares
del mundo adquirió una gran importancia. Viene al caso lo que dijo Perón en el
Congreso de enseñanza religiosa de 1953, que la clase obrera había estado
sometida a 40 años de “envenenamiento marxista”.
Me acuerdo que mi viejo
criticaba eso de “que no había que preocuparse por las cuestiones inmediatas
porque la revolución ya está a las puertas” refiriéndose sobre todo a la
actitud de algunos militantes allá por la década del 30.
Entre paréntesis, con
el asunto de nuestras bodas de oro, con Nega dijimos "vamos a buscar las
fotos que tenemos de ese momento"... Porque cuando nos afanaron, que dieron
vuelta la casa, quedó todo desordenado: fotos, papeles, ropa... Y por ahí
encontramos un paquete con las notas o tarjetas de felicitación del casamiento,
lo abrimos y sacamos el primer telegrama que aparece "felicitación en
nombre del comité provincial del Partido Comunista. Florindo Moretti" ¡La
primera que encontramos!
Nos casamos en 1966.
La primaria la hice en
la Escuela Nº 90 Franklin Delano Roosevelt, calle Córdoba al 3800.
Sí, se llamaba así,
ahora cambió.
Somos dos hermanos.
Y bueno, este relato
indica por qué estar ahí en el '45, en la marcha de la victoria, era una cosa
que involucraba a toda la familia directamente. Pero, por lo que me contaron,
era un acontecimiento... en un país como el nuestro, con tantos inmigrantes...
Hay una anécdota muy
linda que la cuenta la hermana mayor de Nega. Mi suegro manejaba una
cortitrilla, una máquina de las que se usaban en aquella época para cosechar, a
vapor.
Por ahí iba toda la
familia porque también laburaban en la cosecha, en parte de la cosecha que se
hacía a mano. Cuentan un montón de anécdotas y ella se acuerda de lo del día
que se comunicó oficialmente que terminó la guerra.
Algún detalle por ahí
se me escapa, creo que era una campana lo que tenían, o una bandera. Claro, no
tenían reloj pulsera ni celular. Entonces mi cuñada, la hermana mayor de Nega,
estaba en la chacra, “en las casas”, donde estaba con la madre trabajando en la
cocina. Creo que era una bandera lo que se usaba al mediodía, para avisar que
era la hora de cortar para ir a comer. Era inminente el fin de la guerra y mi
suegro le había dicho que, si avisaban eso, hiciera señas con la bandera.
No sé si era por la
radio o alguien del pueblo fue a avisar, estaban a la expectativa…Entonces
levantaron el trabajo y se juntaron a festejar el fin de la guerra…
Sí, incluso aun sin
estar en contacto con sus parientes que habían quedado allá… Porque muchos
tenían lazos cortados, no tenían relación con la familia. Pero tenían parte de
su vida allá.
Bueno, ese es el primer
recuerdo que tengo de asociación a la política. Y después, del ’46. Enfrente de
mi casa había una Unidad Básica. Gente que se reunía, creo que debe haber sido
en las elecciones, las del 4 de febrero del ’46, festejando y nosotros mirando
desde la puerta de enfrente. Y mi vieja diciendo que había que quedarse acá,
tener cuidado.
Porque podía ser
peligroso… no se sabía qué podía pasar, que hubiera un enfrentamiento –supongo
yo - o represión frente a los festejos. Esos son los dos recuerdos que me
quedan de esa época… los más antiguos digamos.
Mi viejo durante un
tiempo no trabajó como maestro; pidió, o le ofrecieron, trabajar -en el ’48 o
’49 debe haber sido- en la revaluación general inmobiliaria. Durante el
gobierno de Perón hubo un lema que era “catastro más revaluación igual
justicia”. Eso lo tengo muy grabado porque a su vez, rememorándolo desde mi
profesión, lo cuento muchas veces, agrimensura es una profesión muy vinculada
al tema del catastro.
En aquella época, para
presidir las mesas electorales, para hacer catastros, para hacer censos, se
recurría a los maestros. Era el sector con una llamemos -me invento yo el
término– policultura, que podía relacionar unas cosas con otras y con las
personas, que, además, eran muchos, un número importante de gente. Sí, que
podía relacionar personas de un nivel con personas de otro nivel. Entender a un
analfabeto como a un intelectual.
Mi viejo estuvo
trabajando en eso. Porque a su vez él tuvo problemas por su negativa…era
obligatoria la afiliación al Partido Peronista y mi viejo no se quiso afiliar.
Él rindió concurso para director, entró en el escalafón, pero nunca lo
nombraron. Porque para que se efectivizara la designación tenía que presentar
la ficha.
Tengo la comunicación
donde le indican que debe presentarse para ser nombrado y debe acudir con la
constancia de la respectiva Unidad Básica.
Mi vieja la terminó
presentando, creo que por madre, es más, madre judía ¿Qué quiero decir con
esto? Con el pragmatismo…beneficiar a la familia.
Ella había estado
diecisiete años ad-honorem como
dentista municipal dedicación parcial, no la nombraban, entonces llegó un
momento que dijo “bueno, presento y ya”. Y eso generó en un momento en alguna
reunión de familia ampliada, en navidad, alguna discusión “sí, pero yo nunca me
afilié como vos”.
Y claro, la familia
tenía varias vinculaciones. Por el lado de mi viejo, mi tía esa que iba a
Puerto San Martín, el esposo que era ferroviario – murió antes de que yo
naciera - pero ahí habían quedado contactos. Mis primos estuvieron en la
Federación Juvenil Comunista (la Fede), y mi prima se casó con un hijo de un
empresario metalúrgico que era aparato encubierto del PC, del grupo de Gelbard,
de los que lo formaron a Gelbard –mucho después en 1973, Gelbard fue ministro
de Economía de Perón– y aquel empresario era presidente de la Federación
Gremial del Comercio y la Industria de Rosario y presidente de la Comisión de
Amigos del Cardenal, de Caggiano. Así que había una mezcla ahí…
Cuando iba a la
primaria yo iba a clase de Moral. No iba a religión, iba a moral, la clase la daba
una de mis tías, la menor, era maestra en mi escuela; de los grados salíamos en
la hora de religión los que íbamos a moral y nos juntábamos en una de las
aulas…
Éramos pocos,
juntábamos menos que un grado entre los de todos los grados. No me acuerdo
bien, pero la sensación que tengo es de diez o quince chicos en una escuela que
tenía todos los grados.
No recuerdo que para mí
haya sido fruto de una decisión. Lo tengo más como algo que no podía ser de
otra manera.
No recuerdo en ningún
momento ni que yo haya preguntado, pero tampoco que me hayan dicho. Era un
hecho natural, incluso la maestra de moral era mi tía.
En mi casa no había
ninguna actividad religiosa ni yo era bautizado ni iba a la iglesia nadie… Así
que era lo lógico.
En absoluto hubo
conflicto con compañeros. En ese sentido no recuerdo ninguna…Es más, diría que
las cosas eran medio confundidas. Recuerdo un día que yo me quedé, no sé si
porque la clase de moral ese día no se podía hacer, en la clase de religión y
por ahí quise contestar una pregunta. La clase de religión la daba la misma
maestra del grado.
No iba un cura. Por eso
tampoco tenía un carácter tan especial…
Vivíamos en Avellaneda y Córdoba, a dos cuadras de la escuela. En esa época
los pibes íbamos solos a la escuela, no recuerdo que mis viejos me hayan
llevado. Supongo que en primero infantil me habrán llevado los primeros días,
pero después íbamos todos los pibes juntos y volvíamos juntos. El policía que
estaba en la esquina y que se paraba en la puerta de la escuela todos los días cuando
salíamos, era el suegro de mi primo que vivía tres cuadras más allá.
En verano jugábamos al
fútbol como seis horas por día, desde las 2 de la tarde hasta que se ocultaba
el sol. En un terreno que ahora está ocupado por la estación de servicio que
está en la esquina de Avellaneda y Córdoba. La estación de servicio estaba,
pero era muchísimo más chica, e inmediata a la estación había una franja que
había sido ferrocarril. En esa franja ahí jugábamos. No jugábamos al fútbol,
jugábamos a la pelota.
En invierno no lo tengo
tan claro, pero en verano era desde después de comer hasta que se ocultaba el
sol. Por ahí les digo a mis nietos, que cada tanto tienen una pelota nueva, que
en ese entonces comprar una pelota requería hacer una rifa para juntar la plata,
salíamos a vender por todo el barrio y con eso se lograba comprar una pelota.
Era un acontecimiento del grupo. Pelota individual lo que se dice “el gordito
de la pelota”, era un caso especial que alguien la tuviera como propiedad privada.
Pelota digamos formal, no una pelota hecha con trapo o con cosas…
En la secundaria fui al
Politécnico.
Digamos que nunca
estuvo en discusión porqué al poli.
Pienso…primero la época, yo entré en el ’52,
era época de desarrollo industrial, de construcción, del Plan Evita, mi primo
era técnico constructor, el otro primo político ingeniero civil. Creo que
siempre el tema matemáticas, física, me gustaba. No porque no me gustaran otras
cosas, pero me gustaba. Entre las alternativas estaba el bachillerato -Nacional
1, Nacional 2- eso era ni fu ni fa, no era nada, … Salías para poder entrar a
la universidad nada más.
Otra era o el
magisterio, en el Normal 3 para varones, o el Superior de Comercio. Eran las cuatro
opciones. Mi hermano también fue al Politécnico.
Había otras escuelas
técnicas sí, pero el Politécnico era… como es ahora, el de más prestigio.
Estaba el Industrial 4, el de técnico constructor que estaba en calle
Corrientes, había varios industriales, de química, de construcción, de
mecánica. Fueron escuelas que en esa época crecieron. Pero en esa época el más
importante era el Industrial, se llamaba así, Escuela Industrial Superior de la
Nación.
Iba en tranvía, en el
16, que pasaba frente a mi casa, cuarenta y cinco minutos….
Teníamos clase los
sábados. Ahí fui también a moral –Ética y Moral se llamaba- y en esa materia
llegamos a tener clase los sábados a la tarde.
Los horarios de clase eran
desde la mañana temprano y algunas tardes. Algunas tardes, no todas. Y no como
tienen ahora todo corrido. En esa época el almuerzo era ineludible…pero no
sonaba como nada especial o nada raro ir y volver. Y el sábado tampoco sonaba
como nada especial. Era la época en que recién, hacía no mucho, se había hecho
la conquista del sábado inglés, el sábado se trabajaba medio día. Así que no
sonaba tampoco raro…
Antes, durante la
primaria, recuerdo la marcha de Pérez-Rosario de 1950. Esa marcha pasó por la
esquina de mi casa, por calle Córdoba; era para que no se mandaran soldados a la
guerra de Corea.
Yo tenía once años. Esa
me acuerdo haberla visto. Lo de la guerra de Corea era también una cuestión muy
importante. Perón había dicho “se hará lo que el pueblo quiera”, finalmente no
se enviaron tropas.
Era la época de plena
guerra fría, de macartismo, eran temas que… Por lo menos en una ciudad como
Rosario creo que de un modo u otro abarcaban a la mayoría de la población.
Digo la mayoría porque habría sectores que
quizá no, pero no había una gran cantidad de población totalmente ajena a los
hechos internacionales.
Además, con mucha
vinculación con Europa, creo que entonces predominaba una cultura bastante
cosmopolita, con un pensamiento que abarcaba al menos gran parte del mundo,
para peor, para mejor, de derecha, de izquierda, fascista, antifascista. Si
quiero comparar, creo que ahora hay una parte de la población prácticamente excluida
del sistema, a la que los temas mundiales le son bastante ajenos, apenas si
está en el tema del día, el de la supervivencia.
La gran mayoría de la
población eran trabajadores o burgueses. Yo siempre lo dije, Rosario no era una
ciudad con oligarquía terrateniente, un detalle no menor es que ni siquiera
había sido fundada.
Claro, no solo por la
tradición, sino porque el que lograba hacerse rico acá, casi seguro se iba a
vivir a Buenos Aires o a Europa (ahora a Puerto Madero).
Hoy hay otra parte de
la población que tiene origen en la migración interna, que no tiene esa
relación con Europa, con el mundo, en su historia personal, familiar.
Ahí estaba muy presente
el poblamiento inmigratorio de origen europeo.
Claro, en la década del
’50, gran parte de los inmigrantes no eran solo los abuelos, en muchos de los
casos eran los padres.
Después de la segunda
guerra, en el ’48, hubo una oleada también muy grande, sobre todo de italianos.
Estaban los italianos del otro siglo, después los italianos de principios de
siglo y después los italianos de la segunda guerra.
En ese entonces fue la
marcha Pérez-Rosario, creo que, entre otras cosas, eso influyó para que hubiera
tanta gente preocupada por ese tema de mandar soldados argentinos a la guerra.
Porque la guerra tenía un significado bastante próximo. Había terminado la
segunda guerra hacía cinco años. Hacía cinco años que se había festejado el fin
de la guerra ¿y ahora mandar de acá? Esa manifestación la vi pasar por la
esquina de mi casa. Porque por otra parte esa era una esquina donde Avellaneda
era el último bulevar, era casi que empezaba, no tan marcado, pero empezaba
otra ciudad. Las cloacas llegaban hasta Avellaneda, y Córdoba era la arteria
por excelencia de la ciudad de Rosario. Después en el ’55 también ese cruce
fue… Tengo recuerdos también de ahí muy vívidos por las manifestaciones en el
’55 después de la caída de Perón.
Manifestaciones muy
grandes. Ahí ya estaba la migración interna, ya había una población proveniente
del interior del país, incluso de países vecinos, lo que el diputado radical
Sammartino, en 1947, llamó el “aluvión zoológico”. Y recuerdo una escena que la
tengo muy grabada.
En el medio de la
calle, el que vivía a media cuadra, que había sido guardabarrera ferroviario, vivía
en la casa que era del ferrocarril, había puesto una unidad básica, enfrentó a
las tropas, a los gritos abrirse la camisa, mostrar el pecho y decir “tiren, hijos de puta, acá
estamos los peronistas”, frente a soldados, pobres, que eran colimbas.
Me acuerdo haber ido a
la unidad básica cuando en la escuela nos decían que fuéramos a buscar folletos
para sacar datos para hacer la composición sobre el Plan Evita.
En el 55 fueron días y
días de manifestaciones, todas las de zona oeste pasaban por Avellaneda y
Córdoba. En una de esas llegaron tropas a bajarse de los camiones, formarse
ahí, este tipo ponerse ahí para desahogarse…
Cabe la pregunta ¿las
tropas qué hacían? ¿Reprimían?
Ahí no vi represión,
trataban de contener, amedrentar. Se formaban para amedrentar. Pero en ningún
caso vi que llegaran a la represión.
2da. ETAPA
En el ’55 ya estaba en
la Juventud Comunista, me afilié en el ’54, quince años.
Por eso es hasta los
quince la primera etapa.
Estaba en tercer año de
la escuela.
En el 54 me metieron
preso. Eso lo cuento a propósito porque resulta inentendible a la luz de la
actualidad… “¿por qué te metieron preso?”, “porque fui a ver una película
china”.
No se permitía
proyectar una película china o una película rusa. Era un acto subversivo, había
que hacerlo clandestinamente. Recuerdo que uno de los que nos detuvo era
Monzón, que un año más tarde fue uno de los asesinos de Ingalinella. Era la
represión del comunismo. La comisión que nos fue a detener no eran policías del
barrio, no era el suegro de mi primo que estaba a la salida de la escuela, eran
de leyes especiales, no usaban uniforme policial, eran especialistas en la
represión política.
Recientemente publicó un libro
Osvaldo Aguirre sobre Juan Ingalinella; lo estaba leyendo justo ahora.
Cuando adolescente iba
al cine. Sí, antes el cine era… bueno no había televisión. El cine era uno de
los esparcimientos para esa edad quizá el más importante, junto con jugar a la
pelota. También algo jugué al tenis criollo, a la vuelta de mi casa en el club Atlantic
Sportmen.
En mi barrio estaba el
cine Echesortu, donde ahora está el Coto, en la calle Mendoza al 3900.
Los sábados a la tarde
eran las funciones llamadas matiné y cuando ibas estabas en el cine tres horas
o tres horas y media, dos o tres películas.
De más pequeño iba al
Heraldo a ver dibujitos, en calle San Martín. Eso de vez en cuando, no todas
las semanas. Era casi como un premio, no era algo común. Era un festejo, o un
privilegio. Mis viejos no tenían auto y en taxi viajábamos solo una vez por
año, para ir de vacaciones, para ir a tomar el ómnibus, había que llevar
valijas.
Íbamos con González,
taxista que vivía a la vuelta de mi casa, que tenía un auto grande, con transportín
o algo así, con dos asientos en la parte trasera que se daban vuelta y entraban
cuatro personas con las valijas, todo atrás.
A Córdoba, a las
sierras. Sobre todo mi vieja, era muy cuidadosa con la economía… de pibes, mi
hermano y yo íbamos todos los días a la verdulería de enfrente a buscar las verduras
sobrantes que servían para alimentar a los conejos. Guardábamos todos los
papeles de descarte y después había que llevarlos a la papelera, en bicicleta,
para vender la bolsa de papeles. No estábamos viviendo mal, pero el ahorro era
un principio esencial.
En mi casa se criaban
gallinas, conejos, palomas.
A mi viejo le gustaban
mucho los animales y tuvo todo tipo de animales: pato sirirí, gallito de agua,
tortuga, perro, gato y muchos otros, no todos simultáneamente, por supuesto.
El amor por los caballos
viene de mi viejo. cuando íbamos a Córdoba parte de la rutina era alquilar
caballos y salir a andar. También de lo que me contaba mi viejo de cuando él
era pibe, por ejemplo, que mi abuelo había tenido un parejero.
Una de mis tías contaba
que, a veces, mi abuelo salía en el parejero el sábado y volvía el domingo.
Abuelos en realidad la
única que tuve fue mi abuela rusa. Porque mi abuela paterna, italiana, cero comunicación
y mi abuelo paterno, también italiano, en la época en que yo ya estaba en condiciones
de entender, decían que había perdido la memoria, era la expresión de esa
época, no sé si era lo que ahora se llama Alzheimer; era una persona con la
cual no podías tener una relación que podamos llamar normal.
Si andaba solo se
perdía o iba a mi casa y por ahí se llevaba mandarinas en el bolsillo, se las
llevaba a escondidas.
Me afilié al Partido
Comunista muy joven.
Me parece que era una
cosa que ya venía encausada… Si bien, en parte, era contradictoria con la
actitud de mi viejo y relativamente contradictoria con la de mi vieja, pero era
una opción si se quiere bastante lógica.
Había algunos factores
fuertes en el sentido contrario, por ejemplo el macartismo, el oscurantismo clerical.
Sin embargo, no solo de ese período, sino de ese período y posterior, gran
parte de la intelectualidad fue intensamente atraída por las ideas del
socialismo.
La Unión soviética fue
un foco de atracción inmenso….intelectuales de los más importantes del mundo y
entre los intelectuales de acá: Atahualpa Yupanqui…Mercedes Sosa, Ariel
Ramírez, artistas, como Inda Ledesma, Osvaldo Pugliese….
La Unión Soviética era
un polo de atracción poderosísimo. Era la imagen del heroísmo contra el
nazismo, de la posición contra el oscurantismo, de lo nuevo. Creo que era mucho
más eso que lo que era el Partido Comunista acá. De todos modos también el
Partido Comunista de la Argentina había tenido cosas rescatables.
Por ejemplo, la marcha
Pérez-Rosario, viví la lucha por la paz, contra el macartismo.
Indudablemente la más contradictoria
y oscura fue la de la Unión Democrática.
Creo que hubo una
atracción que ya se venía dando. Con la historia de mi abuela, con mi abuelo
muerto en la cárcel en Siberia, yo creo que eso era una atracción que solo hacía
falta que alguien me llamara…
Y ahí en la escuela…
Sí, ahí hice contacto con algunos… La primera vez que participé en un paro fue
cuando estaba en segundo año, en el año ’53.
Un paro por la cesantía
de dos profesores. No es que lo organicé ni nada por el estilo. Me invitó a
sumarme un compañero que estaba vinculado por su familia al PC y salimos a la
manifestación. El caso era el de dos profesores que los habían echado por
política, entiendo que lo hacían porque no querían firmar la afiliación al
peronismo.
Yo viví el período
posterior en que estaba prohibido ser peronista y viví la época anterior en que
era obligatorio ser peronista.
Después no recuerdo cómo,
me vinculé con Pedro y con Eduardo (omito los apellidos por razones prácticas, para
no tener que consultarlos), uno de ellos me invitó a ver la película que
mencioné antes, ambos estudiantes del Industrial.
Cada uno de ellos
pertenecía a familias que estaban vinculadas al PC.
Sí, en ese grupo que
fuimos presos en el ’54 éramos casi todos estudiantes secundarios. Uno de ellos
era hijo de Rosa Ziperovich.
Nos metieron presos por
estar viendo una película china “La niña de los cabellos blancos”. Uno de los
que la estaba proyectando fue secretario de cultura municipal mucho después,
cuando Binner era intendente, era artista.
Le hicieron una vez un
homenaje…al que asistí y cuando salimos le digo “vos no te acordás de mí, pero
yo te conozco hace mucho”.
Me dice “¿de dónde?”.
“Yo te voy a decir el nombre de una película y con eso te vas a dar cuenta…”.
“¿Qué película?”. “La niña de los cabellos blancos”. “¡No me hagas acordar!”.
Él no era menor, estuvo preso tres meses por proyectar una película china.
A los que éramos
menores nos largaron a las 3 de la mañana, previa presentación de los padres.
Me fue a buscar mi vieja.
Mi vieja no me dijo
nada. Lo del macartismo era una cuestión muy pesada.
Primero nos llevaron a
lo que era en aquel entonces la jefatura de policía, frente a la plaza San
Martín.
Por eso la imagen que
tengo grabada de ese edificio resulta incompatible con entrar ahí y querer
verlo como un edificio de la cultura o de la civilidad…
Estuvimos un par de
horas en una de las salas, ubicada en uno de los pasillos que están en el piso
más alto. Entre los que nos llevó estaba Monzón, que era conocido ya por su
fama como represor.
Algunos de esos
torturadores venían de muchos años atrás, de antes del gobierno peronista, y
siguieron durante el gobierno peronista...
Después nos llevaron, a
los menores, a lo que era en ese entonces la Comisaría 9ª, en calle Cafferata
entre Urquiza y Tucumán. La parte de arriba era la policía de menores. Ahí la
conocí a Rosa Ziperovich cuando fue a buscar al hijo. Aunque mi viejo la
conocía del magisterio de hacía mucho tiempo y tenían diferencias porque ella
era del PC y mi viejo era del laicismo democrático, independiente de partidos
políticos.
Mi vieja me fue a
buscar. Fuimos caminando de vuelta a mi casa en Avellaneda y Córdoba.
Después, a los diez o
quince días nos citaron, también con presencia de progenitores.
Fui con mi vieja,
supongo que lo acordaron entre ellos, ponderando que mi viejo, siendo empleado
público, era preferible que no apareciera.
El tipo que me tomó
declaración, me acuerdo que dijo más o menos “bueno, acá con esto vos ponés en
peligro el empleo de tu padre así que tenés que tener cuidado, porque esta es
la primera vez, pero la próxima te ponemos el sello de comunista y comienza la
persecución para el resto de tu vida”. Esas eran las palabras. Eso me quedó
grabado.
Quince años. “La
próxima vez te ponemos el sello de comunista y comienza la persecución para el
resto de tu vida”.
¿en el ámbito familiar,
en algún momento se problematizó eso?
Con mi viejo nunca
tuvimos una comunicación verbal fluida. Teníamos cosas muy compartidas, que nos
gustaban, que nos sentíamos bien estando juntos y haciendo, yendo a pescar,
yendo a caballo, cuidando los animales, pero el intercambio de opiniones no era
lo característico de la relación…
Alguna vez, después de
eso, me preguntó “¿adónde vas?”. Y “yo sé a dónde voy, es cosa mía”, alguna
respuesta así, cargada de insolencia pienso ahora.
Volviendo ¿porqué el Politécnico?
Quedé pensando que
seguramente tenía que ver con algo que tenía que ser en lo productivo, no en lo
artístico, seguro. Que tenía que ser en lo productivo y que tenía que ser con
perspectiva de trabajo. En esa época salir del Politécnico… yo me recibí en el
Politécnico de técnico constructor y eso era trabajo seguro. No digo que haya
sido una elección totalmente consciente en ese sentido. Pero me parece que
había una cuestión de contexto que eso implicaba. Yo me acuerdo, lo dije, lo
del Plan Eva Perón, el Banco Hipotecario atestado de gente gestionando crédito.
Un par de cosas que no
mencioné antes y que para mí son de mucha importancia, una es el tema de la
lectura, por ejemplo, una colección muy particular, la de Monteiro Lobato, no
sé si la oyeron nombrar, estuve buscando en internet para refrescarme los
datos.
Monteiro Lobato es un
autor brasileño. La colección es extraordinaria, veinticuatro tomos con las
aventuras de Naricita. Hubo una reedición hace unos años prologada por Cristina
Fernández de Kirchner.
En ese prólogo ella
relata que cuando era piba la leyó y era una cuestión… una suelta de la
imaginación, porque la muñeca hablaba, animales que hablaban, pero a la vez era
astronomía, biología, matemática. Era todo eso. Me pregunté ¿dónde fue a parar
eso? Se ve que hay algunos tomos que habrán quedado en el camino, pero Mariela,
mi hija, tiene unos cuantos. Esa colección fue escrita en la década del ’30 o a
lo sumo al principio del ’40, y fue en cierto ámbito, para la niñez, no tan
infantil, un poquito más avanzada, fue buenísima. Los padres que lo sabían y
podían comprarla era un acierto muy importante.
De paso el prólogo de
Cristina es muy bueno. La verdad es que además me hizo acordar cómo era la
colección.
En realidad, después
pensé en Monteiro Lobato, pero lo primero que pensé es que en esa época yo
“viajé” mucho y tuve muchas aventuras, de la mano de varios autores, pero
fundamentalmente de Julio Verne.
De Julio Verne varios
títulos, el que más me impactó fue “Un capitán de quince años”, yo imaginaba
ser un capitán de quince años. Era en el piso de mosaicos del hall de la casa
de mis viejos, sentado en el mosaico que era fresquito, a la hora de la siesta
leer ahí a Julio Verne. Creo que fueron cosas importantes. Y después hubo
otras, “El santo de la espada” o “La cabaña del Tío Tom”. Era preocupación
particularmente de mi vieja que ciertas lecturas llegaran a nosotros…
Y de esa época otra
cosa que tengo que decir es que yo nunca escuché ni vi pelear a mis viejos, ni
nunca escuché que uno lo criticara al otro cuando no estaba. Creo que ahí
recibí una herencia muy importante.
Recuerdo de esa época y
del fútbol, además de jugar a la pelota, que en el ’51 Central estuvo en el
descenso, íbamos a la cancha, pero no estaba el viaducto Avellaneda. Íbamos
caminando por el cruce Alberdi, en barra. Barra de pibes, yo tenía 12 años,
centralista.
Sí, en barra con uno de
los que eran adultos, del club Lavalle, que estaba en calle Avellaneda y me
acuerdo que habían armado con la marcha peronista una letra para Central, una
marcha centralista. Íbamos cantando con la bandera. Todo ese año fuimos a la
cancha los sábados por medio, porque era la primera B. Ese fue mi pasado de
“barra no brava”.
Cuando entré al
Politécnico un primer golpe de impresión fue, estando en primer año, ver la
represión a estudiantes de Ingeniería hecha por los matones de la CGU (la
Confederación General Universitaria) que era la organización peronista de
estudiantes. No eran simples militantes peronistas, la mayoría de ellos eran
pagos con algún cargo, por ejemplo, varios eran celadores del Politécnico y
tenían una organización propia de patota parapolicial o algo por el estilo.
En esa ocasión vi
estudiantes que se saltaban de la facultad al Politécnico tratando de escapar a
la paliza que les estaban dando. Eso lo vimos los que estábamos ahí que éramos
estudiantes de primer año.
En el Poli había examen
de ingreso. Era un examen importante, había muchos inscriptos, era selectivo.
Mi opinión es que el Superior o el Politécnico si bien no se puede decir que
son escuelas de élite, porque además Rosario tampoco es ciudad de élite, pero
son semi, semi-elitistas llamémosle.
La preparación para el
ingreso no estaba comercializada. Ahora hay un sistema armado alrededor del
examen desde meses antes, lo viví con mi nieta y con mi nieto que entró ahora.
En ese entonces no era tan así.
En aquella época no
había cursillos oficiales. Había gente que preparaba, sí, había uno famoso.
Pero era distinto.
Afilié a mucha gente a
la Fede, afilié a Ortolani el 16 de junio del ’55.
Me acuerdo la fecha por
varias cosas. Una porque el 16 de junio del ’55 es un día muy particular por el
intento de golpe de estado; segundo, era el cumpleaños de mi vieja, o sea que
yo en el día del cumpleaños de mi vieja estaba en otro lado dando una charla
para afiliar. Una charla para afiliar, así se decía, pero era sólo con dos
concurrentes, Ortolani y otro más. Era clandestina por otra parte.
Además, me acuerdo porque
Ortolani no es cualquiera. En ese entonces éramos cualquiera ambos, pero él
después fue uno de los principales dirigentes del ERP. Y además me acordé más
aún porque hace poco leí un reportaje que le hizo Laura Pasquali, donde él
relata el hecho, no que yo di la charla, pero relata el hecho. “¿Cómo se
vinculó a la política?” o algo así le pregunta ella y él dice que fue a una
charla que había organizado un conocido suyo cuando era estudiante secundario,
no me acuerdo si pone la fecha o más o menos la señala. Además, alguna vez con
él lo comentamos y me dijo irónicamente “vos no me contaste todo…”.
Algo que me suena más
particular de ese momento, es el 26 de julio del ’54 cuando la fallida película
que mencioné el otro día “La niña de los cabellos blancos”, la película china.
Y después en octubre me afilié a la FJC, más conocida como La Fede. Entré a
militar en lo que se llamaba el sector secundario. Ahí inicio actividades para
organizar centros de estudiantes secundarios, que estaban prohibidos. Había un
famoso decreto De la Torre, que era de la década del 30 creo, que prohibía la
organización de centros de estudiantes secundarios.
Lo que existía
oficialmente era la UES, la Unión de Estudiantes Secundarios, que al menos en
el Politécnico no era una organización estudiantil en ningún sentido, ni de
fiesta ni de estudio ni de nada. Era alguno que otro que estaba vinculado...
El delegado de la UES
en ese momento, dos años mayor que yo, era Gualberto Venesia, nos conocíamos de
aquella época y siempre tuvimos buena relación. Los de la UES no eran como los
de la CGU en el medio universitario. No eran matones. Alguno habrá sido
alcahuete en todo caso, pero no había esa función…
No eran una patota.
No, al menos en ese
ambiente y creo que en general, al menos que yo conozca.
Estuve actuando en el
medio estudiantil secundario en el ’54, en el ’55 y nunca conocí ni escuché
acusación de ese tipo… La fama de la UES era la de la fiesta o algún
privilegio, viaje o cosa por el estilo. Pero no la del patoterismo, que en el
caso de la CGU era no solo fama, sino que era un elemento esencial de control
sobre el movimiento estudiantil universitario.
Y eso es lo más grueso
o lo más importante que recuerdo del ’54.
No me acuerdo bien si
ya en el ’54, creo que fue en el ’55, creamos la Federación Rosarina de
Estudiantes Secundarios. Un grupito chiquito de menos de diez, alguno venía del
radicalismo, me acuerdo que estaba uno de los hijos de Alejandro Gómez, el que
después fue vicepresidente de Frondizi, también alguno del Politécnico que
después… varios de ellos fueron frondicistas. En ese momento asomaba la
juventud frondicista como –no sé si la analogía vale- otro de los intentos
juveniles dentro de partidos burgueses tradicionales, como fue después la
Coordinadora de Alfonsín, la Cámpora de Cristina, etc. El sector juvenil en ese
momento todavía no estaba definido como frondicista, porque todavía no estaba
efectuado el rompimiento, pero iba asomando.
Y formamos la Federación
Rosarina de Estudiantes Secundarios, creo que fue en el ’55 y, por ejemplo, ya
actuamos cuando fue el asesinato de Ingalinella, en junio de 1955, cuando hubo
un paro.
Justo estuve leyendo un
libro recientemente publicado por Osvaldo Aguirre sobre Ingalinella y me hizo
recordar algunos datos.
Hubo un paro, que fue
de profesionales, pero yo lo recordaba como un paro de estudiantes secundarios,
que lo declaramos exigiendo la aparición del cadáver y la detención de los
asesinos. Fue el 2 de agosto del ‘55 en que de nuevo me metieron en cana.
Estaba en la Plaza Sarmiento, frente al Normal 1, repartiendo volantes y me
llevaron a la comisaría tercera, la que ahora creo que es la segunda, la que
está en calle Paraguay.
Ahí tenía dieciséis
años.
Me tuvo que ir a buscar
mi madre de nuevo. Pero la situación era totalmente distinta.
Los mismos tipos que me
habían dicho “la próxima vez te ponemos el sello de comunista y comienza la
persecución hasta el fin de tu vida”, los mismos, se habían olvidado de eso
–era agosto del ’55- y dijeron “bueno, está bien, vaya”. no le asignaban tanta
importancia.
Me acuerdo que tenía
volantes en el bolsillo ¿qué hacía con los volantes? Pedí ir al baño. Si me los
comía o qué se yo.
Yo
ya era, lo que se llamaba en el lenguaje de La Fede, “responsable” del sector secundario
de Rosario. No me acuerdo bien el número, en el partido se llamaban células, en
la Fede se llamaban círculos y creo que teníamos dos o tres círculos, algo por
el estilo.
La
huelga de estudiantes por lo de Ingalinella, ¿tuvo éxito como huelga en sí
misma?
Creo
que sí. Parcial en el sentido no tanto de la cantidad, de un porcentaje, sino
que abarcó a determinadas escuelas.
Hubo
varias escuelas que pararon, al menos en el recuerdo que tengo yo. Se sintió.
Ahí apareció mi detención en el periódico radical La Causa... Yo tenía un
compañero de toda la escuela primaria y después del Politécnico, Rodolfo Farrán;
su hermano mayor estaba en el radicalismo. Entonces salió mi detención en el
periódico La Causa. A mi viejo no le cayó nada bien.
En
setiembre fue el golpe; obviamente fue una conmoción en todos los ámbitos.
Mencioné
las marchas que pasaban o se concentraban en la esquina de Avellaneda y
Córdoba, del enfrentamiento y la amenaza de represión militar, que eran
soldados la mayoría, eran conscriptos, que por eso tenían una situación muy
contradictoria, seguro que la mayoría eran peronistas, incluso los
suboficiales.
Ahí
hay una cuestión que quizá para poder opinar mejor habría que ponerse a
investigar un poco, que fue la posición del PC. Al menos como yo la recuerdo
fue de denuncia y oposición al golpe. Más allá de que el PC venía… había ido
cambiando su posición desde originalmente el ’43 con el golpe del GOU.
El
libro “Victorio Codovilla”, que no es fácil de conseguir, son escritos de
Codovilla, publicado por el PC con motivo de cumplir sesenta años su principal
dirigente; fue publicado en el ’54, por la editorial Fundamentos. Es decir,
publicado antes del XX Congreso del PCUS (Partido Comunista de la Unión
Soviética).
Es
un libro estalinista. Está el discurso de Codovilla en el acto de homenaje a
Stalin. Cuando publicaron años después las obras “completas” de Codovilla los
discursos están cambiados.
Están
modificados.
Obvio
no es problema de traducción, están modificados. Lleva tiempo ponerse a ver.
“Stalin
ha muerto, pero su obra como la de Lenin es inmortal”. Y en cada párrafo está
Stalin, “Stalin fue mi guía”, pero “Stalin no ha muerto en su obra”. El nombre
de Stalin, el nombre de Stalin.
Los
modificaron. Hay algunas definiciones… Este libro lo descubrimos de casualidad
mucho tiempo después, cuando estábamos rompiendo, cuando se estaba formando el
PCR (Partido Comunista Revolucionario)
Si
mal no recuerdo lo trajo Guillermo Paino, hijo de un viejo militante del PC,
uno de los hombres conocidos, un artista rosarino y había quedado en su
biblioteca. Y cuando leímos ciertas cosas nos quedamos pasmados.
Me
acuerdo que nos quedamos todos en silencio y mi hermano dijo “y pensar que uno
lee en el diario que a un tipo le vendieron un buzón y dice ¡qué pelotudo!”.
Ayer
lo estuve mirando así, suelto, sin nada sistemático.
Cuando
Stalin muere en el ’53 le hacen un como un… homenaje necrológico, en el Teatro
El Círculo, que fue multitudinario.
En
el secundario… ¿se hablaba de Stalin?, un lugar de primer nivel no. Me acuerdo
sí de discusiones en las cuales Stalin formaba parte de los ideólogos
principales, Marx, Engels, Lenin, la teoría marxista-leninista-estalinista como
definición de pertenencia ideológica. Pero no una discusión particular sobre
Stalin. La cosa de Stalin explotó en el ’56 con el XX Congreso del Partido
Comunista de la URSS.
Stalin
era una de las figuras internacionales de prestigio. Aun incluso para gente que
estaba en otra posición. Stalin murió “verdaderamente” no en el ’53, sino en el
’56.
El
que discutía desde afuera no discutía en particular a Stalin.
Dejando
de lado lo de Trotsky, ¿no?
Lo
de Trotsky era de otra época. No era la discusión de la década del ’40 o del
’50. Y Trotsky en esa época en Argentina no era tan conocido.
Volviendo
a la posición del PC sobre el golpe del 55, venía de haber calificado de
“naziperonismo”, de expresión reaccionaria, aliada del Eje cuya esperanza era
que el Eje triunfara para eternizarse en el poder…pero ya en el 55, en ese
entonces era una de denuncia del golpe, caracterizarlo como un golpe reaccionario
y la directiva era algo así como acompañar a las masas en cada lugar.
Por
ejemplo, entre los estudiantes secundarios, donde lo que predominaba era el
apoyo al golpe, era en las manifestaciones salir juntos, participar en las
manifestaciones tratando de que no se orientaran hacia romper bustos de Eva
Perón o cosas por el estilo, sino que se orientaran al reclamo de la legalidad
de los centros de estudiantes. Yo participé en dos o tres manifestaciones de
las que hubo en ese momento tratando, infructuosamente, de encausarla evitando
el apoyo al gobierno militar, tampoco el repudio, sino que la consigna fuera la
de la libertad y no la del antiperonismo. Por lo menos como la viví yo.
Probablemente
en distintos sectores del PC se haya vivido de distinta manera porque había
gente que venía de una tradición antiperonista muy arraigada y supongo que
habrá habido militantes que estaban en lugares del movimiento obrero o de
predominancia netamente peronista que no sé bien cómo se habrán podido manejar.
A su vez, también estaban en el marco de haber sido reprimidos, de haber sido
discriminados, de una organización sindical utilizada para discriminar, para
controlar, para aislar, cosas por el estilo.
En
esa cuestión de ese “no estar ni de un lado ni del otro”, un grupito de los que
estábamos en la FRES nos fuimos a recorrer hospitales a ofrecernos para donar
sangre. No nos dieron bola en ningún lado, pero fuimos a dos o tres hospitales
a decir que queríamos donar sangre.
Fue
una manera o una actitud de querer…
Una
cosa que para mi vida empieza en el ’55 y dura, qué sé yo, treinta años, es la
pérdida de documentación política. Yo no tengo documentos para reconstruir…
Había que eliminar los papeles, recuerdo de esa época el folleto “Cómo ser un
buen comunista” de Liu Shao Chi.
Cada
tanto había que juntar bolsas y quemar.
O
enterrar o eliminar… ¡No tengo archivo!
En
el PC… con quienes me tocó militar, en la gran mayoría de los casos, yo vi
militantes abnegados. Gente que sacrificaba su vida. Muy pocos casos,
particularmente en mi caso personal tuve enfrentamiento solo con dos que eran
personas, arribistas, que usufructuaban…
Por
eso no tengo ningún rencor ni nada por el estilo.
En
el PC… los autores clásicos del marxismo no estaban prohibidos, pero no
formaban parte de lo que había que leer; para eso estaban los documentos, sobre
todo los de Codovilla. Estaba considerado que los clásicos ya estaban ahí
traducidos a una línea política.
No
nos formábamos con Marx o con Engels, en absoluto. No estaba prohibido, si
alguien quería leerlo… Pero…
No
solo que no se promovía, sino que había, en ciertos casos, por ejemplo, intervención
soviética en Hungría en el año…’56, como una especie de advertencia de que “ojo
con la diletancia teórica”.
Que
había que estudiar más, pero que había que estudiar en concreto la línea. Lo
que había que estudiar eran los documentos. La formación era en torno a eso. Yo
no estuve en muchas, pero estuve en una escuela partidaria, después, en el año
’64, y de los clásicos no veíamos nada. Era con los documentos partidarios, el
congreso tal, el informe tal, la conferencia tal. Básicamente era eso lo que se
utilizaba como, digamos…… bibliografía.
Eso
de la pérdida de la documentación, fue permanente, Ni de cosas escritas por mí
ni de cosas que leí ni de… hay una anécdota muy particular con las obras de
Lenin y El Capital y el libro recientemente mencionado, es del ’76, y es el cao
inverso, claro, porque ya destruir eso era casi tocar lo sagrado.
Yo
había adquirido esa colección, la de Lenin, en la década del sesenta. Me la
vendió Alejandro Pastorini, militante de la Fede y estudiante de Medicina que
después fue desaparecido, en el 77.
Esos
libros los llevé a Mugueta, de mi cuñado. Se lo pedí a uno de mis cuñados,
albañil, los metimos en un barril y le pusimos arriba escombros. Pero eso fue transitorio.
Había
arreglado con un compañero que había sido militante en la universidad, que se
había convertido en campesino y vivía en Peyrano, para llevarlos y los llevamos
después a la chacra de él.
En
el Citroën 2CV andando con todo eso encima durante el gobierno militar…
Posteriormente
él se fue a vivir a Misiones en el ’77.
Lo
visité en Misiones en ese año; poco hablamos del tema, dijo que se lo había
dejado a una parienta, o algo sí, que yo recuerde.
Tiempo
después él falleció y la esposa también.
En
el ’84, siete años después, recibo una llamada telefónica “habla Eva –dice- no
sé si te acordás, la prima de Nelly, de Peyrano”. Sí, la había visto una o dos
veces. “Yo tengo acá –dice- dos cajones con libros que me dijo Nelly que eran tuyos”.
Los
había tenido abajo de la cama durante ocho años.
Después
pensé, cuando organizaron en COAD para contar las experiencias durante la
dictadura, que esa era para contarla. En ese momento no estaba predispuesto
porque estaba muy… no sé por qué, bah, todavía lo sigo teniendo, el síndrome
de… el que fue el secretario de la CGT, el que Alfonsín trató de “mantequita”
porque a veces en sus discursos se emocionaba y no podía contener el llanto. El
síndrome de Ubaldini.
Pero
eso de la pérdida de la documentación es realmente perder algo de la propia
vida. En el ’55, en el ’62, en el ’66, en el ’76, son girones que uno va
dejando.
Bueno,
en el ’55 estaba en cuarto año. Hasta tercer año eximición en todas. En cuarto
año quedé libre por faltas. No sé mi viejo cómo no me… Tuvo que ir, firmar.
No
me dijo nada. No éramos comunicativos. En mi familia no éramos muy
comunicativos, no éramos cariñosos tampoco. No aprendí a ser cariñoso. No me
dijo nada.
Para
mí entrar a una reunión y besar a todos y todas es forzado totalmente. Lo hago
cuando no tengo más remedio
Entonces
quedé libre y me reincorporaron, pero una materia me llevé directamente a marzo
porque en esa, en la libreta, tuve “ausente”.
Me
salvó la eximición con cuatro, porque en el ’55, en una de las actitudes
demagógicas del nuevo gobierno, hubo eximición con cuatro. La eximición en esa
época era con siete. Entonces me tenía que llevar qué se yo cuántas materias y
rendí una sola. Es la única que rendí en toda… En toda la carrera secundaria.
En
quinto y sexto ninguna. Además, ya éramos más cancheros. En cuarto sí,
discusiones políticas, qué se yo, y el bar de Blanco, Pellegrini y Alem. El
viejo bar de Blanco, horas ahí entre discusión política, truco, generala.
Dieciséis años. Primer intento de noviazgo. Efímero. Casi apenas enterado uno y
el otro de que éramos novios. Y anotado en mi mente “por otra parte, educado en
una moral de respeto casi de tipo religioso hacia la mujer”.
Una
marca de mi vieja fuertísima.
De
paso, en esos años no había escuelas secundarias mixtas en Rosario y en el país,
el Industrial era una escuela de varones.
A
Nega la conocí en el año’56.
A
los diecisiete años. En realidad, como dije cuando me hicieron la despedida en
la facultad cuando me jubilé, es la única novia que tuve, la misma que tengo
ahora.
Fue
en una reunión de la FJC, una reunión provincial en el local de calle Santa Fe
941, 17 de agosto del ’56, después de la reunión una fiesta y la saqué a
bailar; noviazgo a partir del 17 de septiembre del ’56.
Ella
era de Mugueta, sesenta kilómetros, camino de tierra, una llamada telefónica
demoraba cuatro horas de espera… Pero después antes de casarnos pasaron nueve
años.
Yo
creo que ella me atrapó a mí.
Eso
fue una de las cosas más importantes de mi vida.
Con
la federación rosarina de estudiantes secundarios en el año ’56 fue la lucha
contra el ministro de educación Dell’Oro Maini, el decreto 6403, la posibilidad
de otorgar títulos de las universidades privadas, el artículo 28, que ahí se
logró frenar. En el ’56 Dell’Oro Maini tuvo que renunciar.
Hubo
toma de facultades y de escuelas secundarias. Algunas tomas de escuelas
secundarias duraron muchos días.
En
ese momento al movimiento estudiantil no lo reprimían. Había una lucha interna
dentro del gobierno… porque había un sector de cuño liberal dentro del gobierno
militar que buscaba también aliados en el movimiento estudiantil. Y la FUA era
efectivamente un aliado del gobierno. Justamente, en una de esas, por haber
cuestionado a un tipo de ese sector, que era de los comandos civiles golpistas
–después fue abogado y dirigente radical, Horacio Fidel López- estando en lo
que era el centro de estudiantes de ciencias económicas, en la esquina donde
después se construyó el edificio, me agredió físicamente.
Yo
lo había criticado por haber querido sabotear la toma de una escuela decidida
por los propios estudiantes que lo habían hecho “sin previa autorización” de la
federación de estudiantes universitarios y me increpó de forma amenazante… “que
si yo lo había dicho o no lo había dicho”, en una situación que si lo negaba me
salvaba pero perdía toda credibilidad política, pero si lo admitía cobraba.
“sí,
lo dije”, me agarró y me revoleó. Volé varios metros.
Decían
que él personalmente como miembro de los comandos civiles había ejecutado
gente. No sé si es cierto. Pero era un tipo en ese entonces destacado por su
potencia física y aires de matón. Era famoso en ese sentido.
Se
tomaron escuelas. La lucha fue masiva contra Dell’Oro Maini. Tuvo que renunciar,
pero quedó pendiente el artículo 28, que después lo reflotó Domingorena durante
el gobierno de Frondizi, reglamentándolo y las universidades privadas pasaron a
otorgar títulos habilitantes.
Esa
fue una lucha muy importante. La tónica general fue la de enseñanza “libre” o
enseñanza laica, más que el tema específicamente legal. Y fue masiva, fueron
manifestaciones en la ciudad, en el centro, calle Córdoba, que era todavía una
calle con tránsito. Fue una lucha muy importante. La defensa de la educación
pública posibilitó el reencuentro del movimiento estudiantil con gran parte de
la población, después de años del peronismo de rompimiento de la unidad obrero
estudiantil
Otra
cosa muy importante, de esa época, fue el XX Congreso del PCUS (Partido
Comunista de la Unión Soviética). Cuando volví de las vacaciones, que habíamos
pasado en la quinta de un tío mío en Santo Tomé, había ocurrido el XX Congreso
del PCUS, donde había sido denostado Stalin.
Hasta
entonces éramos marxistas-leninistas-estalinistas y, de repente, parte del
mundo se derrumbó. Lo de Jruschov, el secretario del PCUS fue un sacudón, voló
toda la estantería, porque no solo lo de Stalin, fue como lo que hizo Copérnico,
el mundo era distinto. Abrió una compuerta que no se cerró más. Dejaron de
existir las sagradas escrituras. Era posible que algo de lo dicho se pudiera
revisar.
Se
pudiera revisar y pudiera emitirse una opinión contraria a la que en otro
momento era la oficial. Abrió una compuerta, más allá de cuál fue la
orientación específica de Jruschov. El dogmatismo se vio sacudido. Más que la
cuestión específica de Stalin, quizá esa sea la significación principal, que se
vio sacudido el dogmatismo.
Tiempo
después nos dimos cuenta que, pese a todo, al menos en Argentina, el
estalinismo, como concepción de partido, gozaba de excelente salud.
Estaban
los informes de qué se había hecho y dicho en el XX Congreso, estaban los
documentos para ver..
Claro,
¿cómo era eso?. Pedí explicación. No era yo, era todo el mundo. “Pero ¿y cómo
es esto?”
de
repente la tierra no gira para allá, sino que gira para el otro lado. Y bueno,
sí, todas las explicaciones clásicas, del papel del individuo en la historia…etc.
En
fin, nada convincente, pero tampoco algo que significara destruir todo. Supuestamente
eran sólo errores. No horrores.
Sentí
lo que supongo la mayoría sintió, el error es el dogmatismo, el creer todo a
pie juntillas, el considerar que todo estaba escrito, resuelto y aclarado.
Es
algo que lo vas masticando, que va en el tiempo realimentándose.
No fue una ruptura total…, fue una cosa que te remueve
todo, pero que no te cambia ni te saca de repente de esa realidad y te pone en
otra, pero te abre una compuerta que después no se cierra nunca.
Porque
no solo era lo de Stalin, era la vía pacífica al socialismo, lo de Jruschov
eran varias cosas, la coexistencia entre el capitalismo y el socialismo…..
Creo que en el ’56 ese fue un tema muy
importante. Pero no se produjo un desbande, ni se alteraron las relaciones. Quedó
ahí una cosa que, abrió una compuerta y que después fue acumulando.
Sobre
todo eso, ponía en cuestión –no en esos términos- el dogmatismo, que había
muchas cosas que eran discutibles, para bien, para mal, pero que había muchas
cosas que eran discutibles.
1957
era el último año de la secundaria..
La
especialidad la elegíamos en cuarto año. Eran seis años en el Politécnico.
Había
elegido, a fin del ’54, Técnico Constructor. En el ’57, antes de terminar hubo
una lucha importante por la defensa de los títulos de los técnicos. Hubo un
intento, hecho probablemente por empresas constructoras, por quitarles
incumbencia a los técnicos constructores. Hasta ese entonces todavía no había
tantos ingenieros y muchísimos menos arquitectos. Arquitectura estaba dentro de
la Facultad de Ciencias Matemáticas, Físico-químicas y Naturales aplicadas a la
industria.
En
el ámbito estudiantil y de la militancia, la facultad que ahora se dice
Ingeniería era Matemática. “Nos reunimos en Matemática”.
Esa,
la de los técnicos, fue una lucha importante, tomamos la escuela durante varios
días. Fue interesante cómo organizamos dentro de la escuela la toma, el orden,
la higiene, el cuidado de las instalaciones, lavamos toda a la escuela antes de
entregarla después de que triunfamos. Yo era el delegado, discutíamos con el
Secretario de Obras Públicas de la Municipalidad, en el diario salió una foto…,no
la tengo.
Y
después en el ’58 el ingreso a la universidad, ingresé a Ingeniería.
No
había examen de ingreso. Se discutía lo del examen de ingreso. Era un tema en
polémica. Me acuerdo que un grupo de ingresantes discutimos con Cortés Plá, que
era el decano, en la puerta de la facultad.
Cortés
Plá era un tipo muy macanudo, de excelentísimo trato, había sido reformista del
’18. Estuvo preso en el ’18 en Córdoba. Nunca se iba a enfrentar con los
estudiantes. Él conversaba. Después en el ’64 cuando fui consejero en el Consejo
Superior me invitó a su casa a conversar. Yo creo que fue el mejor rector que
tuvo la Universidad, en ese entonces del Litoral.
Había
sido decano en el ’34 cuando lo trajo a Beppo Levi, matemático italiano famoso
que huía dl fascismo. Y fue rector en la década del ’60, todavía Universidad
del Litoral.
En
el ’58 se produce un corte en el tema de la militancia porque, como terminé la
secundaria, cambio de tareas y pasé a ser responsable de la Comisión Juvenil
del Movimiento de la Paz.
En
la organización de la militancia del PC –en aquella época, no sé cómo será
ahora- si vos estabas en una tarea no tenías responsabilidad ni obligación en
otra. No obstante yo participaba en el movimiento estudiantil, pero con
discontinuidad, mi tarea era otra.
No
es que no participaba en nada. El año siguiente, en el ’59, fue el IV congreso
de la FUA, cuando se logró rescatarla de manos de la derecha, la que había
apoyado al gobierno militar del ’55; votamos a Estévez Boero como presidente,
con una consigna de apoyo a la Revolución Cubana, un programa buenísimo, en
línea con lo que había sido el programa de Huerta Grande.
Yo
fui delegado al congreso estando en segundo año…en esos dos años ’58, ’59, mi
militancia estuvo bajo la dirección de un compañero del cual tengo un gratísimo
recuerdo, Adolfo Svatez, que era el responsable del partido en el Movimiento
por la Paz.
Ahí
fue que conocí a Lázaro Cárdenas, el líder mejicano, en uno de esos encuentros
organizados con figuras destacadas de distintos países.
Fue
en la Facultad de Derecho de Buenos Aires, fuera de la parte formal, en un
corrillo donde estaban Adolfo Svatez, dos o tres más, Lázaro Cárdenas y yo,
mudo espectador.
Estuve
dedicado centralmente a eso que estaba muy vinculado a la política, no es que
estaba al margen de la política, pero no a lo específico del movimiento
estudiantil. En ese entonces, como representante de la comisión juvenil del
Movimiento por la Paz, fui secretario de la Comisión de Solidaridad con la Revolución
Cubana, marzo del ’59.
Yo
era el secretario y Hércules Viale, del Centro de Estudiantes de Medicina, era
el presidente
En
el ’58 fue la lucha por el artículo 28. Participé en las asambleas, participé
en todo. Pero no era mi responsabilidad.
No
estaba tabicado, pero no era mi tarea específica; sí, estuve en todas las
luchas, en las asambleas, hablé en algunas asambleas.
En
el ’60 me tocó el servicio militar. Cuando volví del servicio militar pasé a
una tarea que me aisló bastante más. Pasé a ser tesorero provincial de la Fede.
Incluso más aún cuando después cayó Frondizi, y entonces por razones de
seguridad no participaba en manifestaciones, no convenía arriesgar el aparato
logístico.
Se
preservaban ciertos equipos o grupos de gente según la tarea. Y estuve hasta el
’61-’62, y pasé a la actividad estudiantil en el ’63.
En
el ’64 me recibí de Agrimensor. La otra vez me surgió la curiosidad porque en
el 2014 dije, “hace cincuenta años que me recibí, ¿pero qué día me recibí?”. Y
entonces busqué y resulta que rendí la última materia el 30 de diciembre.
Ni
me acordaba, 30 de diciembre examen de última materia.
Pero
en esa etapa mi profesión era otra, era la de revolucionario. Si tengo que
poner una fecha, o mejor un año, en que tomé esa decisión de vida, la de
revolucionario, fue en el `59.
Lo
del título profesional era una cosa útil, pero no tenía ninguna expectativa al
respecto.
El
título es bienvenido, sirve para el futuro, para hacer algún trabajo, para
subsistir, pero no tenía ninguna perspectiva en ese sentido. Después me recibí
en el ’67 de Ingeniero Geógrafo. En aquel entonces Agrimensor no era como ahora
cinco años. Yo entré en la facultad en Ingeniería Civil cuando Agrimensor era una
especie de título intermedio.
Cuando
volví del servicio militar se había creado la carrea de Ingeniero Geógrafo;
algunos de los que habían sido compañeros míos la estaban haciendo, me
entusiasmó por cierta orientación que le veía hacia la cuestión del
planeamiento, que después me fracasó.
Antes
del golpe del ’66, en la Universidad del Litoral había un Instituto de
Planeamiento Regional y Urbano del Litoral, el IPRUL. Era muy bueno, se
dedicaba a estudiar todo el tema del planeamiento tanto urbano como rural y el
director del departamento de Geotopocartografía de la Facultad me recomendó
para una beca, pero fue……el golpe.
Y
en el ’67 voló el IPRUL, desapareció y ahí mi orientación hacia ese lado quedó
trunca totalmente.
En
gran parte de la militancia política estábamos convencidos de que se venía un
cambio profundo, no era solo yo.
Entre
los jóvenes de izquierda nuestra expectativa era ser revolucionario, como Fidel,
el Che Guevara. Ni la familia, ni la profesión, ni la vivienda, todo estaba en
un escalón inferior… .no sería lo que hizo el Che, que hasta se cambió la cara
y tuvo que dejar cinco hijos, pero la vida era eso. Todo lo demás era
accesorio. Era la vida. El sentido de la vida.
La
profesión era…ser revolucionario.
Año
’57, sexto año del Politécnico, tenía un profesor, el arquitecto Fernández
Milani, que era un tipo muy católico, de derecha, discutíamos abiertamente, tengo
un buen recuerdo de él.
Cuando
yo estaba en cuarto año, entre las cosas por las que no iba a clase, cuando
quedé libre, era que me iba a las asambleas de los estudiantes de la
universidad en el salón de actos de Ingeniería.
Eran
asambleas que duraban el día entero, pasaban a cuarto intermedio y seguían al
otro día, duraban dos o tres días. No eran pavadas, era declarar a todos los
profesores en comisión, hacerse cargo de la universidad, no esperar que el
gobierno decida.
Ahí
había un sector, el sector reformista, que incluía desde radicales hasta la
izquierda y el otro sector era el católico…particularmente clerical. En ese
entonces existían los ateneos. Uno de sus voceros era Fernández Milani.
Lo
recuerdo hablando en la asamblea y discutiendo la actitud frente al gobierno, cuando
el reformismo proponía que los estudiantes debían hacerse cargo de la
universidad, él decía “no olvidemos que la Revolución Libertadora se hizo bajo
el signo de la V y la cruz que significa Cristo vence”. No había gobierno
tripartito, no había sindicato docente, lo que había de vida política era el
movimiento estudiantil.
La
asamblea la armaban los estudiantes, era multitudinaria, lleno completo el
salón de actos
Después
en el ’57, sexto año del Politécnico, lo
tuve como profesor, discutíamos abiertamente; tengo un buen recuerdo de él.
Era
el año del Sputnik, y lo recuerdo diciendo en clase “Mangiaterra, cuando vos
seas comisario del pueblo…”. Era una tendencia del mundo. Era algo…irreversible
incluso para él, la cosa venía por ese lado. ya no solo era la política, era
hasta los satélites.
No
era la primera vez que estuve en ese salón, porque en el Industrial los actos
oficiales de la escuela se hacían ahí, pero era la primera vez en política. La
primera vez por fuera de los actos oficiales de la escuela.
En el 58, la Liga por los Derechos del Hombre, la Unión de
Mujeres Argentinas, el Movimiento por la Paz, etc., eran entidades afines al PC.
Eran organismos donde participaba alguna gente que no era del PC o que eran
aliados del PC o que, en cierta circunstancia, aun siendo de otro partido o
independientes, tenían alguna participación, y se abrían iniciativas.
No
recuerdo el año preciso, todavía era estudiante secundario, el tema de la bomba
atómica era una amenaza terrible, en plena guerra fría, salíamos a juntar
firmas casa por casa, a tocar timbre: “venimos a invitar a firmar el petitorio
por la paz”.
Domingo
a la mañana. Como decía Guillermo Paino, en esa época “los domingos a la mañana
temprano se ven en la calle dos tipos de personas, las viejas que van a misa y
los comunistas que van a las reuniones”.
Nega
era militante también, yo la conocí en una reunión.
Habría
que preguntárselo mejor a ella, compartíamos esa perspectiva de vida…quizá d un
modo diferente, quizá en un grado diferente, que probablemente tenga que ver
también con una cuestión de género, las mujeres entonces todavía no estaban
consideradas del mismo espacio de habla, de escucha, de decisión, que los
hombres.
Había
mujeres militantes y se destacaban. Quizás se destacaban más que lo que se
pueden destacar ahora, porque no era tan común. Había mujeres destacadas en el
PC y en otros ámbitos, en el socialismo, en el movimiento estudiantil.
Qué
sé yo, me acuerdo de Delia Rodríguez Araya, por nombrar a alguien, que en la
época del ’55 era del sector proclive al gobierno. Cuento una anécdota un tanto
graciosa: una vez que estábamos en Económicas, en donde lo que era el patio de
la Facultad, cae Delia, contando que habían amenazado con desalojar una escuela
que estaba tomada y preocupada dice “porque no sé, ahí los van a… los van a…” y
titubeaba en continuar; era en el ’55 y no se animaba a decir la palabra porque
era mujer y delante de varones, pero no se pudo contener y dijo…”¡los van a
hacer mierda!”.
Era
fuertísimo. No era prejuiciosa y pese a eso le costaba expresarse así.
Con
Nega hemos tenido discusiones, más vale, sobre todo en algunos momentos que la
cosa se hacía difícil económicamente. Porque además hubo períodos que yo no
tenía un trabajo estable (y no estable tampoco).
Lo
poco que podía hacer de profesión era de una manera muy particular, porque
después del ’66 era prácticamente en semiclandestinidad, el domicilio nuestro
no era conocido ni por los amigos ni por muchos familiares.
Nos
casamos en enero del ’66, en ese entonces para vivir juntos era noma casarse.
Fuimos
a vivir a la vuelta de la casa de mis viejos, donde alquilamos y a mediados de
año fue el golpe; ahí dijimos “nos tenemos que rajar”.
Entonces
alquilamos una casa compartiendo con otro matrimonio.
Y
ahí alquilábamos a nombre de otro, que prestaba su nombre como colaboración
política, no figurábamos nosotros alquilando.
Entonces,
a alguien que le hacía un laburo, la dirección y el teléfono eran los de mis
viejos, pero yo no estaba nunca ahí. A partir del’64 o ’65, lo de la
profesionalización implicó que tenía como un medio sueldo de la FJC. Se le
llamaba “asignación”. Era equivalente a lo que sería medio sueldo mínimo, algo
por el estilo. Y además eso tenía mucha irregularidad… No se depositaba, no lo
podías retirar por el cajero, eso a veces estaba, a veces no estaba.
Nega
trabajaba como maestra, era la única entrada fija. Entonces bueno, había por
ahí cuestiones que sometían a re-análisis todo.
Me
acuerdo cuando en el ’68 estaba en Praga, me fui cuando Mariela tenía cinco
meses y volví cuando tenía ocho. Pero no era para mí ni para los otros ningún
mérito especial eso. Era normal.
En
el ’62, cuando cae Frondizi, ahí hay una agudización en la represión, aun con
el gobierno de Guido.
Hubo
una reforma en el artículo del código penal. Y lo de las razias de detención de
los comunistas eran habituales… en el caso de Ingalinella le costó la vida.
En
muchos casos detenían sin motivo específico, simplemente por comunista, varios
días, sin justificación alguna.
Shcoller
el padre de Rodolfo, tenía treinta y pico de detenciones o más. Ya era de
rutina.
Era
de rutina, salir a hacer las razias esas y a detener los comunistas. Era algo
permanente.
El año pasado, 2014,
porque hacía mucho tiempo tenía la curiosidad de hacerlo, pedí mi prontuario.
El que me atendió dijo
“¿usted estuvo preso durante…?”, creía que era para hacer un trámite de
subsidios o algo de eso. “No –le digo- yo lo único que quiero es saber quién
soy”.
No sé si entendió.
A lo mejor el tipo
estaba pensando dónde iba a ir a la tarde o qué iba a hacer en la casa…
“18 de marzo de 1959. El causante usa de la palabra en el congreso organizado por la Comisión Juvenil Argentina del Concejo por la Paz (colateral del Partido Comunista)”
“Que se realizó los
días 15 y 16 del corriente en el sindicato de los obreros de la construcción,
sito en la calle Boulevard Oroño 870. Ver parte de empleado agregado a este
prontuario. BC 23 de esta sección”.
Pobrísimo el
prontuario, me decepcionó.
Cualquiera puede pedir
su prontuario al gobierno provincial en el ministerio correspondiente… Fui
primero al Museo de la Memoria a averiguar cómo se hacía eso.
“Aldo Oscar
Mangiaterra”…personas que lo conocen: Aníbal Angeloni”.
Ese era un vecino que
vivía a mitad de cuadra de mi casa natal. Hay muchas vaguedades como esa.
Después del ’71 no hay
nada.
La pregunta del empleado
debe ser porque uno de los trámites usuales es de quienes estuvieron presos,
que pueden reclamar la indemnización.
En otro orden, revisando
documentación, encontré una cosa muy interesante, no por que tenga que ver
conmigo, sino con el contexto político, 1953: Perón en el congreso de enseñanza
religiosa, publicado en el diario La Prensa, del 15 de octubre de 1953.
“Por otra parte esas masas rebeladas, sumergidas, escarnecidas y explotadas necesitaban un compañero que las sacara adelante con una bandera que resolviera su problema fundamental y no un filósofo que les fuera a dar una clase de alta filosofía. Era un problema de comida, era un problema de salud y era un problema de miseria lo que había que resolver previamente.
Por esa razón dijeron
después -este individuo es un materialista, no habla más que de salario, de
comida, de vestido y de la felicidad en la casa-. Si señores era necesario
primero dar una muestra de comunidad al 85% de nuestra comunidad, la plataforma
de sustentación necesaria para que por lo menos pudiera afirmar el equilibrio
estable de sus propios pies.
Desde muchos sectores cuando en 1944 comencé yo a trabajar solo allá en Trabajo y previsión -y digo solo porque mucha gente tenía entonces miedo de pasar hasta por la puerta de Trabajo y previsión- cuando comencé a trabajar allí y empecé a hablar me criticaron por la forma en que hablaba, decían que era comunista, sin darse cuenta de que yo no podía hablar otro idioma que el del medio en el cual estaba trabajando y que después de cuarenta años de marxismo que había envenenado a nuestras masas no les podía hablar de virtudes en ese momento porque, claro, hubiera sido fuera de lugar”. (el subrayado es mío). Qué joya ese pasaje.
La acusación de
comunista a Perón, dicha por él mismo. Es interesante. Por eso cuando alguien
mandó esa información en la cual estaba que en el año ’46 fue cuando se creó el
salario mínimo, yo le dije que, en realidad, fue cuando se lo legalizó, porque
en el mismo decreto se reconocía la lucha previa…
Dicho por Perón “esto
que es reclamado desde hace más de cuarenta años por las entidades
obreras infructuosamente…” En ese entonces se manejaba esa historia del
movimiento obrero, después fue borrada.
Otra del montón, es una
foto de la revista ASÍ.
“Los estudiantes de todo el mundo”. “Jacques Sauvageot, presidente de la Unión de Estudiantes de Francia”.
Jacques Sauvageot fue uno de los tres líderes
del Mayo francés. “Sostiene un micrófono una delegada argentina de cuyo
nombre no se ha informado”. ¿Quién es la delegada?
Se les mezcló la
información o la recibieron mal. El delegado argentino era yo.
Hablé en el acto, que
se hizo en septiembre del ’68, en la tradicional sala de conferencias Maison
de la Mutualité, en París, organizado por la UNEF, la Unión Nacional de Estudiantes
de Francia.
No era ya la euforia de
mayo; era parte de la labor de rearmado de la fuerza, fue un acto de unas 1.500
personas.
Otra, la ley 1420. Eso
es en el ochenta aniversario…1964
Están Segovia Mayer, a la sazón decano de la Facultad de Ciencias Matemáticas, y Cortés Plá, rector de la Universidad Nacional del Litoral.
La que estaba en ese
grupo era Olga Cossettini, me dijo que yo era de los jóvenes a los que se había
referido Cortés Plá, porque Cortés Plá habló de la juventud.
Como se puede ver los
documentos conservados son los inofensivos.
Los peligrosos ninguno pude
conservarlo.
Y este es el periódico
La Causa, de los radicales.
Donde dice que me
habían detenido…. en el prontuario está la detención en la plaza Sarmiento…
En el reclamo por la
desaparición de Ingallinella.
Son cosas de la época, del movimiento estudiantil secundario. Hay periódicos… Hay un artículo redactado por mí sobre la reforma agraria.
En realidad es sobre la
importancia de la reforma agraria, publicado en el periódico de la Federación
Rosarina de Estudiantes Secundarios. Sería interesante volver a leerlo para ver
si no conviene sacar…algunas partes o reformarlas…...¡después de 70 años!
En los allanamientos es
clásico, la anécdota se repite; pasó cuando allanaron la casa de mis viejos,
miran los títulos de las publicaciones o de los libros y cuando encuentran, por
ejemplo “Así se forjó el acero”, lo dejan porque es de ingeniería.
Cuando escuché la grabación que deriva en este relato fue la primera vez
que me escuché… Es la primera vez en mi vida que me escucho a mí mismo, salvo
alguna cosita circunstancial…
Y escuchando la
grabación me surgió como inquietud, en algunas cosas por lo menos, la cuestión
de que el relato es muy relativo a lo que hice yo o a lo que me pasaba a mí,
pero poco del contexto.
Por ejemplo, en el ’55
creo que hay un tema de contexto que es muy importante y es que en el ’55 fue
cuando Perón firmó el contrato con empresas extranjeras, la Standard Oil y las
industrias Kaiser. Sobre todo la energía, el tema del petróleo, fue la bandera
más importante del frondicismo.
En el ’56 la dirección
de la FUL y de la FUA, movimiento estudiantil universitario, eran aliados del
gobierno que había volteado a Perón.
Se oponían al artículo
28 de Dell’Oro Maini porque venía del sector clerical y había una interna con
el sector liberal, el del almirante Rojas, pero eran aliados del gobierno.
En el ’57 hubo un
desarrollo muy importante de los centros de estudiantes secundarios. Hubo un
congreso acá, en Rosario, vinieron de lugares muy distintos del país, de
Rosario había muchas escuelas.
Agrego una cuestión de
detalle personal, en esa época, “cultura del trabajo”, siempre trataba de
rebuscármela con algún trabajito.
Mi viejo era maestro en
dos turnos, diurna y nocturna, pero además buscaba yapar el sueldo de maestro
con otras ocupaciones; fue representante de la editorial propiedad de un
sobrino de Buenos Aires, entonces vendí libros…
Había industrias en los
barrios, yo iba tocando timbre. Porque uno de los libros era un “Manual
práctico del derecho del trabajo”. Tocaba timbre y preguntaba por el jefe o el
encargado de personal y vendía libros de esa manera. O también con “El régimen
legal de la construcción”, iba a pata recorriendo empresas constructoras…
Todavía era estudiante
secundario. También algo me la rebusqué dibujando planos. Porque estudiaba
Técnico Constructor, dibujábamos. Y algo me la rebusqué preparando alumnos.
Alguna vez se lo conté
a mi hija y a mi nieta, en la preparación de alumnos no trabajé mucho, pero
hice una experiencia muy particular, que es muy satisfactoria por un lado y a
la vez que puso a prueba mi vocación docente.
Me llamó un tal
Bortolato, que tenía un instituto de preparación de alumnos, para decirme que
tenía un trabajito para preparar a una alumna, que era un caso especial, para
ver si yo lo quería hacer; tenía que rendir matemática de cuarto año en el
bachillerato, pero era espástica, no podía escribir, hablaba muy
dificultosamente y sólo se movía en silla de ruedas.
Una chica que después
se graduó en la facultad, era poeta, publicó en periódicos; en ese entonces no
había los medios actuales, no había ni siquiera computadora como auxiliar.
Nos sentábamos al lado,
mirábamos los ejercicios y ella me dictaba, muy dificultosamente, lo que había
que hacer, paso por paso y yo escribía.
Y al hablar,
inevitablemente, parte de su saliva me caía en el brazo, todo el tiempo.
Fuimos construyendo una
muy buena relación, hasta incluso embromar “no, decímelo bien”, y charlamos de
otros temas como por ejemplo literatura.
Preparó la materia, la
aprobó, fue un desafío fuerte y una gran satisfacción, un éxito.
Respecto a Frondizi
había dos temas que eran parte indiscutible de su programa, que nadie tenía la
menor duda de que podía ser que tuviera otra posición.
Frondizi venía de las
filas del reformismo estudiantil. El artículo 28, que autorizaba a las
universidades privadas para emitir títulos profesionales habilitantes, era una
traición. Y la otra eran los contratos petroleros.
Su crítica a Perón,
quizá la más importante, fue en el libro “Política y petróleo” pero después
firmó los contratos petroleros con empresas extranjeras, en detrimento de YPF.
Al evocar esa situación
anoté una cuestión que sirve para copiar y pegar varias veces: la frustración
juvenil.
En el movimiento
estudiantil, por ejemplo, en el Centro de Ingeniería, el desplazamiento de los liberales,
de los que eran aliados del gobierno de Aramburu, estuvo encabezado por la
juventud frondicista.
Y en gran parte del
país la emergencia de militancia fue al calor de la juventud frondicista. Eso
se frustró, se desmoronó, desaparecieron.
Eso mismo, de manera
similar lo tengo anotado en el ’74 con la juventud peronista y en el ’87 con la
alfonsinista y estoy viendo qué pasará en el 2016, que es un proceso muy
similar: una efervescencia juvenil que surge alrededor de un liderazgo y que
después no solo se sienten defraudados, sino que se desmorona. En el 74 los
jóvenes peronistas, a través de distintas expresiones, Montoneros, por ejemplo;
en los 80 la Coordinadora radical alfonsinista, que también en el movimiento
estudiantil tuvo una fuerza importante; ahora la Cámpora u otras expresiones, aunque
en este último caso todavía no está claro.
Masiva expresión
juvenil….en el alza que se produce en el ’57-’58 con Frondizi, en el ’73-’74
con Perón, en el ’83-’84-’85 es con Alfonsín y en este siglo con los Kirchner.
Lo cual no quiere decir que hayan sido las únicas expresiones.
En el año ’57 fue la
reforma de la Constitución nacional…
Se hizo acá en Santa
Fe; por el PC estaba Rodolfo Ghioldi como constituyente.
Para el PC había sido
una tribuna importante, no tenía fácilmente una tribuna como esa. Pero yo no
recuerdo que haya tenido una importancia…
Creo que fue algo del
espacio político, pero no implicó cuestiones…,no recuerdo ninguna expresión, por
ejemplo, un acto de sindicatos, para que se apruebe el artículo 14 bis… No
recuerdo nada de eso. No recuerdo actos públicos.
Creo que sí, para los
que estábamos militando era importante, estábamos al tanto, pero no era algo
que importara demasiado al conjunto de la población…
Por lo menos esa es la
sensación que me quedó a mí.
Hay una cuestión que es
lo del año ’59, que es la Revolución Cubana.
Lo dije en una charla
que di en Humanidades; me invitaron por sugerencia de Díaz Molano en un ciclo
que hicieron.
Yo volví mucho tiempo
después del 67 a la universidad y no era conocido, salvo por alguna gente de aquella
vieja época.
La idea mía es que la
Revolución cubana fue la inauguración anticipada de la década del ’60. La
década del ’60 fue la década de ascenso mundial o como se lo quiera decir: o
que la década del ’60 empezó en el ’59, o que la Revolución cubana hizo un
adelanto a cuenta de la década del ’60.
Pero la Revolución Cubana
fue un sacudón inmenso,….inmenso. No solo en el ámbito de la militancia
política.
Estuve buscando…busqué
algunas cosas para las fechas; al ponerme en esto de relatar me doy cuenta como
por ahí hay cosas que uno las tiene o cambiadas o mezcladas o diluidas. Claro,
con internet es distinto… ¿cómo hacía cincuenta años atrás quien quería hacer
algo de esto?
No había grabador como
los actuales, gran parte tenía que hacerse a mano.
Y buscar en los papeles y las bibliotecas…
Fidel vino a la
Argentina en el mismo ’59. Y ahí fue donde nos colamos.
Hay un video, que está
en internet, de la conferencia de prensa de Fidel en el quinto piso del hotel
Alvear.
Yo estaba en una
reunión en Buenos Aires, creo, de la comisión juvenil del Movimiento de la Paz,
que era mi tarea en aquel momento, y nos enteramos, entonces dijimos “vamos”.
Fidel Venía de haber
estado en Estados Unidos.
La conferencia de
prensa no era la habitual, “conferencia de prensa, quinto piso del hotel
Alvear”, por el contrario, era la imagen de la Revolución cubana. La custodia
de Fidel eran tipos barbudos, con ropa de guerrillero, con el fusil,
desprolijos estaban. ¡Era un despelote total! Era la imagen de la irrupción de
la irreverencia. La ruptura de los moldes establecidos. Quinto piso del hotel
Alvear, lleno de gente, uno encima de otro, colándose, sin control de quién
entraba y quien no entraba.
En la galería de arriba
los guerrilleros armados custodiando, abajo dos negros grandotes al lado de
Fidel q1ue también estaba con uniforme verde olivo.
Por ahí empujando y
empujando llegamos, Fidel hablaba y yo estaba colgado del hombro de Fidel.
Seríamos veinte colgados del hombro de Fidel.
Cuando fui a Cuba lo
dije “no sé si Fidel se acuerda, yo sí”
Incluso ya terminada la
conferencia, para irse, lo agarraron y lo levantaron los dos negros más
grandotes que él –Fidel era un tipo grandote- lo llevaban en el aire y por ahí
dieron la vuelta porque Fidel se dio cuenta que el gorro se le había caído. Uno
de los negros se subió a la mesa de la conferencia de prensa y desde ahí
interpelaba… ¡Un quilombo total! Era la imagen de la Revolución cubana.
Y había venido Fidel a
propagandizar…incluso estuvo reunido con Frondizi.
La visita de Fidel es
un hecho para la política y para mí particularmente, muy significativo.
Ese año fue también,
más tirando a fin de año, el IV Congreso de la FUA, realizado en Córdoba, donde
se logró desplazar al gorilismo de la dirección del movimiento estudiantil
universitario.
Se eligió una
dirección, una junta ejecutiva encabezada por Estévez Boero donde había uno del
PC después de tantísimo tiempo, con un programa de nacionalización del comercio
exterior, nacionalización de la banca, solidaridad con la Revolución cubana,
reforma agraria, enseñanza a cargo de las universidades, etc.
¿era socialista Estévez
Boero?
Él había estado en la
Constituyente del ’57 como secretario de… el que era una especie de imitación
de Palacios, Coral. Todavía no habían formado o reformado el Partido Socialista,
pero eran posiciones de izquierda.
Ese Congreso fue muy
importante y la resolución sobre el tema agrario, la redacté yo.
Fue un tema que toda la
vida me atrajo, me preocupó, me interesó y lo seguí de algún modo.
Retomando el tema del
revolucionario profesional, para mí esa definición –para mí, personal-, si le
tengo que poner fecha, es del ’59, me parece…
No hubo un día que lo
declaré y lo firmé, pero pienso que ¿cuándo lo decidí a conciencia? Y, creo que
fue en esa época.
Se respiraba en esa
época que la revolución era una cuestión…..no diría una cuestión de tiempo, a
diferencia de lo que, según me contaron, se decía en la década del ’30. Me
parece que más acertado sería decir que ese era el futuro.
La historia iba para
ahí. La historia iba para ese lado. Por eso la Revolución Cubana es el inicio
adelantado de la década del ’60, que fue la década de ese aire, del Mayo
francés….
La de la minifalda, la
bikini, la de los Beatles.
Los anticonceptivos.
Ese era el futuro. Y
bueno, no tanto en ese momento, pero no mucho tiempo después, en el ’61,
discusión central la lucha armada.
En el ’60 yo tengo un
paréntesis que es el servicio militar, VII Brigada Aérea de Morón. Fui de los
oficinistas de la compañía, “furriel” en la jerga militar. De eso conté alguna
anécdota de falsificación de firmas del jefe.
Anécdotas como todo el
mundo, en Mafalda el padre quiere contar del servicio militar. Cualquiera que
hizo el servicio militar tiene anécdotas. Para mí fue liviano el servicio
militar, en la compañía que yo estaba, en una base aérea… Los militares de la
fuerza aérea, los pilotos, su mentalidad no es la de mandar tropas, es la de
manejar aviones. Su orgullo es ese. Mandar tropas no les interesa, no les
preocupa, no es su motivación.
Y encima estaba en una
compañía de servicios. La compañía de servicio es la que se encarga de los
teléfonos, la carnicería, el comedor, todos los servicios. Ahí el carnicero,
por ejemplo, era soldado de la compañía nuestra y era un tipo que entraba y
salía del cuartel cuando quería. Era el tipo más respetado de toda la base.
La compañía nuestra
tuvo una circunstancia particular, se había quedado sin jefe no sé por qué
razón y entonces tenía de jefe “accidental” el de la otra compañía. Es decir,
no tenía ni jefe. No tenía oficial, había nada más que suboficiales. El
suboficial que estaba a cargo era un tipo que “este para pintar la casa, el
otro para traerle tal cosa”.
Salto rana sí, al
principio, un mes, un mes y medio o dos, comparado con lo que fue después, era
riguroso. Estuvimos sin salir desde que nos incorporamos hasta que salimos por
primera vez después de cuarenta y cinco días, que no vimos a la familia, no
pisamos la calle. Yo la cuento porque tiene que ver con una cuestión típica de
la política argentina, aunque esa fue en el servicio militar. El encargado de
compañía, que hacía los arreglos de acá y de allá, no estaba autorizado por el
jefe de la otra compañía a firmar órdenes de salida, pero él lo hacía y el jefe
lo levantó en peso dos o tres veces, lo engancharon. Entonces nos dice, al otro
furriel y a mí “ustedes son unos pelotudos”, “¿por qué, suboficial?”. Teníamos
un trato medio cómplice. “¿Por qué? ¿Qué le pasa, suboficial?”. Dice “sí,
escúchenme, ¿cuánto hace que ustedes están acá?”, “dos meses”, “¡dos meses y
todavía no aprendieron a hacer la firma del jefe de compañía!”.
Yo me quedé toda la
noche y al otro día le entregué el parte, el de la mañana que dice cuántos
presentes y demás. Le digo “acá está el parte, suboficial”. “Sí, andá y
llévalo”. “No, pero mírelo bien”. “Sí, ya lo vi. Andá, llévalo”. Ni leía lo que
decía. “No, mírelo bien”. “Pero y ¿por qué? ¿Qué querés que vea?”. “La firma”.
“Sí, la veo, la firma del capitán Monti”. Digo “pero la hice yo”. “A ver,
tráeme una verdadera”. Entonces le llevé una. “Está bien, eh, llevalo”.
Entonces de ahí en adelante firmaba.
Un montón de órdenes de
salida, pero a vox pópuli. Iba un soldado y decía “suboficial, se casa mi prima
allá en Mendoza…”. “Bueno, tenés que traer dos damajuanas… Andá a verlo a
Mangiaterra y decile que te firme una orden de salida”. ¡Y firmaba! A diestra y
siniestra. Le hacía un favor y la contrapartida era que los dos furrieles de
Rosario estábamos quince días cada uno, nos turnábamos. Pero eso era todo
clandestino, ilegal.
Aparentemente nunca lo
detectó el jefe de la otra compañía.
Pero una vez el
suboficial me llama y me dice “¿te acordás la otra vez cuando hiciste la
planilla de gastos por comisiones, que se llevaste a Monti, se la hiciste
firmar y después la llevaste a contaduría?”. “Sí, me acuerdo”. Y dice “bueno,
hacete otra planilla de esas, firmala y llevala a contaduría”.
Y yo pensé “acá
sonamos”.
La similitud con la
política cuál es; que esto es tácito en todo caso de corrupción. En otra escala
y de otro modo, en la dictadura lo que hacían era que todos tenían que tener
sangre en su cuenta.
Todos tenían que tener
sangre en su cuenta para garantizar la impunidad.
En mi caso era en
pequeña escala, pero ahí ya no podía negarme y me agarré un julepe bárbaro. Era
una cantidad muy pequeña de guita, lo que sería ahora $1500 o $2000, algo de
ese tipo, era la suma de una cantidad de boletos de transporte. Y no sé si fue
porque el tipo tuvo una urgencia ese día, o porque se arrepintió, pero nunca
más me ordenó algo similar… Seguí haciendo órdenes de salida decenas y decenas.
Teníamos hecho un
sistema –claro, estudiante de ingeniería- en el libro de asistencia, una
codificación que permitía saber la verdad, quien estaba realmente presente y
quien no.
Hubo un intento de
golpe de estado en San Luis, a las cinco de la mañana la compañía toda arriba,
acuartelamiento. De la compañía nuestra de doscientos soldados había ciento
cincuenta o algo así, cuando sólo diez o doce no estaban por causa justificada.
Llegó incluso al
absurdo de que un día Monti, el jefe, ordenó “que mañana se presenten los
dragoneantes” –lo dragoneantes eran soldados que se los designaba como una
especie de ayudantes- pero había uno que no estaba. ¡Qué despelote! Entonces
llamé a otro y le digo “¿no querés tener unos días de licencia?”. “Sí” dice.
“¿Vos te animás a ir mañana en lugar de fulano y presentarte como si fueras…?”.
“Sí, dale”. Perfecto.
Entonces al otro día le
digo al suboficial “ayer llegó la orden que hay que presentar a los
dragoneantes”. “Bueno, avisales y que vayan, presentalos”. Digo “no, pero hay
un problema”. “¡¿Qué problema hay?! No rompas las bolas”. Le digo “no, pero
está fulano en la lista”. “¿Sí y qué tiene?”. “Fulano no está, lo autorizó
usted para irse”. Dice “Ah, ¿y qué hacemos ahora?”.
Le digo “yo arreglé con
tal que usted le daba dos días de permiso si él aceptaba…”. “Y entonces,
pelotudo, ¡¿por qué me molestás?!”.
Ese mecanismo es un
mecanismo típico, tenés que estar enganchado. Por eso, anécdotas hay cualquier
cantidad, pero esa me quedó grabada y la cuento muchas veces. Me imagino todos
los tipos que han quedado de alguna manera enganchados porque firmaron una
licitación o algo así….
Pasa con la carrera
docente, “a vos te pusimos el carguito cuando vos querías, a vos te dimos la
licencia”. Entonces ¿qué vas a decir vos?
Es una de las técnicas
de….incorporación, de complicidad…
La palabra más adecuada
es disciplinamiento. Ahí entramos en lo que para nosotros era la gloria: poder
salir a bajo costo, traer dos damajuanas de vino…
¿línea de
adoctrinamiento político de los milicos?
No, nada. Donde estaba
yo menos que menos. Eso era un lugar que en la instrucción te hacían repetir
una huevada “fusil Máuser modelo tal”. A uno que no podía repetir, un muchacho
correntino que le costaba repetir una frasecita, ¡pah!, con el fusil en la
cabeza. Logré salir en la primera baja. Me reincorporo a la actividad y ahí es
donde paso a ser tesorero de la FJC provincial…
Bueno, ’61, Cuba, la
lucha armada. En el ambiente de izquierda, revolucionario, pasó a ser una
discusión central. A partir de la Revolución cubana iba gente a Cuba, hacían
cursos, los cubanos mandaban gente… No fue una cuestión tan espontánea.
Los cubanos organizaban
cursos de militantes y las fuerzas revolucionarias a su vez querían mandar
gente.
Fue lo de Bahía
Cochinos. Yo me anoté como voluntario para ir a combatir en Cuba, fuimos muchos
los que nos anotamos, no es que teníamos el ómnibus en la puerta para subir con
la mochila. Era un hecho de significación política, pero bueno, nos anotamos.
Edgardo Garbulsky en algún lugar lo menciona, él también estaba entre los
anotados.
Y ahí, para entender lo
de Cuba, su significación, va una anécdota: en el ’61 fueron las elecciones en
la provincia de Santa Fe donde se presentó el PTP (Partido del Trabajo y el Progreso)…que
había armado el PC con aliados, paradójicamente PTP, la sigla electoral que
utiliza el PCR fue la que utilizó el PC en aquella época.
La cabeza del PTP era
Lisandro Viale..
Fue una elección del
PTP con la candidatura de Alejandro Gómez, gobernador y Pucci a vice,
Gómez-Pucci.
Alejandro Gómez, de
Rosario, era el que había renunciado siendo vicepresidente de Frondizi y Pucci
era ferroviario, de Pérez.
El envión venía para
que el candidato fuera Viale, que era un partidario de la Revolución cubana,
había sido diputado frondicista. Pero vino el parate, no…
Claro. “Vamos con un
candidato más…potable”. Y acá en Rosario salió muy bien, metió varios
concejales el PTP. Me acuerdo que había un lugar para la organización de una
seccional electoral en la casa personal de Viale, yo fui el encargado de ir ahí
a organizar. Y el que entró quinto, se había ido a la casa porque no pensaba …
Hubo que avisarle que había entrado, porque no se lo esperaba.
Había un local del PTP
en calle Cafferata, entre San Luis y San Juan, donde solían ir a tocar los
Trovadores, por ejemplo.
Se armó una
manifestación que fue hasta el centro de la ciudad. En esa manifestación se
improvisó una consigna que era “ganamos la minoría en la primera ocasión,
mañana la mayoría y pasado el paredón”.
Después fuimos llamados
al orden. Pero lo que estaba latente…
Sí, la Revolución
cubana, que incluía la lucha armada, por eso el paredón era un símbolo. Fuimos
llamados al orden por la dirección del PC (en Cuba, el paredón era donde iban
los condenados a fusilamiento).
Claro, sí, que eso no
había caído bien, que eso asustaba a la gente, que no era conveniente ese tipo
de consigna.
Pero a la vez el
simbolismo de meter el paredón dentro de las consignas para una elección de
concejales da una idea de la presencia que tenía lo de la Revolución cubana,
¿no?
Bueno, después en el
’62 está el golpe, en marzo, donde lo voltean a Frondizi. En el ’62 hay un
congreso del PC, el título del informe era “El giro a la izquierda del
peronismo”. Un informe hecho, por supuesto, por Codovilla. Que fue un gran
fraude desde todo punto de vista, desde la propia organización del congreso.
Después del congreso contaba una de las compañeras que había estado, orgullosa
de haber participado en el XII Congreso –creo que era el XII congreso-, que la
citaron para ir a una reunión, que tenían que viajar a otro lado. Llegaron,
-era clandestino- y se encontraron con un salón todo adornado y le dijeron
“camarada, sos delegada al XII Congreso”. Estaba la lista de todos los que
tenían que ir que se convertían en “delegados” ¡habían sido designados a dedo!
Y un fraude también desde
el punto de vista político, lo del giro a la izquierda del peronismo; que
supuestamente había dado un giro a la izquierda como consecuencia de toda la
experiencia hecha a partir de lo que había sido la actuación de la dirigencia
sindical, lo que había hecho el frondicismo, etc.; que se había gestado una
diconformidad dentro de las masas peronistas y en parte importante de su
dirección produciendo un giro a la izquierda.
Algún tiempo antes de
eso hubo atisbos cuando en alguna reunión alguien decía “fulano que es
peronista me dijo ‘prepárense ustedes porque en los locales de ustedes los
peronistas van a hacer cola para afiliarse’”. Pero era una quimera…
Y en el ’62, además, yo
como tesorero -la otra vez lo comenté- no estaba directamente en la actividad
de masas, al haber un golpe, un gobierno protomilitar con Guido, el aislamiento
fue mayor.
Mi práctica política
era esencialmente resolver problemas de la guita, atender a gente, entre ellos
al flaco Menotti, al que tenía que entrevistar periódicamente.
Menotti después admitió
que se había incorporado al Partido Comunista, pero en ese entonces el contacto
con Menotti no era público y estaba a cargo mío.
En el ’63, a partir de
una discusión dentro de la dirección de la FJC, había habido no me acuerdo qué
cuestión en Medicina, … Como que hacía falta reforzar o mejorar la actividad
nuestra en la universidad.
Entonces fui designado para
desempeñarme en el movimiento estudiantil.
Fui una carta de juego
avalada por la dirección del partido o pedida por la dirección del partido para
que fuera a trabajar ahí.
Ahí pasa a ser, si bien
yo no estaba absolutamente al margen, mi actividad central.
Además, en un período
de mayor legalidad, después de las elecciones en el ’63, donde entró Illia.
Entonces pasé a ser, poco
tiempo después, el responsable universitario de la FJC de Rosario.
De ese período,
gobierno de Illia, quizá la cuestión de contexto más significativa o más
impactante fue lo de la anulación de los contratos petroleros. Illia declaró la
anulación de los contratos petroleros.
Y eso se prestaba a
cierta discusión porque ¿se podía a través de la alianza con partidos
democráticos burgueses enfrentar y conseguir reformas? El PRT, por ejemplo, lo
declaraba como algo imposible. Formó parte de toda la discusión.
Para algunos era la
contracara de la lucha armada.
No en un sentido explícito,
sino en el sentido de que también en las democracias burguesas se pueden dar
pasos.
En el ’64 hubo una
experiencia para mí muy significativa: fui por seis meses representante
estudiantil en el Consejo Superior de la Universidad del Litoral (Rosario era
parte de la universidad del litoral) en un momento que era plena década del
’60…
Entre mis lecturas
estuvo El santo de la espada, la vida de San Martín, escrita por Ricardo
Rojas.
Ahí hay una frase que
me quedó para toda la vida, que supuestamente es del escudo de armas de la
familia de San Martín.
La familia de San
Martín –el padre era español- tenía escudo de armas y ahí decía “Velar se debe
la vida de tal suerte que viva quede en la muerte”.
Tal cual la vida de San
Martín y debería ser la vida de cualquier revolucionario. Me vino a la memoria
eso porque en el Consejo Superior -estando Cortés Plá de rector y en
estudiantes estábamos los reformistas- también estaban, por la minoría
estudiantil y de egresados, los del ateneo, los clericales…Se produjo un hecho
de valor anécdótico.
Conmigo eran consejeros
Cavallero (el que tiempo después fue
intendente de Rosario) y un compañero de Santa Fe, Mario Geller, que después
fue de Vanguardia Comunista, con quien esuvimos en contacto en la década del 70.
Teníamos casi
complicidad con Cortés Plá, por ahí nos llamaba y decía “tenemos que sacar
tales cosas, ¿por qué no se encargan ustedes?”. Los decanos no iban nunca a
laburar al Superior.. Entonces nos pedía que nosotros le ayudáramos.
Era un Consejo Superior
con figuras de calidad… Estaba Gorbán de Económicas, Davie de Ingeniería
Química de Santa Fe, llamale progresistas.
Vamos a la anécdota; el 29 de mayo, o en esos días, el ateneo hizo una propuesta de un –estamos
hablando del año ’64, dos años antes del golpe de Onganía, dos años después de
la caída de Frondizi- un homenaje al ejército por ser el día del ejército. Y me
sacó del agua El santo de la espada,
porque le dije a mis compañeros “déjame a mí”.
Apoyo la moción (sonaba
insólito), creo que hay que hacer un homenaje al ejército argentino que luchó
contra el colonialismo, que en su origen fue un ejército popular, evoco las
palabras de San Martín al desembarcar en el puerto del Callao “acordaos que
vuestro gran deber es consolar a la América. No venís a conquistar países, sino
a liberar pueblos” y abundé en consideraciones políticas planteando homenajear
a esos patriotas, no a quienes hacen del ejército un gendarme de su propio
pueblo. Hubo varias intervenciones y Cortés Plá dijo “bueno, en los términos
planteados por el consejero Mangiaterra se va a hacer la resolución”.
Además, en vez de
mandarlo al diario de La Capital, se la mandó al general Rosas, que era el jefe
del segundo cuerpo del ejército, catalogado por el PC como general nacionalista.
La del Consejo Superior
fue una experiencia muy interesante. Fui designado medio de casualidad. No
porque tuviéramos la mayoría en el movimiento estudiantil, sino porque no
tenían a quien poner y entonces me llamaron a mí y me dijeron “¿vos te
comprometés a no jugar solo para tu partido, sino a que entre todos definamos
las posiciones…”? “Sí, por supuesto”.
Fue el acto de la ley
1420 en el ’64. En el Teatro El Círculo
Tengo el folleto donde
está lo que dije, pero no sé si convendría revisarlo…el sarmientismo
exacerbado.
En la Federación
Rosarina de Estudiantes Secundarios. éramos sarmientistas …
En el ’64 hubo unos
días que la pasé muy mal, “nunca tan triste”, un período corto de tiempo en que
Nega me dejó.
Yo no podía comer, no
podía dormir. La fui a ver a la hermana de Garbulsky, Miriam Garbulsky, que era
psiquiatra. Le fui a pedir medicación para tomar a la mañana para estar despabilado
de día y para tomar a la noche para poder dormir. Pero bueno, duró poco.
No fue una pelea.
Hay que preguntarle a
ella, ¿no? Creo que fue como una especie de castigo –no digo que haya sido
pensado de esa manera- por mi… hacía ocho años que estábamos de novios.
Ella ya estaba viviendo
en Rosario.
Empezó la secundaria a
los 19 años porque en Mugueta no había escuela secundaria…
Pero el día más feliz
de mi vida fue poco después cuando fuimos a ver una película, no me acuerdo qué
película era, en el salón Humberto Primo en calle Jujuy y nos reencontramos… A
pesar de que ese día no estaba tan linda como siempre, porque tenía hinchada la
cara por una muela.
Creo que ella tenía una
perspectiva de casarse, formar un hogar, tener hijos, que yo no la tenía como
inmediata. No es que la rechazaba o estaba en contra, pero al menos no la tenía
de la misma manera. Pero ella tiene que saber mejor que yo, nunca yo volví a
decir “¿por qué?” ni nada.
En cuanto a la
dedicación a la política, bueno, yo era ya a esa altura un joven destacado en
el PC.
Moretti, el principal
dirigente del partido en la provincia por ahí me felicitaba.
Ya de esa época era una
decisión de vida también, la de los chinos, “trabajo duro, vida sencilla”. La
vida era muy sencilla, en esparcimiento, en ropa, en comida. No había
ansiedades de consumo… No solo yo.
Y lo que anoto como
pregunta, porque no me acuerdo si fue ese año, pero si no fue exactamente ese,
por ahí en esa época fue, es la formación del FAUDI, Frente de Agrupaciones
Universitarias de Izquierda, como agrupación vinculada al movimiento
estudiantil.
Y la otra cosa es que
ese año me recibí de Agrimensor, rendí la última materia el 30 de diciembre.
En el ’65 comienzan a
perfilarse disidencias con la orientación del PC. Por ejemplo, sobre la caracterización
del gobierno de Illia. No eran diferencias planteadas de forma explícita,
formal, pero eran cosas que nos iban surgiendo. Hubo un discurso del Papa que publicó
el PC, lo reprodujo textual, sin crítica. Fueron cosas que cayeron mal.
Había aparecido el EGP (Ejército
Guerrillero del Pueblo), en el ’64, con Masetti en Salta.
Fue en el ’64, que hubo
un Consejo nacional de Centros de la FUA, en Medicina de Buenos Aires, donde se
mencionó…la guerrilla en Salta y ahí de nuevo el tema de la lucha armada.
Ahí también tuve una
participación importante, me acuerdo que planteé la discrepancia… -después me
tiraron un poco también del PC-… la discrepancia con la guerrilla…”La guerrilla,
la de Güemes o la guerrilla de los partisanos de la segunda guerra, habían sido
formas de lucha para combatir al enemigo por eso la discrepancia no era de
principios, sino de forma y oportunidad”. Y pregunté ¿si no les daba vergüenza
a esos compañeros llenarse la boca con la sangre de esos compañeros muertos en
la guerrilla para pretender escupirla contra la Federación Universitaria
Argentina y su Junta Ejecutiva? Ahí la barra estalló, el PC y mucha otra gente
de izquierda. Porque había sido efectivamente una cosa mal parida usar a…
En muchas ocasiones
“fui felicitado” o “fui reprendido”, “nos llamaron la atención respecto de
estas consignas o aquella cuestión”. ¿Había algo del orden de la organización
dentro de un partido que requería obediencia y eso estaba naturalizado? ¿Y no
se veía como una cuestión que obturaba cualquier tipo de movimiento renovador?
¿Eso no se planteaba entre los jóvenes?
Yo diría que coexistían
ambas cosas y coexistían en un marco donde había un protocolo. Vos podías
discrepar, lo que no podías es convertir la discrepancia en una discusión
formal donde pusieras en cuestión lo establecido.
Discrepabas porque
hacías preguntas, porque decías que había cosas que no entendías, porque pedías
explicaciones o porque actuabas -sobre todo esa, la más importante- en
disonancia con lo establecido.
Para el que no hizo la
experiencia es muy difícil de entender. Un poco antes del rompimiento, estamos
hablando del año ’67, nos convocaron, cuando ya estábamos armando una fracción
dentro de la FJC. Se ve que decidieron hacer una reunión para poner la
situación en caja, porque había habido ya varios hechos que estaban saliéndose
de…
Una reunión
supuestamente de la juventud, pero que se organizó desde el partido. Teníamos
la hora de citación…
Cabe aclarar, ahí hay
toda una historia de organización en los períodos de clandestinidad que viene
de mucho antes, aprendida desde el principio, cuando me afilié a La Fede. Para
hacer una reunión no íbamos y nos encontrábamos en un local. Era en casas de
familia y para ir a la casa no íbamos directamente y tocábamos timbre. Se hacían
citas en tal esquina -no la esquina de la casa-estos tres a tal hora y diez
minutos después entran. Estos otros tres en otra esquina distinta, a tal otra
hora y diez minutos después entran. Los que iban ahí de los tres uno solo sabía
la dirección. Y el que entró no puede salir hasta que la reunión termine, para
evitar que un infiltrado o un alcahuete marque ese lugar y la represión se
ejerza.
Había una educación de
disciplina que venía de esa cuestión trabajosa de organizar que era natural.
“¿A qué hora tenés la cita?”, “a tal hora”, “¿dónde?”, “tal lugar”. Si llegabas
cinco minutos tarde chau. Te perdías la reunión. Y además creabas una alerta.
Esa vez, se decidió
hacer la reunión y se organizó directamente desde el aparato del partido, con
el chofer yéndonos a buscar a cada uno a nuestra casa.
La reunión, la verdad,
habría que haberla filmado o grabado por lo menos. Empezó de forma clásica “Vamos
a hacer esta reunión para ver el balance y la línea política….”, pero
rápidamente derivó, alguien de la dirección levanta la mano y dice “en este
momento quiero hacer una propuesta –estaba Moretti presidiendo la reunión-
propongo que la reunión sea puesta bajo la presidencia honoraria del Partido
Comunista de la Unión Soviética”, y otro… “Una propuesta, que la reunión sea
puesta también bajo la presidencia honoraria de los camaradas Marx, Engels y
Lenin”.
¡Era un santuario! Como
me contó Jorge Rocha, que una vez en una reunión con Codovilla, poco antes de
la ruptura, Codovilla le contó la anécdota de un bandido italiano que cuando
iba a ejecutar a alguien primero iba a la iglesia a que el cura le bendijera el
puñal. Codovilla contaba que el bandido decía que así “entra mejor”. Rocha
decía “yo sentía el frío en las costillas”
Era como una ceremonia.
Y en esa reunión el asunto estaba…
Desbarrancado porque…
No es que nos expresamos abiertamente en contra, pero… Moretti era un tipo
insoportable, te interrumpía cada dos minutos para corregirte, cambiarte. Y ahí
cometí yo una…
Una herejía. Porque a
propósito fui anotando las veces que me interrumpía y llegó un momento que dije
“mire, camarada Moretti, yo le pido por favor, usted ya me interrumpió veinte y
pico de veces, yo quisiera poder…”.
No me dijo nada, se
quedó frío. Eso era inconcebible…
Después que nos fuimos
de ahí, nos juntamos en mi casa. Me acuerdo que un primo de mi abuela, que
tenía parientes en la Unión soviética y que le escribían, me guardaba las
estampillas; justo me había dejado unas estampillas con la imagen de Lenin. Me
acuerdo que me largué a llorar. Ya estábamos en una situación de una tirantez…
era una cuestión mucho más rigurosa que en la iglesia, era de secta.
Y Moretti era un tipo particularmente…
Contaban que en un cumpleaños de Moretti, organizado en un campo, con una gran
carpa y muchos asistentes uno -yo no estaba, me contaron- le comentó a otro en
voz baja “¿quién paga?” pero lo oyeron y entonces le dijeron “acá no cumple
años Moretti, acá cumple años el partido”.
No es fácil darse cuenta, comprenderlo. Y eran
años de esa mecánica. Como lo que decía Rocha, que las opiniones se vertían o
los acuerdos se hacían en el auto cuando se iba a la reunión, eso venía del
PCUS. Después en la reunión ya estaba todo formalizado. El momento de ponerse
de acuerdo o poder tantear al otro era el trayecto en auto o a pie para llegar
a la reunión.
Poco tiempo antes del
rompimiento me acuerdo que me citaron a una reunión en Buenos Aires con el secretario
general de la FJC y Rocha me pasa a buscar por la cita que yo tenía en un bar,
baja de un auto que estaba estacionado y me dice en voz baja “vamos, lo que yo
diga es la base”. Esas fueron las únicas palabras. Yo tenía que saber que el
piso en el cual yo me tenía que parar era con lo que él abriera la reunión.
Sí, era muy particular,
muy difícil de entender. Más para el medio en el cual uno estaba, donde
supuestamente la discusión política, el movimiento estudiantil, la pelea
ideológica, era de todos los días. Y la Revolución cubana era la imagen
contraria, el Che era la imagen contraria a eso.
Salto y cuento lo del año
’65, lo de Santo Domingo, la invasión a Santo Domingo.
Cortés Plá era rector
de la UNL y la universidad hizo, como universidad, un acto público en la calle
de repudio a la invasión de Santo Domingo, en la plaza Pringles.
Fue para ese acto, que
se lo propusimos desde la FUL, que hubo que conseguir permiso oficial y
viajamos a hablar con Tessio, el entonces gobernador de la provincia, Lasgoity
y yo como representantes. Los dos de Matemática fuimos a hablar con Tessio para
que permitiera hacer el acto.
Tuvimos una entrevista
con el gobernador para gestionar la autorización…
Tessio nos dijo “la
preocupación por el peronismo…”. Tessio estaba vinculado al PC.
No recuerdo exactamente las palabras. El
peronismo estaba proscripto todavía.
Entiendo o deduzco o
imagino que nos decía “bueno, yo a ustedes le doy el permiso, pero garantícenme
que esto no se me va para otro lado”. Algo por el estilo.
La proscripción del
peronismo no era un tema clave en el movimiento estudiantil antes del 66.
No había agrupaciones
peronistas como tales.
Aparecían términos
contra todas las proscripciones, repudio al asesinato de Felipe Vallese, en los
términos de política general. Pero en los términos de problema político
práctico concreto no existía. No había agrupaciones que se reivindicaran o que
se declararan peronistas.
Recién el FEN empezó
por el ’65 o ’66 a hacer algún amago sobre el 17 de octubre del ’45. Pero hasta
ese entonces en el movimiento estudiantil no... En el terreno de los
pronunciamientos generales sí eso estaba, “contra lasa proscripciones”, como
estaba “contra la guerra” o “contra la invasión a Santo Domingo”.
No como motivo de
movilización.
Vuelvo a lo del acto por
Santo Domingo en que habló Cortés Plá, también Estévez Boero.
Nosotros fuimos
promotores desde el PC, pero a la vez quedamos a medio camino porque no
logramos meter un orador. Entonces pusimos el hombro para… Yo era el encargado
de la seguridad del acto. Poníamos el hombro para la organización, pusimos la
seguridad.
Quizá conciliamos, o
quizá pudo ser un planteo en esos términos, en función de que el acto se
hiciera, conciliar y ser segundones, una cosa así. Quizá estuvo mal.
Esa vez no hubo
represión. Tuvimos la cana ahí al lado. Tenía parado al lado mío un tira –tira
les decíamos en aquella época a los policías de civil- vigilándonos a los que controlábamos
el acto.
Sobre la lucha armada.
La cuestión no era el
sentirse dominando las armas y por eso la lucha armada.
La mayoría de los que
intervenían en muchísimas de esas discusiones, pretendiendo que tenía que
pasarse al uso de las armas o que no o que tácticamente, o que una cosa o que
la otra, era una gran discusión, no eran dos bandos, uno iniciar la lucha
armada y otro la no violencia.
No era en esos
términos, entre quienes participaban no estaba en duda violencia sí o violencia
no desde un punto de vista moral. Era una discusión sobre política.
La mayoría no tenía
formación militar ni experiencia en el manejo de armas, porque era una
discusión política. En todo caso, para quienes la inevitabilidad de la lucha
armada formaba parte de la política o de la perspectiva política más acá o más
allá aparecía como una necesidad formarse. Y en eso creo que había de todos los
tipos y de todos los grados, desde quien iba a hacer un curso a Cuba hasta
cuestiones muchísimo más elementales y artesanales como la de agarrar un arma
de origen familiar e ir a tratar de practicar en un campo, en la isla o algo
por el estilo. En el medio todas las variantes posibles.
En el PC había una
preparación no masiva, no del conjunto, pero había preparación de alguna gente.
Y el PC, por ejemplo,
tenía un aparato que le llamaban –no era un nombre formal- aparato de
autodefensa. Por ejemplo, en el año ’64, fue en un acto en el salón del
sindicato de Cerveceros… donde eso se puso en práctica.
Yo no estaba en
Rosario, estaba en el interior de la provincia de Buenos Aires en una escuela
de cuadros de la juventud. Lo que decía la otra vez, en esa escuela donde Marx
y Lenin directamente no estaban. Estaban sí, pero estaban “aplicados”.
Se produjo el
enfrentamiento en Cerveceros, donde desde el punto de vista bélico, ganó el PC.
Hubo muertos, Militello era uno de los muertos y creo que hubo dos más, no
estoy seguro.
Después fue que lo
balearon a Kehoe, abogado muy representativo del PC, en represalia.
Yo estuve en el
sanatorio Británico, donde estaba internado Kehoe, haciendo guardia con un
revolver en la cintura, pero la experiencia que tenía era tirar con una
escopeta…, o con un fusil en la colimba; pero había sí tipos que eran expertos.
Ese debate abarcaba a
todo un espectro político y lo abarcaba en todas sus variantes; desde gente que
por su propia cuenta podía hacer un entrenamiento medianamente intensivo hasta
quienes empezábamos aprendiendo a armar y desarmar la pistola 45, que era lo
clásico, el primer paso de todas las instrucciones.
Estoy hablando de todo
un período; estoy hablando del PC, pero en el PCR también había instrucción digamos
militar.
En el año 1970
organizamos una salida para hacer instrucción. Una locura total visto ahora.
Doce-catorce tipos en
tres autos metiéndose en el medio de la isla con un cargamento de armas… Ahí
experimentábamos no solo con…, metralleta, también con bombas caseras.
Pero en el medio de eso
fue el secuestro del cónsul paraguayo, por el cual, entre otras cosas allanaron
la casa de mis viejos, que seguía siendo mi domicilio legal. Fue uno de los dos
allanamientos que hubo en esa casa.
El PCR estaba señalado
como sospechoso, entre otros, en momentos en que no estaba muy claro a quien atribuir esas acciones. Era cuando
los grupos de guerrilla urbana recién comenzaban a identificarse públicamente,
cuando apareció el planteo de lo que se le llamaba “la propaganda armada”.
El planteo táctico de
lucha armada de algunas organizaciones no era para tomar el poder, sino para
hacer propaganda. Formaba parte de toda esa discusión. En ese entonces la
“lucha armada” era una expresión mucho más amplia y compleja, según quien la
sustentara, que iba desde la autodefensa elemental hasta lo atribuido al Che,
“armar un grupo y desde ahí irradiar y tomar el poder”.
Durante el revuelo por
el secuestro del cónsul paraguayo tuvimos que volver y viajábamos con un
paquete de…
Se produjo el secuestro
ese y volvimos por la ruta en auto llevando una metralleta, elementos para
fabricar bombas, varias pistolas y revólver, proyectiles…….
Ahí podríamos haber… .
Por eso digo, desde las
cosas bien hechas, cuidadosas y con alto nivel, hasta las cosas más
elementales…
El tema es que fue una
discusión que en los medios políticos revolucionarios era permanente…
en el ’68, estando en
el aeropuerto de Praga para tomar el avión cuando ya volvía, encontrarme con un
cubano entre los que esperábamos para subir al avión.
Un cubano que yo no lo
conocía ni él me conocía a mí, cambiamos dos palabras ahí en la pista y a voz
en cuello dice “¿chico, y ustedes cuándo van a iniciar la lucha armada?”.
Porque era… Había
incluso una expresión desde el lado crítico hacia quienes no planteaban la
inmediatez de la lucha armada como “en Santo Domingo, en Colombia, en Perú los
revolucionarios hacen operaciones guerrilleras; en Argentina hacen reuniones”.
La asociación de una
cosa con la otra era relativa. Estoy seguro de que había quienes hablaban con
fervor de la lucha armada y no tenían –pero de buena fe- ningún tipo de
preparación. Porque estaban dispuestos, si había que prepararse estaban
dispuestos a hacerlo. Porque estaban discutiendo cuál debía ser el planteo. Y
eso fue en un alcance muy extendido.
Esa discusión abarcó…
Bueno, dentro del peronismo ni hablar. Incluso dentro del peronismo tenía su
antecedente… En el peronismo venía del ’55, venía de la resistencia peronista;
hubo un sector dentro del peronismo que reivindicaba la lucha armada no desde
un punto de vista revolucionario socialista, sino reivindicaba la lucha armada
como reconquista del poder frente a los gorilas. Y que inició acciones, la de
Valle…..realizó acciones importantes.
Era un tema de una gran
extensión que abarcaba a toda la izquierda y a gran parte del peronismo. Además,
estaba puesto en el tapete incluso en el XX Congreso, donde Jruschov, cuando
planteó las nuevas tesis sobre la posibilidad de la vía pacífica. O sea que hay
toda una época atravesada por esa discusión desde distintas vertientes… desde
pensar en los cubanos con su revolución, pasando por Jruschov planteando la vía
pacífica y en el peronismo desde la resistencia desde el ’55. Todo eso se inicia
en la década del ’50. En el ’59 Cuba, el XX Congreso del PCUS en el ’56 y el
peronismo en el ’55, años donde el tema de la lucha armada campeaba… a favor o
en contra, táctica o no táctica, estrategia o no estrategia, inmediatez o no
inmediatez… Y había experiencias históricas como la de Luís Carlos Prestes en
Brasil, que después hubo un sector surgido del Partido Comunista Brasileño, en
la década del ’60, que fue importante, encabezado por Marighella, incluso como
desmintiendo la tesis de Debray. Porque Régis Debray planteó que hay razones
que tienen que ver incluso con la biología. En el sentido de que es una cosa
para los jóvenes. Y Marighella en el ’68 declaró la lucha armada a los
cincuenta y siete años de edad, cuando Debray decía que…
El tema de la lucha
armadas conmocionó todo.
Es que es toda la
década del ’60.
Es Vietnam, es el Mayo
francés, es el Cordobazo y el Rosariazo, es la CGT de los Argentinos. La década
del ’60 fue un sacudón…
Mandela, Tercer mundo,
los no alineados.
Y el tema de la lucha
armada estaba presente en todas estas discusiones.
Bien, retomando el hilo desde lo cronológico, saltamos de la lucha armada a nuestro
casamiento, 1966.
7 de enero de 1966. Se
cumplió cincuenta años de cuando nos casamos.
Este año cuando Nega
estaba en cama por lesión en una costilla, con eso de que tenía que hacer
reposo aprovechamos para decir “bueno”, como nos había quedado un gran desorden
en algunos aspectos desde que robaron en nuestra casa, por ejemplo, las fotos
quedaron con un desparramo total y aprovechamos para reordenar las fotos.
Entonces encontramos un paquetito con las felicitaciones que habíamos recibido.
Y lo primero que encontramos es el telegrama de Florindo Moretti, en nombre del
comité provincial del Partido Comunista, la felicitación por el casamiento.
El casamiento Fue en
Mugueta, en el registro civil con el juez de paz. Uno de los sobrinos de Nega,
que era pibito, tenía ocho años, se lo perdió porque como era casamiento –en el
pueblo los chicos ya se manejan solos desde chiquitos- se fue a la iglesia. Y
hubo un almuerzo en el hotel que era del cuñado de Nega, donde vivían mis
suegros y también ella había vivido.
Era 7 de enero, pleno
verano, y había, por supuesto, lechón y ravioles. No podía faltar.
Eran todos familiares.
Si me preguntan cómo
había sido mi casamiento yo diría “un casamiento familiar”.
Pero después, pensando,
me di cuenta que omití un detalle. Familiar de mi pequeña familia y familiar de
la gran familia de Nega, que son nueve hermanos. Un casamiento con nada más que
los miembros de la familia, los nueve hermanos más sus consortes, más sus
hijos, más algún otro, hermano de alguno o sobrino de otra. Entonces, claro,
uno dice “un casamiento familiar”, se pone a hacer cálculos y dice “serán
quince o veinte”. No sé cuántos éramos, pero cincuenta o sesenta, no menos.
Así eran siempre las
reuniones “familiares”… Mi vieja decía “gracias a Nega tengo la familia que
siempre hubiera querido tener”.
La fiesta de casamiento
fue en el hotel de Mugueta, que era de mi cuñado y tenía –ahora está sin uso-
un salón comedor muy grande.
Bailamos, siempre
bailamos. Desde el día que nos conocimos hasta ahora.
Nos fuimos de luna de
miel a Córdoba. En ese entonces todavía se usaba la luna de miel. La casa que
conseguimos… era lo que yo dije “trabajo duro y vida sencilla”; mi vieja era
especialista en ahorrar.
Una tía de ella, había tenido
una casa que había donado a una entidad judía en las sierras de Córdoba, pero
había una parte que no la utilizaban. Bueno, conseguimos que nos la prestaran y
estuvimos ahí una semana o diez días de arriba. Estaba la casita para nosotros,
en un lugar hermoso, subiendo una loma, en Embalse de Río Tercero.
Fuimos a vivir –nos
duró muy poco porque fue el golpe en junio- a la vuelta de mi casa, de la casa
de mis viejos, en Avellaneda y Córdoba, por Córdoba, a treinta metros de la
esquina. En la esquina está una farmacia, que estaba ya cuando yo era pibito.
El que era dueño de la farmacia tenía dos hijas -mucho mayores que nosotros- pero
ningún varón, y entonces como que nos adoptaba a mí y a mi hermano y tenía una
casa lindera a la farmacia. Nos alquiló la casa, que estaba desocupada; antes
de casarme le pregunté si la quería alquilar y dijo que bueno, que la
arreglaba. Él de pibe nos llevaba al club Regatas, a enseñarnos a nadar.
Teníamos una relación afectiva. Era de otra época, de un barrio donde él era el
farmacéutico y, además, “diagnosticaba”… …
Alquilamos la casa esa,
que por el fondo, lindaba con la de mis viejos. Gran comodidad, pero ahí
duramos seis meses porque fue el golpe a fin de junio y nos tuvimos que ir.
Tuve que ir a hablarle a ese hombre y explicarle, no sé cuánto le mentí. Porque
le hice arreglar la casa…
Ahí nos fuimos a barrio
Parque donde compartíamos con otro matrimonio, Quito De Luca y la mujer, él era
estudiante de Arquitectura y también militante del PC.
¿cómo se toma esa
decisión “hay que dejar esta casa e ir a la clandestinidad”?
No había otra. Era
estar ahí y estar regalado.
Pensemos en el caso
Ingalinella, entre el relato aparece que se arriesgó a ir, bañarse y llevar sus
cosas, porque en el peor de los casos iba a estar tres o cuatro días en cana e
iba a salir, pero no fue así y aprendimos la lección.
A esa altura yo estaba
fichado, era conocido… … en el 61había sido candidato a concejal por el PC,
como para que figurara un estudiante en un lugar por allá atrás, pero en la
universidad yo era el principal representante del PC.
Había sido consejero en
el superior, y el que fue designado por el gobierno militar como interventor en
la universidad, De Juano, me conocía perfectamente, habíamos compartido el
Consejo Superior.
Cuando el renunció,
aduciendo, además de cuestiones personales, su disconformidad con la
orientación de la universidad, yo mocioné la aceptación de la renuncia pero el
rechazo del cuestionamiento que hacía.
Esa, mudarse, no era
una decisión estrictamente personal. Era una decisión hecha en acuerdo de los
organismos partidarios… Pero no exigía mucha elaboración. Era prácticamente
cantada y más con el tipo de golpe que fue el del ’66, con un Onganía a la
cabeza.
Entonces ahí nos
fuimos, provisoriamente estuvimos, hasta que pudimos resolver para alquilar, en
casa de un primo mío, unos años mayor que yo, que vivía con su familia, que me
guareciera. Estuvimos ahí durmiendo en un colchón en el suelo durante varios
días.
Mientras, hubo que
conseguir para alquilar y conseguir alguien, sin antecedentes, que prestara su
firma para figurar alquilando, sabiendo claro está a que se comprometía
Fue un bioquímico que
era un tipo no afiliado al PC, pero si cercano, con el cual, en el movimiento
estudiantil, habíamos tenido mucha relación.
Era así, había gente
que se arriesgaba a poner su nombre para cubrir a quienes no podían hacerlo.
No fue al día siguiente
que nos trasladamos. Estoy reconstruyendo porque hay una anécdota que me hace
recordar que cuando fue la intervención a la universidad todavía estaba
viviendo en calle Córdoba. Así que supongo que debe haber sido a lo mejor un
mes o dos meses después del golpe.
Yo me la rebuscaba,
tenía el título de agrimensor…
Trabajo estable nunca hasta
que volví a la universidad en el ’87, cuando tenía 48 años. Antes trabajé en
varias empresas, pero era en la construcción, eran por períodos. Y bueno, me la
rebuscaba y por ahí más o menos fue en el ’66 o ’65 cuando pasé a tener lo que
se llamaba una media asignación, tipo medio sueldo básico.
Nega era militante…era
parte de todo eso. Sabía lo que era correr riesgos.
Una vez cuando estaban
haciendo pintadas con Horacio Tabares, con Pirulo Corea, el arquitecto que hizo
el diseño del hospital… Clemente Álvarez, que ahora vive en Barcelona, los
corrió la cana en auto, tuvieron que rajar en auto.
Al padre de ella en el
’55 lo habían metido en cana, la tía era dirigente de la Unión de Mujeres
Argentinas.
… Visto desde otra
época parece… Pero en esa época era una cosa “normal”…
¿Hasta cuándo la
clandestinidad o semi clandestinidad?
Y…, desde un punto de
vista más formal podría ser hasta el ’78 cuando nos mudamos al barrio Rucci, donde
nos adjudicaron un departamento.
Después de vivir en
barrio Parque, donde compartíamos con otro matrimonio, nosotros en planta alta
y ellos en la baja, cocina en común y un patio en común, nosotros alquilamos un
departamento en el ’69, en calle Constitución al 1900, ya para entonces
teníamos nuestra primer hija, nació en el ’68, Mariela. Cuando vivíamos allí hubo
dos de los acontecimientos más importantes de nuestra vida, nacieron, Varinia
en el ‘71 y Danilo en el ’73. No nos permitieron inscribir a Varinia como tal
pero ese es su verdadero nombre.
Ahí ya no me acuerdo
bien si la alquilé a nombre mío o la alquilamos a nombre de Nega. Pero de todos
modos mi domicilio formal seguía siendo el de Avellaneda 814.
El de la casa de mis
viejos, que después la allanaron en el ’70 y después en el ’71. O sea cuando me
buscó la cana a mí me buscó en Avellaneda 814. Estuve prácticamente dos años
con orden de captura.
Eso de dejar de dar
domicilio falso a los amigos, a la familia, al trabajo, a lo que fuera, debe
haber cesado en el año ’78. Relativamente digo, porque ahí sí formalmente
teníamos la adjudicación en el barrio Rucci, pero yo no recuerdo que haya hecho
cambio de domicilio en el ’78.
Sí, mis padres se la
aguantaron. Cuando, por ejemplo, en el ’70 allanaron estuve más de un año sin
pisar la casa de mis padres, también casi sin pisar el centro de la ciudad.
Ellos iban a mi casa.
Cuando se produce el
allanamiento en el ’70, no fue el ejército, fue la policía. La verdad es que no
se si tenían orden de allanamiento.
En el 66, antes del
golpe, marzo creo, rendí concurso en la facultad para entrar como auxiliar
docente. Interino, ad-honorem, categoría B, o sea sub-sub. Éramos varios. Salí
primero, había más de un cargo. Y entré a actuar como docente por primera vez, Topografía
era la materia.
El jefe del departamento
era Loureiro, que era un profesor sin mayor definición política, estaba Goenaga
radical, pero ninguno de ellos de actuación política. También Berli, que
después resultó un tipo de derecha. Venesia estaba, no en la materia en
concreto sino en el plantel docente.
Había un buen clima.
Formaba parte de todo el ambiente de la universidad de la década del ’60, previo
al golpe del ‘66… fue la mejor época de la universidad, por lo menos de la que
yo conozco. Y quizá de todas las épocas.
Entendámonos, … en el ’66
se produce una cuestión muy decisiva cuando se interviene la universidad.
Cuando digo “la mejor” digo en la que se desplegó –hasta donde se pudo
desplegar- la mayor discusión política, la mayor creatividad, la mayor
innovación; fue la de Risieri Frondizi, la de Rolando García, la de Alcira
Argumedo, que era secretaria de Rolando García. Charlando, lo contó cuando vino a dar un curso para
graduados que organizamos en la facultad.
Era la época, en que el
general que luego, en el 66, sacó a Illia de la Casa Rosada, Julio Alsogaray, en el
65, había
dicho, en la revista Véritas, número 335, de abril de ese año, que
en los consejos directivos de las facultades anidaban los grupos guerrilleros.
En una reunión nacional
de Centros de la FUA lo cité textualmente. Era una época en que en el
movimiento estudiantil se había desplazado al gorilismo, era un movimiento
estudiantil que apoyaba la Revolución cubana, apoyaba a Vietnam. Los directivos
de la universidad, por ejemplo el decano de Ingeniería Química, eran
desarrollistas, pero eran prudentes. Fue la época en que se crearon los cargos
full time, prácticamente no existía formalmente la investigación como actividad
específica de la universidad antes de la década del ’60.
No se calificaba como investigador
y nadie estaba obligado a cumplir la función de investigación (había si, unos
pocos que la ejercían). Predominaba de lejos la imagen de un profesional que,
además de ejercer su profesión da clases, a partir de su experiencia y
conocimiento.
Había una función
reconocida, que era docencia. Me acuerdo una expresión de un compañero en asamblea
diciendo tenemos docentes cuya única ambición es figurar como profesor para
hacerse propaganda y publicar el aviso en el diario La Capital, “profesor
Ricardo Delgado, hígado”.
En esa época se produjo
toda una expansión, en los 60, con todas las variantes que eso tiene, la copia
del MIT, del Instituto Tecnológico de Massachusetts para la ingeniería… Era la
época en que aparecieron, con el desarrollismo, las fundaciones, la Fundación
Rockefeller financiando proyectos de investigación. Me acuerdo de un profesor
de ingeniería química comentando “sí, vino tal propuesta, no sé de qué
fundación, pero yo ni loco me animo a proponer delante de los estudiantes del Consejo
Directivo la financiación de una fundación norteamericana”. Era mala palabra
para el movimiento estudiantil de aquella época. Eran nueve universidades en
todo el país.
Por supuesto con
contradicciones, por ejemplo, por omisión, la universidad era cómplice de la
proscripción del peronismo. La universidad defendía los derechos humanos pero
sin aludir específicamente el tema de la proscripción.
Pero fue de mucha
riqueza, en el salón de actos de Ingeniería debates, mesas redondas, venían
dirigentes políticos nacionales y en algunas había trescientos estudiantes o
quizá más… Fue un período de gran efervescencia, las asambleas…….habría que
preguntarle a otra gente de esa época a ver qué imagen tienen. Me encontré
casualmente, años después, con un ex estudiante que me dijo “me acuerdo de vos,
las asambleas, ¡mierda! –dijo- me acuerdo cuando vos hablabas temblaban las
sillas, parece que teníamos que agarrar las armas”.
La participación en las
asambleas era una de mis características.
Zamboni era muy buen
orador, era uno de los oradores estudiantiles de esa época.
No recuerdo exactamente
en qué elecciones, creo que en el 73, fue la presentación de candidatos de
izquierda, del obrero telefónico José Martín para gobernador, cuando en el discurso
de Zamboni, hablando de cómo el capitalismo mercantiliza, convierte todo en
mercancía dijo “hasta el extremo de convertir un sentimiento como el amor en
parte de la propaganda comercial. Je
t’aime Peugeot”.
Era una época en que había
oradores destacados, no era por genética, era un reflejo de las luchas… Recuerdo
en el ’61, la lucha de Bioquímica, una huelga de un año contra el examen de
ingreso. Una de las cabezas era Cavallero. Sí, asamblea de Ingeniería, con
votación nominal para aprobar o no paro de solidaridad, seiscientos estudiantes.
Me preocupa
contextualizar la vida en la política.
Cundo Onganía hubo una
cuestión que era muy peligrosa; en el campo popular contó con la “expectativa
esperanzada” planteada por Vandor, en el momento cabeza del gremio metalúrgico,
o sea con un apoyo gremial como quizá el que trató de lograr Macri con Moyano. Onganía
lanzó un acuerdo con Vandor –no escrito, por supuesto- con la consigna del
“participacionismo”. Ese era el planteo político o la palabra que utilizaban
como alternativa frente a la prohibición de las actividades políticas,
sindicales, etc.; esa fue una cuestión importante, me acuerdo discusiones en
las que buscábamos consignas para oponerle. Contra el “participar” en la
dictadura, la consigna fue la del “protagonismo”, que lo que queríamos no era participacionismo,
que suena a colaboracionismo.
Y para peor la frase de
Perón “desensillar hasta que aclare”…
Ya que nombré a
Zamboni, recuerdo una noche saliendo de una reunión, clandestina, caminando por
la calle de noche y mencionando irónicamente, autoburlándonos, “no pasa nada”.
Voltearon al gobierno, los militares están en el poder y no pasa nada. se abrió
un período ahí muy duro, comenzando con la Noche de los Bastones Largos, el 29
de julio del ’66.
Hubo, sin embargo, una
resistencia estudiantil muy importante en Córdoba, que fue donde murió
Pampillón. En Córdoba los estudiantes prácticamente tomaron el barrio Clínica,
donde está la Facultad de Medicina. Pero eso fue un bolsón de resistencia.
Tomaron el barrio, la
policía tuvo que replegarse. Viajé a Córdoba, estuve reunido con la gente que
había estado en la resistencia, escuché los relatos, pero ya después del pleno
movimiento.
Ya conté cómo
eran en el PC las discrepancias, solapadas, pero en el ’66, en el ámbito
específico universitario se empiezan a explicitar. Por ejemplo, aparece nuestro
planteo (sector universitario estudiantil) alternativo u opuesto a la directiva
nacional que el PC impulsó, ante la Noche de los Bastones Largos, la renuncia
de los profesores
En Humanidades
hubo varios que renunciaron, pero fue fundamentalmente en la Universidad de
Buenos Aires.
Nosotros, en el
movimiento estudiantil –cuando digo nosotros me refiero no solo a los que
estábamos en la juventud en el movimiento estudiantil en Rosario- también en
Buenos Aires, pero acá fue donde quizá más sacamos la cabeza, nos plantamos en
contra, que no había que abandonar… que la lucha seguía, que había que estar
dentro de la universidad y que había que pelear dentro de la universidad.
Ahí el
trasfondo era una discusión que trasciende los tiempos, sobre qué es la
universidad, cuál es su caracterización política, ahí tuvimos un enfrentamiento.
Una crítica que
se venía haciendo desde distintos sectores, por ejemplo sectores del
cristianismo humanista, era que el PC consideraba a la universidad como “la
isla democrática”, una expresión que se utilizó mucho.
Cuando fue la
intervención de la universidad sacamos un volante, en el que trabajosamente nos
pusimos de acuerdo sobre el contenido con la dirección local del PC, pero que
cuando salió nos tiraron la bronca porque le cambiamos el título.
El título que de
la dirigencia partidaria ponían era “en defensa de la universidad democrática”
y nosotros pusimos “en defensa de la universidad nacional”.
Era, en el
fondo, la caracterización de la universidad.
Había aparecido
no mucho antes un artículo muy interesante de Rodney Arismendi, que era el
secretario del Partido Comunista uruguayo, sobre la universidad, que nos sirvió
mucho, nos despertó mucha inquietud. Porque además era una voz oficial de un
dirigente del PC que aparecía con otra versión.
Planteaba el
carácter contradictorio de la universidad, con una expresión que la usé después
veinte mil veces, diciendo que debíamos exigir que la universidad se
pronunciara “aunque sea a solo título de probidad científica”, la expresión
exactamente era esa.
Y el trasfondo
era ese. Para el PC la universidad tenía una caracterización que no era
formalmente “la isla democrática”, pero que estaba cercana a esa idea.
Y lo que
empezamos a esbozar era que la universidad tiene un carácter contradictorio,
que la lucha de clases es dentro de la universidad, que es algo que quizá me
han escuchado alguna vez, que vengo sosteniendo desde aquella época.
La universidad
como otro de los campos de la lucha de clases. Claro que con su singularidad,
no es la lucha de clases en una fábrica.
Es una lucha en
la cual las distintas clases tienen formas de expresarse y la lucha no solo es
la lucha reivindicativa, sino que tiene un alto contenido político e
ideológico.
Hay una
anécdota que es increíble, es para un manual.
El que había
sido responsable nacional universitario de la juventud del PC, Bernardo
Kleiner, había pasado a ser, hacía pocos años, responsable universitario del PC
nacional.
Cuando se
produjo esa discrepancia, bajó a Rosario a discutir con nosotros para hacernos
cambiar.
Vino para esa
discusión, para que levantáramos ese planteo de que no había que renunciar y
que nos sumáramos a la propuesta de renuncia de los profesores.
Uno de los que
acá renunció era un psicólogo importante, de nivel internacional, Tavella, a
quien Cortés Plá había designado como asesor de rectorado, y estaba vinculado al
PC, aunque no públicamente. Yo lo sabía, no es que trabajaba con él, pero lo sabía…
Tavella era uno de los pocos que renunció, y a un cargo importante, asesor del
rectorado de la Universidad Nacional del Litoral.
Lo voy a esperar
a Bernardo Kleiner a Rosario Norte -llegaba en tren, en aquel entonces había
tren en cuatro horas- salimos para tomar un taxi, paramos al primero que
apareció y el que manejaba era…….Tavella.
La sensación
mía fue algo así como “Bernardo, se terminó la discusión, ya está”
Entonces nos
fuimos Tavella, Bernardo Kleiner y yo a mi casa a charlar sobre el tema que lo
había traído… Esa anécdota es realmente increíble…
¿Kleiner tenía la
capacidad de escuchar?
Creo que era
mitad y mitad. Era el tipo de escucha de alguien que está militando en
política, o sea que registra, no es que no se da cuenta. Ahora de ahí a que
cambie es otra cosa, pero registrar lo registra.
Me imagino que
cuando informó allá arriba dijo “tenemos un problema”, supongo.
No sé si habrá
contado o no lo de Tavella, pero eso fue algo que, realmente, si uno quería
preparar una jugarreta no se imaginaría algo tan perfecto… Salir a la calle,
hacer así con la mano y parar el auto con el asesor…
Un tipo que
después lo contrataron en Venezuela, en Colombia, era un tipo que ya tenía un
nombre internacional.
La
caracterización de la universidad es un tema que nos viene recorriendo, tenía
preparado algo respecto a las declaraciones de Floriani. (rector de la UNR 2015
al 19).
Insisto en ese
planteo, la universidad contradictoria, sobre la base de cuatro
características: autonomía, cogobierno, ingreso irrestricto y gratuidad. No es
que cualquier universidad, en cualquier lugar del mundo, en cualquier contexto
es un campo de la lucha de clases, sino que es esta universidad, en la cual
existen esas cuatro características, que implica masividad o cierto grado de
masividad. Al haber cierto grado de masividad hay una base social estudiantil
que tiene un origen, por lo menos, de clase media.
Y puede tener,
en parte, hijos de la clase trabajadora, aunque son los menos.
Pero tiene una
base social de sectores que tienen contradicción con el enemigo fundamental. A
su vez, la masividad implica una masividad de docentes, que entonces ya no
pueden ser reclutados exclusivamente como Grondona, el compañero de Neustad, que
era profesor en Derecho de Buenos Aires y redactor de bandos de las fuerzas
armadas.
No pueden ser
reclutados como Grondona en los cenáculos de la oligarquía de las letras –de
las letras legales me refiero-. Ya no es “Ricardo Delgado, hígado”, sino que
tiene que haber laburantes entre los docentes. Todo eso arma un conjunto en el
cual es natural que se produzcan contradicciones… entonces no se puede pensar simplemente,
la universidad como democrática o como antidemocrática.
La consigna de
una universidad popular, antiimperialista…me parece discutible, al menos en lo
inmediato. Me parece que tenemos que pensar en una universidad en la cual se dé
la lucha por reivindicar a la clase trabajadora, por sus derechos, por los del
pueblo y tratar de que no prime, en la universidad, en cierta medida y hasta
cierto punto, lo que inevitablemente, en tanto subsista este sistema, tiende a
predominar, que es la ideología de las clases dominantes.
Una universidad
sin primacía de la ideología de la clase dominante dentro de este sistema en el
cual permanece esa dominación me parece un tanto utópica.
Pero a lo que
quiero llegar es que me parece errónea esa dicotomía, o universidad popular,
antiimperialista o –como en algunos momentos se ha planteado- incluso desde
algunos sectores que se reivindicaban revolucionarios o marxistas que esta es
la universidad de las élites, donde se preparan los cuadros de las clases
dominantes, que la universidad no sirve para nada, por ejemplo, el grupo
anarquista que ahora tuvo éxito en Ingeniería en un sector estudiantil.
Esa dicotomía,
insisto, me parece errónea; yo creo que la formulación adecuada es que la
universidad es un campo dentro del cual se da la lucha de clases.
También apareció,
en los últimos años, una nueva –me parece a mí en los últimos años, porque yo
no la recuerdo anterior- una nueva variante, que la menciona Floriani, que es
la universidad como “proveedora de servicios”, “del servicio público de
enseñanza”.
Entonces en el
“servicio”…los estudiantes serían clientes y la universidad un proveedor.
Escrita dentro
de la universidad por una autoridad de la universidad yo no lo recuerdo. Ni en
estatutos, ni en resoluciones del consejo superior, ni en declaraciones de
Maiorana, ni del rector actual…
La función de
extensión sí, en muchos casos, es un servicio. El IMAE (Instituto de Mecánica
Aplicada y Estructuras) cuando analiza las probetas de hormigón que le lleva
una empresa constructora para ver si reúne la resistencia reglamentaria, es un
servicio, eso está claro.
Está dentro de
la función de la universidad prestar algunos servicios, como el de ensayar
probetas, como ser analista de calidad.
Eso me parece
que forma parte, que no tiene nada de malo, que está bien cuando declararon
desde el estado, durante el gobierno kirchnerista, a la universidad como
“primer proveedor” o “proveedor preferente” para los controles de calidad de
las obras públicas.
Eso sí es un
servicio, como el servicio de salud, cuando te sacan una muela, ahí no hay
duda…
¡Pero la
educación como servicio! Ese es el tema que está en discusión…
El “servicio
público de la educación”, Floriani lo dice en esos términos, “considero que la
universidad pública tiene una misión que consiste en producir un servicio
público de formación superior y de producción de conocimiento”.
Creo que es una
discusión sobre la universidad que nos atraviesa de… Y para mí de un modo muy
personal, si le tengo que poner una fecha, desde el ’65-’66, bueno, apenas
cincuenta años atrás.
Volviendo al
tema de las discrepancias en el PC, aparecieron algunas diferencias ya más
explícitas, incluso nos citaron a una reunión nacional donde participaron algunos
del Comité Central.
En una
oportunidad en que fui a Buenos Aires, tuve que ir al comité central del PC, en
calle Entre Ríos al 1000 - era una casona antigua, toda muy bien arreglada,
puesta en condiciones, hermosa- y cuando volví quien me recibió me dice
“estuviste en Entre Ríos –a los locales generalmente se los llamaba por los
nombres de las calles: Santa Fe, Montevideo, Entre Ríos- ¿qué te pareció?”. “Y,
la verdad que es un lindo lugar”. “Sí, viste, ahí uno entra y siente la
sensación del poder”. Era una mentalidad de burócrata redomado…
Pero la mayoría
no era así. La mayoría era de trabajo duro y vida sencilla.
A mí me tocó trabajar
al lado de Svatez, un tipo que era un ejemplo de dedicación, de humildad… No es
que eso fuera excepcional…
Pero había una
capa, ¡la nomenklatura! Y era el estalinismo, pero que no tenía, por suerte el
poder… eso Rocha, cuando estábamos ya conspirando dentro del PC, más de una vez
me lo dijo “menos mal que no estamos en el poder porque si no estaríamos todos
en cana”.
Entre la
juventud y el partido había una distinción orgánica, una organización
específica de la juventud. Es decir, la juventud formaba parte del partido,
pero tenía una organización propia, diferenciada, la Federación Juvenil
Comunista
La Fede. Tenía
su comité central. No es que fuera independiente ni nada por el estilo.
De arriba, del
partido decían “este va, este no va”, pero desde el punto de vista
organizativo, operativo, tenía su comité central, su comité regional, el sector
universitario, el círculo por lugar de militancia, lo que en el partido eran
células; generalmente a cierta edad se pasaba al partido.
Yo estaba en la
universidad, en el sector estudiantil, ahí ya era medio independiente de la
edad.
Pero si te
recibías, Kleiner por ejemplo, estuvo, siendo médico recibido, un tiempo en la
juventud, pero después pasó al partido…
La edad, veinte
y pico, treinta, pero había tipos que estaban designados para seguir siendo
dirigentes de la juventud teniendo cuarenta años.
Eran
funcionarios, no estaban en una fábrica, ni en la universidad ni en la escuela,
eran funcionarios. Del comité central de la juventud, no sé cuántos eran los
miembros –yo llegué a ser suplente- buena cantidad eran funcionarios.
Muchos de
ellos, o varios, con experiencia internacional, habiendo actuado en organismos
internacionales o cosas por el estilo.
Cuando fue la intervención a la universidad, en junio de 1966, hubo un bajón muy grande
porque hubo, en primer lugar, represión. El local en la facultad del Centro de
Estudiantes de Ingeniería, en aquel entonces Matemática, lo tapiaron. Lo
cerraron con madera clavada. Quedaron prohibidos los Centros.
Estaba
prohibida la actividad estudiantil, fueron disueltos los consejos directivos,
hubo una represión que tuvo efecto. El único caso que recuerdo -y creo que fue
el único- de gran magnitud de resistencia inmediata fue el de Córdoba.
Eso duró hasta
el ’68; no es que desapareció el movimiento estudiantil.
Siguieron
existiendo los centros de estudiantes, siguió existiendo la FUA, pero era una
actividad clandestina, estaba prohibida. Yo ya estaba en la junta ejecutiva de
la FUA, viajaba. Me tocaba viajar a Córdoba, Tucumán, Corrientes, Santa Fe.
En el ’66
todavía no me había recibido de Ingeniero Geógrafo. Me faltaba una materia.
Desde un punto de vista formal era estudiante…posteriormente inicié la licenciatura
de Matemática pero quedó en el camino; me hubiera gustado mucho tener un
formación sólida en Matemática; cuando volví a la docencia sentí en carne
propia esa carencia.
La Asociación
de Profesores de la Facultad, creo que fue en el año ’68, buscando “recrear
valores” estableció una medalla de oro para los mejores egresados de cada
promoción y resulta que cuando fueron a buscar, yo era el mejor egresado de mi
carrera. Entonces me tenían que dar una medalla de oro y me la dieron. No me
acuerdo bien cómo fue la historia, para la fecha en que estaba programada la
entrega hubo un acontecimiento y se tuvo que postergar… No me acuerdo bien.
Después en algún momento sí me la otorgaron. Se encontraron con una sorpresa,
porque el cálculo lógico era “militante igual a vago”…tenía una buena
trayectoria.
Tenía dos
“bueno”, un “aprobado” y todos lo demás “distinguido” y “sobresaliente”, ningún
“reprobado”.
El ’66 era ya
un momento de expresar discrepancias en el PC, aunque de forma limitada y sobre
un punto específico, pero ya no en comentario yendo a una reunión sino en
reuniones explícitas. Todo esto se agravó en el ’67. Ya constituimos lo que se
llamaba una fracción dentro de la Fede… los que después desembocamos en el PCR.
Acá en Rosario básicamente los que encabezábamos o dirigíamos era el sector
universitario.
La palabra
fracción tenía una connotación histórica peyorativa.
Empezamos a
tener un funcionamiento paralelo. Había un funcionamiento formal y a la vez
había una organización clandestina dentro de la clandestinidad, paralela. Incluso
llegamos en algún momento, en la famosa campaña financiera que se hacía todos
los años en el mes de julio, a ocultar parte de la guita, a hacer figurar menos
guita para utilizarla nosotros en la propaganda tal como queríamos.
Abarcó también,
individualmente, otros militantes fuera del sector universitario.
Era un proceso
bastante lógico, por ejemplo, en el ’67 la muerte del Che, otro hecho que
reaviva todas las discusiones. No era solo Rosario, había compañeros de
Tucumán, de Córdoba, de La Plata, de Buenos aires.
Era en
particular en la juventud y dentro de la juventud sobre todo en el sector
universitario, como colectivo.
Había otra
gente. Por ejemplo, Otto Vargas que en el ’68 designamos como secretario del
PCR; que sigue siéndolo actualmente,
hace cuarenta y siete años; no era del sector universitario.
Pero formaban
parte, él y algunos otros, caso el Chileno Barraza, que era de la construcción
y fue dirigente del Sindicato. Pero eran compañeros sueltos. Básicamente como
sector era el sector universitario: La Plata, Buenos Aires, Rosario, eso era lo
más importante.
Se empezó a
producir un funcionamiento fraccional y cuando se produce un funcionamiento
fraccional ya estás viendo de algún modo que o ganás o hay fractura, no hay
demasiadas variantes…
La discrepancia
más fuerte, por lo menos como la viví yo, a lo mejor hay otros que la vivieron
desde un ángulo más ideológico o…
La discrepancia
más fuerte que resultaba común a todo el mundo era el método estalinista, el
ahogamiento, la falta de… La contradicción viviente de estar reivindicando una
teoría del conocimiento, de la dialéctica y estar subordinado peor que si
estuvieras en la iglesia.
Sentirse con
menos libertad que un cura. Habían surgido los curas del Tercer Mundo. Eran
muchísimo más libres que un miembro del PC.
Creo que eso
era lo más sentido, lo más abarcativo, y la base, que a su vez al masticarlo
también te va llevando a buscar causas.
Entonces
aparecen cosas como esto de la caracterización de la universidad. La
universidad democrática o la universidad nacional. “Defendemos la universidad
nacional”, con lo que tiene de democrático y lo que no tiene. “Defendemos la
universidad democrática”, porque, aun estando proscripto el peronismo, es
democrática, aunque no fuera dicho de esa manera. Predomina la ideología de las
clases dominantes y no la cuestionamos.
Se va
procesando el cuestionamiento, claro, de un modo muy trabajoso, muy retorcido,
que incluye esas cosas como las que yo conté, que te vienen a buscar a la cita
y te dicen “lo que yo digo es la base”. Y ese es el acuerdo sobre el cual tenés
que manejarte. Y con mucho dolor. A la vez con muchísimo dolor y con
impotencia.
Lo de China no
tenía, en ese momento particular influencia, pasó a ser si, en el caso
particular nuestro que estábamos en el PCR, a partir del ’70. Se habrá incubado
en alguna medida un poco antes, pero que pasó a expresarse fue a partir del
’70.
Es difícil o a
mí me resulta difícil reconstruir una cuestión tal que uno diga “tal día o tal
hora tomamos tal decisión”. Fue una cosa acumulativa que desembocó naturalmente
en que la situación era cada vez de mayor tirantez a la vez de expresar ya de
forma abierta discrepancia.
Eso culminó en
enero del ’68 cuando se formó lo que fue la base o lo que el PCR reivindica
como su fundación, que es el Partido Comunista Comité Nacional de Recuperación
Revolucionaria.
Antes vivíamos
situaciones muy incómodas en el movimiento estudiantil, por ejemplo, en el año
’67 hubo congreso de la FUA hecho clandestinamente. Realmente un gran esfuerzo,
con gente de todo el país. Y se entraban a barajar otras cuestiones: bueno ¿y
lo del 17 de octubre había estado bien? ¿Había estado mal? ¿la actitud del PC
frente al peronismo? El tema del 17 de octubre era muy importante, no porque lo
inventáramos, sino porque el FEN lo ponía delante del resto y estábamos obligados a sortear esa cosa…
No tenías una
autocrítica formal para agarrarte de esa. Y descubrir cosas como lo del libro
ese que mencioné (los escritos y discursos de Codovilla) y descubrir que en el
’43, la consigna del PC fue “todo el poder a la corte”. La consigna para la
coyuntura política frente al golpe fue “todo el poder a la corte”. Realmente
una consigna …totalmente liberal.
Discusiones
¿hay que esperar?, ¿no hay que esperar?, “está el discurso de Arnedo Álvarez,
que tiene un tono que no es el mismo”…Bueno, especulaciones, ¿habrá cambios?,
¿no habrá cambios? Hasta pensar, algunos, que es posible que la formación del
PCR se haya abortado desde la propia dirección del PC, que hayan pensado
“bueno, a esta altura conviene cortar por lo sano, hagamos una arremetida cosa
que se tengan que abrir, si no, van a crecer más”. No digo que haya sido así,
pero no es imposible. Es decir, más vale amputar ahora antes de que te
gangrene.
Ese proceso,
transitado con mucha dificultad y con mucho dolor, en el marco de la
clandestinidad, fue algo complejo, difícil.
Enero del ’68
entonces Partido Comunista Comité Nacional de Recuperación Revolucionaria, PCCNRR.
Se hace una
reunión nacional, clandestina, inevitablemente restringida, en que se forma, se
la organiza en un lugar cercano a la capital. seríamos, cincuenta o sesenta.
Ahí ya se sale
públicamente. Todavía hay unos meses, en los cuales hay una situación ambigua
de disputa de los militantes. Gente que no estaba definida y si el PC cita a
una reunión vamos o en otros casos citamos nosotros y vienen. Y está la
polémica abierta sobre el partido, la línea, los métodos, la historia, que no
duró demasiado tiempo, pero hubo un período de esa situación ambigua. Incluso
la propia sigla del Partido Comunista Comité Nacional de Recuperación
Revolucionaria era como de una especie de sector interno.
Acá en Rosario
hay un conjunto de gente que había sido aliada, que estaban como independientes
dentro de la FUA, tenían puesto un nombre como agrupamiento, estaban
encabezados por uno que había sido secretario general de la FUA… que en
realidad era tapado del PC.
Y bueno, ellos
se incorporaron. Y por ahí hubo discusiones, en alguna participé, respecto a
cómo era la incorporación, si es que se afiliaban al PC y dentro del PC pasaban
a ser parte del PCCNRR o es que no, ellos no eran del PC, eran del CNRR… Hubo
dificultades. Pero todo ese grupo se incorporó.
Es el año ’68,
un año muy particular, para mi vida personal…
Mi primer hija,
en febrero del ’68. También en el ’68 la invasión a Checoslovaquia, el Mayo
francés, la CGT de los Argentinos, ¡qué panorama¡
Ahí es cuando
la dictadura entra en la curva descendente. Se produce la fractura en la CGT…
Vandor, que hasta ese momento manejaba de forma casi omnímoda la burocracia
sindical, pierde de repente, medio sorpresivamente, no se calculaba que primara
así una línea rupturista contra Vandor.
No es que no
existiera, sino que fuera capaz de disputarle la CGT. Ahí probablemente haya
habido cierto descuido de Vandor, si no quizá hubiera liquidado a alguno
físicamente. Pero me imagino que puede ser que se haya confiado y se le
apareció un sapo bajo la cama.
El juego de
Perón era un juego que no era de uno u otro lado dentro del peronismo, era de gran
ambigüedad…
Vandor había
sido el creador del peronismo sin Perón, pero Perón tampoco rompía con nadie.
En ese año ’68
eclosionaron las corrientes subterráneas, se destapó… Y el tema no era una
cuestión solo de Argentina, no solo por el Mayo francés o por Vietnam, sino
porque el movimiento comunista internacional estaba en ebullición. Los
italianos, con las características de lo que es Italia, no tenían el
estalinismo como acá. Yo tuve la oportunidad de tener contacto con algún italiano
en el ’68 cuando viajé y para ellos discrepar, discutir públicamente y todo eso
era algo normal. No es que fueran más de izquierda o revolucionarios, pero se
podía ser heterodoxo. Bueno, los checoslovacos quisieron serlo, pero les fue
mal.
Me meto en eso,
lo de Checoslovaquia. Yo fui a fin de julio, 29 de julio o algo así viajé como
delegado de la FUA, aprovechando que había un pasaje en que pagaba la Unión
Internacional de Estudiantes.
La FUA había
jugado un papel muy interesante en la Unión Internacional de Estudiantes. … en
la década del ’60. En el movimiento estudiantil internacional, frente a la
orientación soviética… Hubo algo que fue como un mito, porque era un deseo, el del
eje Vietnam-Corea-Cuba, que nunca fue real, aunque es cierto que Vietnam no era
manejado por la Unión Soviética, es cierto que Cuba todavía no era manejada totalmente
por la Unión Soviética y también Corea con el mariscal Kim Il-Sung, al cual me
perdí de conocer por inexperto.
Porque estando
ahí en Praga el delegado coreano me preguntó qué planes tenía yo, resulta que
me habían invitado a concurrir a un evento internacional en Yugoslavia y cometí
el error de decirlo… El compañero que estaba como delegado permanente en la UIE
después me dijo “metiste la pata, porque cuando ellos te preguntan así si vos
le decís que te vas a otro lado…”. Después fue él a Corea, no me acuerdo si era
el aniversario de la revolución, esa me la perdí.
Era cuando
estaba el abuelo del actual Kim -no su padre- me refiero al mariscal Kim
Il-Sung, que fue el jefe de la lucha contra los yanquis.
Me acuerdo
haberme reunido en Praga con compañeros de República Dominicana, con muchas
coincidencias sobre las críticas a la Unión Soviética, sobre los planteos
respecto al movimiento comunista internacional.
Todo estaba en
ebullición,
Hasta poquito
antes el Che había sido desafiante de las posiciones de la Unión Soviética
formalmente.
En Italia y en
gran parte de Europa, en Francia, todas esas cosas estaban en discusión, Régis
Debray, todo estaba en discusión.
Y bueno, China
ni hablar, de otra forma, muy…los chinos con su estilo -yo no soy muy
conocedor- no tanto discutir, no tanto
polemizar.
Un compañero me
contaba sobre una entrevista con un chino, no sé de qué nivel o jerarquía era,
y bueno, había mucha coincidencia, entonces por ahí salió el tema del culto a
la personalidad y este compañero empezó a criticarlo en el plano teórico, ¿no?,
el tema del culto a la personalidad… Y el chino totalmente de acuerdo. Hasta
que el chino la remató, dijo “eso es lo que plantea el compañero Mao”.
Yo fui como
delegado a la UIE, pero la misión era, en paralelo -y eso era lo principal- tratar
de informar la situación con el PC, hasta donde se pudiera, incluso con los
soviéticos.
Representante
del PCCNRR, la primera misión internacional para divulgar su formación, con
todos los que se pudiera.
Porque lo del
PCR inicialmente no apareció como una ruptura con los soviéticos, con el PCUS,
sino con el comité central del PC argentino. La ruptura con la posición del
PCUS justo fue a partir de lo de la invasión a Checoslovaquia. Ahí fue la
definición crítica.
Pero hasta ese
momento incluso la posición de la cual yo era portador era como que la Unión
Soviética era… merecía críticas, pero seguía siendo campo del socialismo.
Yo fui al
festival, delegado a través de la UIE, delegado de la FUA, al Festival Internacional
de la Juventud y los Estudiantes en Sofía, Bulgaria. Primero fui a Praga, de
ahí viajamos a Bulgaria. Llegué medio tarde, estuve los últimos cuatro días del
festival. Pero la misión era hacer todas las entrevistas posibles con los que
fueran: franceses, italianos, españoles, checoslovacos.
Era con
traducción de una manera u otra.
Bueno esa era la
misión. Volvimos de Bulgaria a Praga, yo había ido a fin de julio, ya habrán
sido quince días después, toda la imagen era que habían llegado a un acuerdo
los checoslovacos con los soviéticos en Bratislava, en la localidad Cierna nad Tisou,
cercana a la frontera.
Antes de viajar
a Bulgaria, la imagen de Praga era justamente el deshielo total, la gente en la
calle discutiendo política. Se juntaban en una esquina y había discusión, había
debate. Un clima de libertad política, de discusión política. Después de la
invasión, tuvimos más oportunidad de conocer mejor los términos de la discusión
política porque nos encontramos allá con Horacio Ciafardini.
Horacio era
rosarino, habíamos sido compañeros de militancia acá en el movimiento
estudiantil. Él después se incorporó al PCR cuando volvió a Argentina.
Un gran tipo,
excelente, y un políglota, hablaba siete idiomas.
Estaba con una
beca en Polonia y nos encontramos en el Festival. Entonces estuvimos
conviviendo los días posteriores a la intervención y como él manejaba siete
idiomas -varios idiomas más los deducía- nos traducía… Entonces recorríamos,
relato lo que yo vi …
Aparentemente
habían llegado a un acuerdo el Partido Comunista de Checoslovaquia, encabezado
por Dubcek y el PCUS por Brezhnev. El 20 de agosto a la noche se oyó unos ruidos
de aviones
Yo estaba
parando en un hotel y no me acuerdo si a las tres de la mañana o a qué hora era
me vino a buscar un compañero argentino para ir a la casa del Gringo, que era
el delegado permanente de la FUA en la UIE, que tenía ahí apellido de
circunstancia. Era de acá de Rosario. También nos conocíamos con él y con la
esposa.
Me dijo que se
había producido la intervención militar soviética.
El grupito de
argentinos nos concentramos en el departamento de él que estaba alejado del
centro, en un barrio, por seguridad incluso, por lo menos para saber uno qué
había pasado con el otro.
Con nosotros
estaba un delegado telefónico que había concurrido al Festival en Bulgaria, García,
delegado telefónico peronista, Ciafardini, el Gringo y yo, cinco o seis.
A la mañana, ya
de día, nos asomamos a las ventanas y vimos entrar las tropas sin resistencia.
La directiva de Dubcek (secretario del PC checoslovaco) o del sector de Dubcek
era no resistir. Era paradójico porque uno tenía toda la imagen de…
Argentina, del
’55, el tipo que conté abriéndose la camisa, “tiren, hijos de puta”, también la
imagen de cuando Los Bastones Largos.
Y en cambio, ahí
en la esquina, la cana dirigiendo el tránsito, parando el tránsito de un lado
para darle paso a las tropas en los tanques rusos. La imagen además de cola en
los almacenes –todavía no se hablaba de supermercados- para comprar comida.
Porque por otra parte los europeos tienen experiencia, más que nosotros, en ese
tipo de circunstancia. Y nos quedamos ahí esperando un poco a ver qué pasaba.
Para el mediodía más o menos decidimos ir al centro, a la sede de la UIE, de la
Unión Internacional de Estudiantes.
Para llegar, ya
cerca del centro, tuvimos que dar un rodeo por una manzana porque había un
lugar donde se había producido una situación de choque. Era la radio, una
emisora de radio importante, oficial, por supuesto.
Hubo un intento
de resistencia encabezado desde el sector que estaba a cargo de la radio que pusieron
dos ómnibus atravesados en la calle frente a la radio, de un lado y del otro.
Los soviéticos llegaron con los tanques y pasaron por arriba de los ómnibus.
Y estuvimos ahí
en la UIE, era un revoltijo porque los empleados eran checoslovacos, había
gente de distintos lugares del mundo.
Bueno ahí las
recomendaciones, me acuerdo de esas cosas de gente que estuvo durante la guerra
que decía “no asomarse a la ventana”, hay peligro de balas perdidas o de franco
tiradores.
Llegado cierto
momento, cuando pareció que reinaba la calma salimos y llegamos a la plaza, a
la avenida San Wenceslao, que es una avenida muy ancha, de unas cinco o seis
cuadras de largo, frente a la cual está el museo nacional o el parlamento, no
me acuerdo. Una avenida muy ancha, al estilo de la 9 de julio, que era el lugar
clásico de concentración de Praga. Y era un mundo de gente, por lo menos cinco
mil personas, eran miles, en el medio de las cuales estaban algunos tanques y
los militares rusos intentando discutir, saliendo, parándose arriba del tanque
e intentando discutir con los checoslovacos. Yo no sabía lo que decían, pero
era evidente. No era un enfrentamiento violento, era verbal. Hasta que eso iba…caldeándose,
caldeándose, caldeándose
Y de repente se
oyó la ametralladora, un tableteo de ametralladora desenfrenado. Por supuesto,
rajamos como pudimos y la imagen que me queda… es la que vi cuando vi la
película La insoportable levedad del ser, de Kundera. Corriendo por una calle
de Praga en una imagen que era de película de la Segunda Guerra. Porque yo a
esa imagen la tenía… Praga es una ciudad que en la parte central es la misma
que aparecía en las películas de la Segunda Guerra. Y el tableteo de la
ametralladora, la gente corriendo desesperada…
Sí, todos
corriendo desesperados. La idea era que eso había sido una masacre espantosa.
Después nos enteramos… corrimos hasta que pudimos salir de un cerco que habían
armado más allá con tanques rusos, una
línea de control. Claro, los soviéticos no tenían posibilidad de manejo de la
gente, no eran policías, eran militares. No tenían ni forma ni experiencia.
Entones lo que hicieron fue ametrallar el frente del edificio, no ametrallaron
a la gente. De esa manera lograron dispersar, resolver la situación que se les
iba de las manos. Pero en el ínterin la sensación fue de estar en el medio de
una masacre y huyendo desesperados.
Y discusión.
Mucha discusión. Esos días posteriores fueron de resistencia pacífica o de
ignorar al invasor, de una a la otra. De darle agua a los soviéticos y discutir
o de ni hablar.
Íbamos con
Ciafardini y él nos iba traduciendo. Yo hice una libretita con las consignas
pintadas en las paredes: “Lenin, despiértate, Brézhnev se ha vuelto loco”,
“Iván, vuelve a casa, Natacha te está esperando”. En general la discusión,
hasta donde pudimos entenderla, era de muy bajo nivel político. Los checos
reprochando “¿qué tienen que hacer ustedes a venir acá?”. “nosotros defendemos
el socialismo”. “Acá el socialismo no está en peligro”. “Pero mi padre vino acá
como soldado a liberar Praga o Checoslovaquia de los nazis”. “A su padre lo
apreciamos y lo homenajeamos, pero usted no está haciendo lo mismo”.
Pero las
consignas también… Quizás esa la de “Lenin, despiértate, Brézhnev se ha vuelto
loco” era la de más alto nivel político. Eran de un nivel político muy bajo. discutir
y discutir dos o tres días, con por ahí algún enfrentamiento esporádico, pero
yo no vi ninguno. Estuve repasando, buscando datos y por ahí dice 108 muertos,
puede ser también en otros lugares fuera de Praga.
Claro, porque
no hubo una directiva de resistencia, salvo alguna cosa aislada. Y después
pasar al aislamiento, a no hablar, no darle agua. Los soviéticos volanteando,
repartiendo propaganda, gente juntando los volantes, poniéndolos en el piso en
una esquina y quemándolos. Yo saqué fotos y me traje la libreta y todo eso lo
perdí.
No lo eliminé
yo. En un allanamiento, no en mi casa, en el año ’71, donde habíamos puesto
material comprometido en un lugar supuestamente seguro lo detectaron, allanaron
y entre las cosas que desaparecieron estaban la libreta esa, las fotos y las
cartas que yo escribía, que yo me escribía.
Me escribía a
mí. No hice una crónica propiamente dicha. Pero durante ese tiempo que estuve
en Praga me mandaba cartas a mí, como que alguien de allá me estaba
escribiendo. Habría que preguntarle a Nega, porque Mariela nació en febrero, yo
me fui en julio, tenía cinco meses. Volví cuando tenía ocho. Y hubo un período
que no se sabía nada, no había comunicación. Más vale que no había WhatsApp,
estuvieron cerradas las fronteras, cortadas las comunicaciones.
Ah, a Praga fui
con un modestísimo equipaje y salí de acá sin un mango, con diez pesos de acá,
diez pesos en el bolsillo. Un argentino que estaba allá como becario me llevó a
hablar con el secretario de la UIE, antes de la invasión.
Era una cosa
medio tradicional eso, tratar de traer algo de guita … Yo compré, por ejemplo,
una cámara fotográfica -no me acuerdo cuál era la marca, las checas que era muy
buenas- no para mí, sino para la FUA, para después poder venderla, también
traje una máquina de escribir.
Entonces dijo “al
compañero Aldo, de Argentina, le harían falta viáticos, mirá cómo está vestido”
Y bueno, me dieron unos viáticos. Me alcanzó para andar por todos esos lugares.
El pasaje ya estaba, pero para arreglármelas, incluso traer para vender.
Esa fue la
experiencia. Después de eso viajamos a Yugoslavia a un seminario, en Dubrovnik.
Y después volví a Praga y fui a París, donde de algún modo recuperé el aire,
porque fui a la sede de la Unión Nacional de Estudiantes Franceses, estaban
preparando el acto que mencioné antes y entonces estuve cortando volantes, en
un ambiente no burocrático, similar al del movimiento estudiantil argentino.
Tanto en
Yugoslavia como en Checoeslovaquia el partido era un aparato de poder
organizado burocráticamente. En Yugoslavia el tipo que nos había invitado, que
nos había recibido, que era un dirigente estudiantil, no sé si máximo o no,
pero era un funcionario, al cual le pedimos documentos sobre el movimiento
estudiantil y, en general sobre política. Me acuerdo que una de las cosas que
le preguntamos a otro fue, qué pasaba si se moría Tito y dijo “catástrofe”.
Al que nos
recibía le pedimos material, programas del partido y dijo “bueno, pero eso la
semana que viene porque hoy ya es viernes y las oficinas están cerradas”.
En cambio,
cuando fui a Francia, en la sede de la Unión Nacional de Estudiantes Franceses
era el ambiente al que uno estaba acostumbrado. Y más, era el ’68. Ahí me hacía
de traductor un español que estaba viviendo en Francia, que era estudiante, y
fue que hablé… Ya había sido invitado por los franceses para hablar en el acto,
se ve que ellos querían sumar…
Ahí me acuerdo
que nombré a Pampillón en el discurso y el español iba traduciendo cada párrafo
y cuando dije “Santiago Pampillón” no sabía si era algo para traducir, “dit le
nom”, “dijo el nombre”, no le salió…
En París paré
en una residencia de la universidad, gratis; hice contactos en Francia, desde
ya, el más importante, Jacques Sauvageot, uno de los tres líderes del Mayo
Frances.
Y después fui a
Madrid, ahí también tenía un contacto avisado, estuve parando una semana en la
casa de una pareja de becarios argentinos…
En España
todavía estaba Franco. La primera sorpresa fue -yo dormía en un departamento de
esa pareja- y al otro día le pregunté “escuchame, ¿hay algo acá abajo? No sé,
¿hay fiesta?”. Porque anoche cada tanto se oía que aplaudían. “Ah, no –dice-
son los porteros”. Cada cuadra en la época de Franco, tenía un portero, que era
funcionario oficial. Nadie tenía llave de entrada a su casa o al edificio. Para
entrar lo tenía que llamar al portero y el portero le abría y podía entrar a tu
casa o al edificio. Y para llamar al portero, llegabas y el portero estaba
medio adormilado en un rincón, entonces golpeabas las manos, venía el portero y
te abría.
Incluso cuando
terminó Franco era un problema que tuvieron que resolver, eran muchos miles.
Había que darles un laburo.
Y ahí hice
contacto con gente del Partido Comunista español. Ahí el tema de clandestinidad
era muy difícil, cómo hacer contacto, era muy riesgoso. Vos llegabas e ibas
contactando de escalón en escalón, pero formalmente… ninguno decía ser miembro
del partido. “Ah, bueno, ¿te interesa? Yo conozco uno…”. De palabra ninguno era
miembro, hasta que lograbas llegar…días mediante, a alguien que admitía
representar al partido. Y bueno, en un par de veces pudimos charlar, contarles
lo que pasaba y me encontré con una actitud abierta, no de rechazo. Bueno, eso
fue lo Madrid…
Pasando a otro
tema del ’68.
La CGT de los
Argentinos programó un acto el primero de mayo del ’68 en la calle Córdoba, frente
al local de la CGT, cuando ya estaba Quagliaro; nos rodeó la cana, para impedir
el acto y quedamos encerrados, tuvimos que salir por los techos.
Por vía de la
FUA teníamos contactos importantes con gente del movimiento sindical.
Había uno, me
acuerdo, un dirigente nacional de Telefónicos, Morán si mal no recuerdo, era
uno de esos típicos casos de gente del peronismo combativo. En una reunión que
hicimos, de la FUA con él y otros, una vez establecidos ciertos acuerdos, hubo uno
de los participantes que dijo “esto habría que mandárselo al general a ver si
él lo aprueba”. Y este Morán “¿cómo no lo va a aprobar? ¿Vos tenés dudas,
pensás que Perón puede estar en desacuerdo…?”.
En lo del PCR,
el planteo formal inicial era que la discrepancia con la Unión Soviética era
solo parcial. A partir de lo Checoslovaquia pasó a ser una crítica abierta a la
política del PCUS.
Y de entrada en
el PCR lo que se planteó para el movimiento obrero fue una orientación clasista
que después devino en lo que fue el SMATA de Córdoba. El PCR, a mi juicio, hizo
un gran aporte. Los acontecimientos que culminaron en el Cordobazo y Rosariazo en
el ’68 empezaron en Corrientes, en el movimiento estudiantil.
Cuando fui a
Corrientes por la FUA ya habían ocurrido los principales hechos locales y el movimiento
estaba en la curva descendente.
Me acuerdo que
estábamos en una reunión…claro, la militancia estudiantil de aquella época en
Corrientes,…¡otra que vida sencilla!… Justamente el asunto empezó con el
comedor. Estudiantes que, por ahí, el fin de semana, que no estaba abierto el
comedor, era mate y galleta.
Estábamos
reunidos en una casa y se comenzó a oir una sirena que se acercaba y unas luces
fuertes. Hay que tener en cuenta que había habido una represión bárbara, fue la
muerte de Cabral.
Y la sirena
cada vez llegaba más cerca, empezamos a armar la huida por no sé qué lugar, pero
resultó que era una ambulancia que iba ahí a un par de cuadras.
De la
militancia de Corrientes, tengo un recuerdo gratísimo de su abnegación, de la
sencillez, de la humildad.
Después fue acá
lo de Bello, Blanco, yo lo estuve viviendo medio de costado, porque estaba en
Buenos Aires en la dirección de la FUA y llegaba medio tarde. Y después el
Cordobazo. Viajé después del Cordobazo a Córdoba para organizar el aniversario
de la reforma universitaria…
ahí es donde
fue que anoté que hicieron eclosión los ríos subterráneos, “afloraron los ríos
subterráneos”.
El periódico de
la CGT de los Argentinos no circulaba en la universidad, pero sí entre la
militancia. Sí, ya había toda una no sé si llamarle literatura, los programas
de La Falda, de Huerta Grande, de la CGT de los Argentinos, todo eso era
consumo… Era parte o insumo de la militancia.
Ongaro adquirió
un gran prestigio. El nombre Ongaro se convirtió en prestigioso, no solo por
ser combativo creo yo, sino por ser la imagen del enfrentamiento a Vandor, que
era la imagen de la entrega, de la lacra del movimiento obrero.
El cierre de
los ingenios azucareros fue en el 66. Y la FOTIA, como Federación Obrera de
Trabajadores de la Industria Azucarera fue muy combativa…, eso en la
universidad se reflejaba, aparecía, se conocía, tenía repercusión.
Tucumán Arde fue
producida en el ’68, fue por ahí. Tendría que buscarlo.
La CGT de los
Argentinos se constituye en…abril del ’68.
Uno por ahí relata
cosas que sucedieron en otra época o en otras condiciones y al simplemente
contarlas pueden parecer distintas a lo sucedido, porque, sin adentrarse en el contexto
de época se modifican.
Por ejemplo, lo del
viaje a Checoslovaquia, en aquella época eso era detrás de la “cortina de
hierro”, entonces no se podía salir con el pasaporte argentino y decir “voy a
Checoslovaquia”.
Por las dudas hubo que
hacer documentos falsos, para el viaje, aunque después no los necesité. Lo que
hice fue ir a Montevideo y desde ahí salí para ir a Checoslovaquia. Cuando
entrabas a los países detrás de la “cortina de hierro” no te sellaban el
pasaporte, sino que te daban una cartilla, un papel donde constaba que vos
habías entrado y debías presentarla al salir.
Eso quedaba totalmente
separado del pasaporte. Entonces cuando uno dice “viajé” suena como “claro, voy
al aeropuerto” pero no era tan sencillo.
Era en la empresa SAS
(Scandinavian Airlines System). Ahí estaba de agente en Praga un uruguayo,
supuestamente apolítico, no sé cuan cierto era eso.
El vuelo hizo escala en
Frankfurt… y también en Monrovia, la capital de Liberia, en África.
Era un vuelo directo
con escalas. Y una cosa que me acuerdo del viaje ese es que recién había salido
el diario del Che.
Entonces en el viaje
iba leyendo el diario del Che, a la ida.
Viajé creo que el 29 de
julio, o algo así, y ya había aparecido en esos días el diario del Che. Unos
cuantos días antes porque ya se lo podía conseguir impreso. El diario del Che
lo leí, si no todo, parte importante, en el viaje a Checoslovaquia.
Retomando, creo que en
algún lugar estaba dicho que cuando formamos el PCR en el ’68 inicialmente las
discrepancias –por lo menos así aparecieron, independientemente de que alguno
estuviera mirando más allá- aparecían centralmente como una cuestión interna
del PC argentino y centradas en gran medida, si bien con aristas políticas
importantes, en la cuestión de lo que le llamábamos o se le llamaba “los
métodos”, el tema de la democracia interna. Inicialmente estuvo centrado en
eso. Con lo de Checoslovaquia es donde se produce un vuelco.
En el viaje me encontré con gente que estaba planteando cosas similares y
además con gente que quizá podrían tener discrepancias en otro sentido, pero
que no tenían prohibido opinar dentro de su partido, que estaban acostumbrados
a que las opiniones que tenían las pudieran discutir, que era natural que se
pudiera discutir. En nuestro caso, con lo de Checoslovaquia, se produjo un
vuelco en el sentido de pasar a criticar no solo ya al PC argentino, sino a la
madre de todas las madres, al PCUS. Y entonces ahí se entra en un terreno de
análisis más profundo, que no solo es la crítica a una actitud política o a un
hecho o a una acción política como puede ser por ejemplo la invasión a
Checoslovaquia -que siempre hay un margen para que a una acción política se la
pueda considerar, desde una mirada benevolente, un error- sino que se entró a
un análisis más profundo en el sentido de plantear el interrogante ¿cuáles son
las verdaderas relaciones de producción en la Unión Soviética?
Ese es un tema clave.
Planteado en aquel entonces, también ahora, más o menos en los siguientes
términos: desde el momento -no me refiero al día histórico- que desaparecieron
los soviets, desde que se produce una férrea centralización, desde que la
economía, la producción, pasó a ser manejada por un aparato de una forma
parecida o similar a la que ocurre en el capitalismo, los productores y, en
particular los obreros fueron apartados del manejo decisorio sobre el uso de
los medios de producción. El manejo de los medios de producción pasó a manos de
un sector restringido, limitado, que además tenía el manejo del poder.
Y también privilegios.
Entonces había “otra cuestión”, que iba más allá del estalinismo o de una
política equivocada, había un sustrato que era la base sobre la cual estaba
edificada toda esa “otra cuestión”.
Por ejemplo, la actitud criticada por el Che respecto a que la Unión
Soviética cuando negociaba con países dependientes, decía que negociaba de
igual a igual, y el Che decía “pero negociar de igual a igual es aplicar las
leyes del mercado internacional”. Entonces ese tipo de cuestiones fue lo que se
empezó a discutir, si le tengo que poner una fecha, después de lo de
Checoslovaquia. Ahí aparece una profundidad en la crítica que hasta ese momento
no se había realizado. No solo una profundidad en la crítica, sino una
posibilidad de explicar para atrás, de explicar gran parte de la historia. Por
ejemplo, del pacto Molotov-Ribbentrop, del acuerdo de Yalta de división de
esferas de influencia o de la dependencia de los partidos comunistas que
durante la Segunda Guerra y en la posguerra obraron -el caso de Codovilla acá-
representando no los intereses de la clase obrera argentina, sino las
directivas de la Unión Soviética. Ese era el problema, agravado por supuesto
por los métodos estalinistas.
Claro, el estalinismo
no es la causa, sino que el estalinismo es un agravante.
Uno nunca sabe todas
las lecciones que le puede dar la historia. En China creo que se ha producido
un proceso de contenidos en parte similares, pero no ha tenido las mismas
características. Deng Xiaoping no fue un dictador, fue de otra manera, tampoco Mao
ejerció el poder al estilo Stalin.
Estuvo al frente…de la
Revolución Cultural, pero ahí estaba en plena lucha y era una lucha abierta.
Stalin era único,
indiscutible, nada se discrepa y esto vale para todo el mundo. Mao más allá de
si él lo quería tener o no, no lo sé, pero nunca estuvo en esa situación y
nunca manejó el movimiento comunista internacional.
Tuvo influencia, por
supuesto, pero una influencia ideológica, no del manejo de un aparato mundial
como tuvo el estalinismo o el PCUS con Stalin a la cabeza. Por eso digo “el
PCUS con Stalin a la cabeza” porque esa autocrítica de Jruschov de cargar todo
en Stalin es también una manera de zafar él y sus cercanos…
Me acuerdo la discusión
de aquella época –estoy hablando después del ’68, no en el cincuenta y pico
cuando fue el XX Congreso del PCUS-. Algunos análisis planteaban que con Stalin
ya había esbozos, pero que en el XX Congreso se dio un golpe de timón…
aduciendo que fue un golpe interno dentro de la nomenklatura, porque se cambió
la mitad del comité central. Y me acuerdo que mi opinión era: sí, bueno, pero
se cambió nada más que la mitad, quiere decir que la otra mitad ya estaba. La
que estaba haciendo la política anterior y siguió haciendo... No sé si me
explico, no es que cambiaron todo o el 70 u 80%, sino que los que hicieron ese
golpe ya estaban y estaban en la cúpula, con Stalin, y eran estalinistas.
Se entró a discutir ese
tema, qué es eso. Porque creo que fue un salto desde el punto de vista
ideológico muy importante el pasar de discutir solo la política de la Unión
soviética a pasar a discutir el carácter de la sociedad, no me gusta decir
soviética, sino de la Unión Soviética. Porque de soviética le quedaba el
nombre, los soviets no existían más. Entonces sí, ahí se abrieron
interrogantes. ¿Qué es eso? ¿Es capitalismo de estado? También quizá hubo
alguna otra elaboración teórica que anduvo buceando en la historia buscando
modos de producción que hubieran existido previamente.
Decenas de años, fue un
proceso que tiene que haber tenido las primeras expresiones en la década del
’30 supongo.
Que fue progresivamente
produciendo una transformación dentro de la Unión Soviética, con una cuestión
muy particular en el medio, particularísima, que fue la guerra.
La guerra produjo como
una especie de paréntesis, aunque quizá está mal decirlo así, porque no es un
hecho antinatural, por causas ajenas al hombre, como sería la caída de un
meteorito.
Fue natural, pero fue
singular. … Fue una cosa muy particular.
Ahí se galvanizó toda
la Unión Soviética contra el nazismo. A pesar de que hubo un hecho
contradictorio, previamente, que fue el pacto Molotov-Ribbentrop, por ahí he
leído que incluso hubo acuerdos para aceptar la división de Polonia. Entonces
eso pone como un paréntesis en ese proceso de lucha de clases… se remueve toda
la sociedad en todos los sentidos.
Si uno quiere analizar
las relaciones de producción, todo el período de la guerra…. Y de la posguerra
inmediata es… son diez años en los cuales todo está condicionado a eso…
Todo es atípico, todo
es un país que quedó destruido, más de 20 millones de muertos. Es difícil o
imposible encontrar un proceso que uno diga empezó, por decir algo, en el ’35 y
siguió durante treinta años. No, hubo ahí en el medio diez años por lo menos de
una situación totalmente distinta, en la cual incluso dudo que alguien muy
lúcido en la Unión Soviética, en el año cuarenta y pico, se hubiera puesto a
decir “vamos a analizar las relaciones de producción, si los obreros…”. Estaban
con centro en otra cosa.
Desde el punto de vista
del proceso productivo lo característico fue la destrucción de fuerzas
productivas por el ejército invasor. Eso fue lo esencial y quedó en un plano
distante el tema del análisis de las relaciones de producción en tanto
socialista o no. Porque ahí lo esencial, lo llamativo era la destrucción de las
fuerzas productivas.
Y ante un enemigo de
esa magnitud, de esa ferocidad, se cerró filas de buena o de mala gana, con
entusiasmo o con desesperación, lo que pone un paréntesis en relación al
decurso previo donde están en juego de mala o buena manera cuestiones que hacen
al rumbo a seguir, de repente se dice “bueno, esto se terminó, acá todo el
mundo alineado”.
Por eso digo diez años,
un período supongamos del ’40 al ’50, por decir algo. Eso estuvo todo alterado,
porque si uno dice “del ’30 al ‘60” pareciera que ahí hay un proceso continuo,
ininterrumpido y no, por lo menos hubo diez años que sacudieron a todo el mundo
de otra manera.
¿Qué visión llegaba
acá, “al mundo occidental”?
Lo que pasa, me parece
a mí, por lo menos la visión mía, es que llegaba… El problema era el mensajero.
¿Qué llegaba? Llegaba la revista Selecciones del Reader’s Digest.
Llegaba la propaganda
yanqui, era plena guerra fría. Estaba hecha desde un lugar que pretendía
justificar lo que pasaba acá, la segregación racial en Estados Unidos, las
colonias en Asia y en África, la represión en América; la crítica a la URSS aparecía
como una denuncia de los verdugos de acá. Era poco creíble.
Entonces en esas
condiciones eran voces muy poco creíbles. Era el verdugo, el de la bomba
atómica en Hiroshima y Nagasaki, el de la invasión a Guatemala, que está
denunciando que hay otros que son verdugos. Y además por eso creo que también
fue una bomba lo de la defenestración de Stalin… No solo acá. Creo que en
Europa también lo fue, más allá de había presencia de exiliados rusos, no lo
sé…
Yo conocí a un tipo que
había sido miembro del soviet de Moscú en el ’17.
Era un pariente lejano,
vivía en Mendoza. Estuve una sola vez con él, cuando estuvo de visita acá en
Rosario y la fue a visitar a mi vieja… sería un primo de mi abuela, o algo por el estilo, no recuerdo. Tuve oportunidad de charlar personalmente con él. Se había
exiliado de la Unión Soviética por el ’20 o ’21, por ahí. Me contó “yo era
miembro del soviet de Moscú. Yo los escuché hablar personalmente a Lenin, a
Trotsky, yo era menchevique y criticaba a los bolcheviques y los enfrentaba. Y
cuando vine acá y conocí lo que era el capitalismo me hice bolchevique”. Y se
había hecho del PC.
Yo creo que recién
–esto es una opinión muy personal- recién cuando Jimmy Carter -presidente de
EEUU- vio la punta del hilo de dónde tirar -claro que lo vio después del XX
Congreso- centró la guerra fría, el enfrentamiento con la Unión Soviética, en
el tema de los derechos humanos, ahí ganó la batalla, año 1977.
La crítica a la Unión
Soviética ya estaba, pero la denuncia fue mucho más intensa. Fue después de
1976, año en el cual la Unión Soviética canjeó, con Pinochet, al secretario del
PC chileno, Luis Corvalán, por un disidente soviético. O sea la declaración
pública de que los derechos humanos son también materia de negociación; podés
canjear personas, como fichas. Yo creo que Carter entendió, fue el primero, el
primero de los que tenía poder para ello…entendió cómo jugar ese tema en la
política. Porque lo anterior era muy de una denostación absurda, con
exageraciones brutales, como se dice tan comúnmente eso de que se comían los chicos.
Me parece que no tenía la efectividad que podría haber tenido. Porque a su vez
del lado yanqui y sus acólitos lo hacían solo para contrarrestar, pero no
porque en el fondo fueran distintos…
Era usarlo para una
disputa de poder, en eso estaba muy teñido y tenía por eso limitado efecto. Al
menos, estoy hablando, entre quienes tenían o teníamos una adhesión por el lado
ideológico.
Otra cosa es si
masivamente se consideraba que la Unión Soviética era una dictadura… Así como
en otra época hubo intelectuales muy importantes -Atahualpa Yupanqui, por
ejemplo- que no eran copartícipes de esa denuncia, sino al revés, hubo también
algunas cuestiones como, por ejemplo, lo del Sputnik …, lo del Sputnik fue una
bomba a favor de la URSS… ¿cómo es el asunto? ¿Dictadura? ¿Barbarie? Eso ponía
sobre la mesa una cosa que era compleja. Por eso le doy tanta importancia a
que, después de Checoslovaquia, ir a la raíz del tema.
En el ’56 fue el XX
Congreso y el Sputnik fue en el ’57. Entonces ahí está, en menos de un año, dos
imágenes aparentemente contrapuestas.
Quizás por eso de que
uno habla desde el presente y el contexto es otro, si uno quiere recuperar un
poco ese contexto, lo de la guerra fría, la división del mundo en dos bloques
era tan potente… Traigo una anécdota al margen, un dilema, creo que fue en el
’58, campeonato mundial de fútbol, Argentina versus Checoslovaquia, “¿y quién
quiero yo que gane? Porque por un lado quiero que gane Argentina pero por otro
lado quiero que gane el sistema socialista, Checoslovaquia”. Un dilema para
algunos comunistas de aquella época.
Quería recalcar eso que
me parece clave, lo del análisis de las reales relaciones de producción en la
Unión Soviética, donde el manejo de los medios de producción no está en manos
de los productores, sino en manos de un sector ajeno que es el que decide qué
se produce, cómo se produce, para qué se produce.
Cuando se formó el
CNRR, la crítica al PCUS era una crítica parcial, el cuestionamiento estaba centrado
en el PC argentino, no solo en los métodos, sino, por ejemplo, lo de la Unión
Democrática…
Lo más común, vivido
por todo el mundo internamente era lo de los métodos, porque era lo más
chocante. Porque en última instancia podés tener opiniones distintas, pero si
te basurean encima.
A partir de ahí el PCR
se formó con compañeros de La Plata, Rosario, Buenos Aires y algo de Córdoba.
Ahí arrancó el PCR con
una cuestión a mi juicio muy importante que fue la necesidad de plantear una
política clasista. De ahí fue que surgieron las agrupaciones 1º de mayo,
planteadas como una corriente dentro del movimiento obrero. La formación de
agrupaciones clasistas llamadas fue muy importante en Córdoba. Porque en
Córdoba justo en esa época hubo un ascenso muy importante, que se evidenció
después en el ’69, contando, en el movimiento obrero con dirigentes de la talla
de Tosco y Atilio López. se puede hablar
del ’68 o ’69 en Córdoba sin tener en cuenta a Tosco y Atilio López.
En Córdoba hubo una
cuestión muy particular en esos años, que fue lo que dio lugar a SITRAC y
SITRAM. SITRAM era el sindicato de Fiat Materfer y SITRAC el de Fiat Concord.
Cuando se estableció la
Fiat, todavía era en el gobierno de Frondizi, en el período de arribo de
capitales con el desarrollismo, ensayaron –o más que ensayar practicaron- una
táctica en relación al movimiento obrero, partiendo de la base de que el
movimiento obrero argentino era comparativamente……más que combativo; además de
combativo, organizado, con una estructura muy asentada. Manejar o dominar a la
clase obrera con esa estructura era muy difícil. Por lo tanto, cuando
instalaron la fábrica la instalaron con sindicato y todo. La ley de
asociaciones profesionales de aquella época permitía los sindicatos por
empresa, fue una de las modificaciones posteriores al peronismo. Entonces la empresa
Fiat hizo eso, armó todo: la línea de producción, el cartel en la puerta…..¡y
el sindicato!
Lo hicieron sin pelear
con nadie, lo organizaron directamente. Y se les dio vuelta la taba porque en
la medida en que hubo crecimiento de conciencia esos sindicatos tenían una
libertad que la burocracia no podía controlar. El SMATA no podía controlar a
SITRAC-SITRAM.
Hubo un desarrollo de
conciencia, de organización, de crecimiento clasista, eso explotó. Si bien su
acción independiente fue posterior al Cordobazo, pero eso estaba ya en marcha,
estaba gestionándose y dio lugar al surgimiento de dirigentes e incluso a
tácticas, cosas creativas… una que me acuerdo fue cuando un gobernante -era durante
el gobierno militar iniciado con Onganía- dijo que se habían comportado como
indios y al otro día cuando fueron a laburar todos llevaban una vincha con una
pluma, la fábrica entera.
Y sus dirigentes eran
obreros de ahí. El PCR tuvo ahí, en Córdoba una política clasista que, si se quiere,
su culminación fue la elección de Salamanca, en 1972, en el SMATA de Córdoba,
que ganó el sindicato en elecciones recogiendo lo que era por un lado el
crecimiento de la lucha, pero a la vez también una organización, que
Salamanca fue preparando cuidadosamente
con un grupo al principio muy pequeño, sin sacar innecesariamente la cabeza, participando en
las luchas pero sin disputar la dirección hasta elegir el momento oportuno. En
ese período hubo tomas de fábricas muy importantes.
Incluso hasta se
preparaban físicamente, algunos iban a tomar clases de artes marciales, porque
la disputa con la burocracia no era joda. Y fue un bombazo. Porque no estaba
calculado, fue una elección normal del SMATA pero con un resultado anormal para
la burocracia, con un otrora desconocido al frente del sindicato que después
resultó ser un gran dirigente, un tipo que cada seis meses volvía al trabajo y
trabajaba seis meses en el torno y … los nuevos dirigentes se iban turnando y
mantenían el salario que tenían previamente…
En la universidad se
desarrolló el FAUDI, Frente de Agrupaciones Universitarias de Izquierda. Alguna
vez volviendo de una reunión en San Luis -ahora, hace pocos años- comentaba que
no estoy seguro, pero creo que ese nombre lo propuse yo. Esas cosas no son
nunca así “firmo y lo registro”. A lo mejor a mí me quedó la idea y no es así.
¿si estuve en la
gestación del FAUDI? Sí, naturalmente que sí. Y tuvo importancia. El plumífero,
el escritor, el menemista Turco Asís lo nombra en Las flores robadas en los jardines de Quilmes.
Así que se ve que algo
escuchó.
La fuerza del PCR en el
movimiento estudiantil fue disminuyendo de una manera relativamente rápida, por
un lado porque hubo un desplazamiento de cuadros hacia otro tipo de actividad
pero también porque hubo una radicalización –en mi opinión- que con respecto a
los planteos previos significó un gran salto, si bien era un período de gran
ebullición, donde la radicalización fue muy intensa.
En el ’70 perdimos la
dirección de la FUA. La recuperó una alianza encabezada por los sectores más
liberales, provenientes de La Plata, cercanos o parte del radicalismo, digamos
la Franja Morada de la época, que no es más de derecha o menos de derecha que
ahora, tiene fluctuaciones. En el ’70, fue en un congreso en Córdoba donde se
perdió la junta ejecutiva de la FUA. En el mismo lugar donde se había ganado en
el ’59 cuando entró Estévez Boero.
¿Y cuál era el fuerte
del PCR?
De arranque el
movimiento estudiantil y en esos lugares que dije: La Plata, Buenos Aires y
Rosario, centralmente el fuerte era ese, también con gente en Córdoba, en
Corrientes,
En Tucumán también,
pero lo más importante era La Plata, Buenos Aires y Rosario. También Santa Fe,
pero ahí venía de una vertiente independiente, no interna del PC.
Cuando se formó el PCR
yo estaba en la junta ejecutiva de la FUA y seguí teniendo como tarea el
movimiento estudiantil en el orden nacional. El que estaba como responsable
universitario –era el término que se usaba- era Jorge Rocha, que después pasó a
ser secretario de organización del PCR, un poco antes del ’70 . Me propusieron
a mí para ser responsable nacional universitario, pero eso implicaba irse a vivir
a Buenos Aires…el acuerdo fue que no daba… Y yo quedé en una situación un poco
ambigua en un aspecto; acá se formó el comité regional del PCR, yo había
encabezado la fracción de acá pero no integré la dirección que acá se
constituyó.
Yo quedé en lo que era
el movimiento estudiantil nacional. El hecho de estar fuera de la dirección
local creaba una relación donde por ahí se cruzaban hilos… Bueno, en parte con ese fundamento en
el ’70 yo pasé a ser secretario regional y cuando fue el congreso pasé a ser
miembro del comité central del PCR.
La regional abarcaba desde San Nicolás hasta Santa Fe. San
Nicolás y Villa Constitución por razones obvias, por la concentración obrera
que había en esa zona.
A fines de los ’60 San
Nicolás y Villa Constitución era un polo de concentración obrera. En Somisa
eran cinco mil, seis mil obreros metalúrgicos, más las obras que
permanentemente se hacían en Somisa, que por momentos significaban tres, cuatro
o cinco mil obreros de la construcción. San Nicolás era un lugar de manual
desde el punto de vista de la concentración obrera. Y en Villa Constitución
estaba, además de Acindar con dos mil quinientos obreros, había otras dos más,
Metcom y no me acuerdo cómo se llamaba la otra, de mil obreros cada una. Así
que ahí en quince kilómetros había concentrados en cuatro empresas quince mil
trabajadores. Todos ellos sindicalizados, con tradición con gremio… Bueno, de
ahí salió Rucci.
En el 71 ’72, hubo un período de
lucha muy importante, muy intensa, continuando lo que venía del ’68. Por
mencionar algo: ’69 Cordobazo y Rosariazo, ’71 el segundo Cordobazo, también
llamado Viborazo, fue el reemplazo de generales/presidentes entre Levingston y
Lanusse, también fue el intento de vuelta de Perón… bueno,
fue la muerte de Aramburu también en aquel período.
En el ’71 nosotros
hicimos un acto en el estadio Millia, que estaba en Oroño y Jujuy, en la
esquina, con la consecuencia vista en mi prontuario, la orden de detención. En
la orden de detención aparecemos Miguel Ferrari y yo, a esa altura a Onganía lo
habían bajado, ya no tenía la misma fuerza el gobierno militar y entonces
hicimos una jugarreta, pedimos permiso para hacer el acto, comunicamos el acto
públicamente de solidaridad con SITRAC-SITRAM.
Formalmente el acto lo
organizaba Miguel Ferrari y hablaba yo. Y sacamos un aviso en el diario, en la
parte comercial del diario La Tribuna. Claro, fuimos a propósito al sector
comercial para sacar un aviso que te lo cobran por el espacio.
Y salió el aviso “Ni Golpe….Ni
Elección. Insurrección”. “acto en solidaridad con SITRAC-SITRAM”, en tal lugar.
Me acuerdo que en la noche esa yo viajé a una reunión del comité central del PCR y llamó la atención la jugarreta…
Ese acto tiene una
anécdota o muchas anécdotas porque… Claro, en el diario, que salga en plena
dictadura militar “Ni Golpe… Ni Elección. Insurrección”, un acto, es como…más
allá de que vayan diez personas o que vayan dos mil, es como que está
descalabrada la dictadura.
Al diario no sé si se
les escapó o se hicieron los burros a propósito.
Hubo coletazos; hicimos
el pedido, rechazaron el pedido de permiso y entonces hicimos un pedido de
amparo. El colorado Ducler, que años después fue el asesor legal de la
universidad, lo presentó en aquel momento.
El Colorado Ducler en
el período ese era un tipo que se jugaba en la cuestión de la defensa de los
derechos humanos. Hizo una labor muy importante.
Presentamos un amparo y
el juez -no recuerdo el nombre- nos otorgó el amparo.
El jefe del II Cuerpo
del Ejército era el general Juan Carlos Sánchez.
Nos enteramos después,
que Sánchez lo habló al juez por teléfono presionándolo, pero el juez no se
retractó. Entonces después, porque el acto se hizo, Sánchez lo denunció ante la
Corte Suprema de la provincia; lo denunció es una manera de decir, él era el
jefe del II Cuerpo del Ejército y para él los de la Corte Suprema no eran
“supremos” sino “inferiores”. Hizo la denuncia y la versión que me contó el
Colorado Ducler, que se la contó el juez, es que fue citado y que la
indagatoria y la repuesta fue más o menos de este tono: “acá tenemos la
denuncia, el teniente general Sánchez dice que usted…sí, efectivamente, yo
recibí una llamada telefónica de una persona que dijo ser el teniente general
Sánchez, pero yo me atuve a lo que legalmente correspondía. De todos modos, a
confesión de parte, relevamiento de prueba. Si efectivamente el teniente
general Sánchez, como él dice, me llamó para eso incurrió en un delito…”
Y, el juez, le dijo a
Ducler “lo que pasa es que yo tengo campo, si me echan no tengo problema, yo me
puedo dar ese lujo”.
Se hizo el acto,
vinieron tres compañeros de SITRAC-SITRAM, de Córdoba. El operativo policial fue
espantoso, el estadio Millia estaba todo rodeado de canas. Y el que estaba
personalmente a cargo del operativo era Feced, que era jefe de la policía de la
provincia en aquel entonces, después volvió a serlo, en el siguiente gobierno
militar, cuando pudo desplegar toda su pasión criminal.
Estaba él personalmente
y cada uno que llegaba lo iban controlando, si tenía un bolso se lo hacían
abrir. Había una compañera corajuda, a la que Feced personalmente le abrió el
bolso donde tenía un frasquito; “¿qué llevás ahí?”, “orina para un análisis,
huélalo, huélalo”. Era una tensión enorme cuando estábamos haciendo el acto. Seríamos
alrededor de doscientos militantes. Los carros de la policía daban vuelta
alrededor de la manzana haciendo sonar la sirena al tope mientras estábamos
haciendo el acto… toda la gente estaba en un estado de tensión.
El acto lo cerré yo. El
Negro Ferrari me contó, yo no me acordaba, que arreglamos que él saliera antes,
pero cuando quiso salir por la puerta del costado le avisó el tipo que laburaba
ahí que lo estaban esperando. Al final pudo salir por otro lado. Porque él
figuraba como el organizador. Eso yo no me acordaba. Cerré el acto yo. Antes
habló Sufi, de SITRAC, que por ahí me dijo “¿che, no sería conveniente que yo
me vaya?”.
Me acuerdo de algo que
dije cuando hablé “están girando haciendo ulular las sirenas, tienen miedo”.
“Tienen miedo, están
expresando su miedo”. Había que decir algo para galvanizar a la gente.
Nega estuvo en el acto.
Y nos pudimos ir, sí.
Contrariamente a lo que nos imaginábamos, pensábamos que, en el mejor de los
casos, nos iban a apalear, no sé si fue por eso del juez… pero después hubo
allanamientos en la casa de mis viejos y en la casa de la madre de Miguel Ferrari.
Allanamiento de patota,
no allanamiento de oficial de justicia. Allanamiento de patota, con armamento,
revisar muebles, libros, con todo eso. Del mismo tipo que había habido antes en
el ’70 en la casa de mis viejos, cuando había sido lo del cónsul paraguayo. Y
cuando salíamos del estadio vimos que la cana entró antes de que termináramos
de salir. Los carteles que algunos queríamos rescatar no pudimos ni levantarlos,
porque ya los canas le habían puesto la pata encima. Pero salimos y hasta
cuando estábamos a cinco cuadras….esperando el momento, ¡esperando que te la
den! Y no, en ese momento no hubo detenidos ni golpes ni nada..
La expulsión mía del
PCR fue formalmente en el ’75, abril del ’75. De todos modos varios meses antes
yo estaba en capilla, quedé radiado de la actividad de un modo no muy formal,
pero de hecho quedé marginado.
¿La expulsión? Por
agente soviético.
Se que invocaron mis
antecedentes, una supuesta fidelidad a “la madre patria”, no se si está
escrito, no sé si eso quedó escrito en algún lado.
¿La causa real?…
El PCR entró… no puedo
hablar de una fecha, pero entró en una concepción que yo le llamo –de una
manera un tanto peyorativa- considerar la lucha de clases como un epifenómeno
de la lucha de aparatos. No sé si me explico, sería que la sustancia no es la
lucha de clases, es la lucha de aparatos. La lucha de clases es lo que lo
rodea, pero el centro está en la lucha de aparatos.
La cuestión es que eso
no escapa a la herencia del estalinismo. A Trotsky se lo derrotó en la lucha
ideológica, pero se lo finiquitó mediante el aparato. Entonces, en esa
concepción, la explicación, cuando algo sale mal o no como se quisiera, no se
explican por los errores políticos e ideológicos, sino que se explican por la
incidencia de los aparatos.
Lo de los aparatos
habría que meterlo dentro de otra cuestión, que era la definición en la que
entró el PCR de ubicar al socialimperialismo o al imperialismo soviético como
el enemigo principal, no solo en el campo internacional, sino específicamente
en la Argentina. Es en ese contexto lo de la lucha de aparatos.
Hubo cuestiones que
merecen ser analizadas a ese respecto, por ejemplo, la designación de Gelbard
como ministro de economía de Perón. Ahí obviamente había una jugada desde dos
puntas, de Perón de un lado y de la Unión Soviética del otro, el crédito a Cuba
y más… cuando la dictadura, con el boicot occidental a la Unión Soviética
Videla negoció trigo con la Unión Soviética. El papel imperialista de la URSS
no era un invento absurdo que no tenía nada que ver con la realidad. Pero lo
que era absolutamente incorrecto era, a mi juicio, ubicarlo como el enemigo
principal. El enemigo principal pasó a ser para el PCR internacionalmente y en
la propia Argentina el imperialismo soviético, no el imperialismo yanqui.
A esa altura ya la
Unión Soviética había dejado de ser socialista o calificada como socialista. Y
buscando para aseverar fechas me aparecieron algunas cosas posteriores al ’72,
cartas de Salamanca a los obreros de Smata advirtiendo, en las proximidades de
la instauración de la dictadura del ’76, sobre “el peligro del golpe
soviético”. Una mezcla que me imagino que habrá causado más desorientación que
otra cosa, ¿no?, hablando de la defensa de Isabel, “de la señora presidenta y
su actitud firme ante el imperialismo soviético”.
Bueno, ahí el PCR de un
lado contra el imperialismo soviético… y por el otro lado el PC, dirigido desde
Moscú, de contemplación frente a la dictadura de Videla, porque el interés de
la Unión Soviética era recibir el trigo y la moneda de cambio era…
O más, casi cierto
apoyo. Visto desde el tiempo, son cosas terribles. Porque involucraron a miles
de militantes que eran, abnegados, sacrificados, dispuestos a dar todo lo que
fuera necesario y quedaban involucrados en cosas de ese tipo.
¿Ahí estaba lo de la
represa de Paraná medio en esa época? Si con vinculación a la URSS.
La represa de Paraná
medio… La Facultad de Ciencias Hídricas de Santa Fe se creó por lo de Paraná
medio. Se creó la facultad para eso.
Después tuvieron que
buscar la carrera de computación para ponerle alumnos, porque se iba a quedar
vacía. Paraná medio sí, seguro que sí, habría que buscar datos más precisos de
cuándo empezó.
Porque eso era también
como un signo de la penetración del socialimperialismo.
Sí, tanto de una cosa
como de la otra, de la ayuda… se la podía invocar desde ambos puntos de vista,
de la ayuda o de la penetración.
En el período en que yo
fui secretario hubo muchas luchas muy importantes, una de ellas fue en
frigorífico Swift, la que fue impulsada por una agrupación, La Chaira, donde
estaba el Trucha Giordano, que había sido del grupo de estudiantes de Derecho
donde estaban Censi, Zamboni.
El Trucha fue uno de
los que había optado por la proletarización…porque en esa época hubo, como
siempre, varias tendencias dentro del movimiento de izquierda militante: entre
ellas una hacia la lucha armada, también otra, menos importante, muchísimo
menos, que se le llamaba la proletarización. El Trucha Giordano era un
estudiante de Derecho que fue a trabajar de obrero en el Swift, no como
empleado administrativo, sino como obrero. Armó una agrupación clasista que
creció muchísimo y encabezó una huelga muy importante.
Yo era secretario y una
autocrítica que yo compartí es que nosotros no jugamos con toda la dedicación…
en las medidas prácticas no le dimos la importancia que tenía … Sin embargo la
acusación de la expulsión no fue por temas de esas características. La cuestión
de fondo fue la otra, es decir si yo era un tipo que había sido capaz de
organizar, de encabezar, con capacidad de liderazgo y no habíamos podido
desarrollarnos como en Córdoba tenía que haber otra explicación, de otro tipo.
En la mecánica de
pensamiento imperante en cuadros principales del PCR en aquel período, no solo
con respecto a mí, yo no era el único, hubo casos asimilares, la única
explicación era…el aparato del enemigo.
Desde esa hipótesis
empezar a atar cabos, no para encontrar explicación política sino para
justificar una explicación previamente adoptada … efectivamente todos nos
equivocamos en algo, metimos la pata en algo, llegamos tarde a alguna reunión o
tenemos un pariente que…o alguna vez…
Es lo que digo, es
tratar de explicarse las dificultades a partir de la lucha de aparatos y buscar
chivo expiatorio.
¿Había discrepancias?
En el ’73……yo fui a
Ezeiza, al regreso de Perón; ahí ya fui por iniciativa personal, no por afuera
del PCR, pero tampoco fui…en representación; fui más por inquietud mía.
De paso, me enteré de
todo lo que pasó recién al día siguiente.
Eso era un mundo de
gente. Hasta donde yo pude llegar estábamos a dos kilómetros del puente donde
estaba el palco. Oímos los tiros, todos los que estábamos ahí. Lo oímos a Favio
que era el locutor que pedía, no me acuerdo las palabras… serenidad. Pero nadie
tenía ni la menor idea de lo que estaba realmente pasando.
Tiros se oyeron, pero
tiros pueden ser muchas cosas, puede ser que hubo canas que tiraron algunos
tiros, puede ser que hubo gente que quería festejar y tiraba tiros o que hubo
algún despelote y alguno tiró unos tiros. Pero nadie imaginaba la masacre que
hubo. Fue una cosa… Creo que ha sido la mayor concentración de gente en la
historia de Argentina. Se habló de cuatro millones, es difícil calcularlo, pero
seguro era sin precedentes…
Bien, yo con lo de
Isabel, cuando el PCR apoyó a Isabel, no estaba de acuerdo, pero ni llegué a
discutirlo orgánicamente.
Ya estaba en
cuarentena.
Y la otra cuestión,
anterior, después del ’72, es que hubo un congreso en el ’72 del PCR y después
de ese congreso fue la maoización del PCR.
Hubo de parte mía
cierto cuestionamiento. No tanto en el sentido de la cuestión de fondo, sino
que salíamos del congreso en que no se había definido como maoísta, y el comité
central no tuvo en cuenta eso, que, como cualquier cambio, debería haber sido
discutido. Después del congreso viajó una delegación a China, uno de los tres
que viajaron estuvo contando después en particular, me acuerdo que dijo, de la
estada en un acto… “ahí en el acto con el librito, que los maoístas éramos no
sé cuántos millones de chinos y tres argentinos”. Hacía poco salíamos de un
congreso donde no se había tomado esa posición…Incluso el tema del culto a Mao.
La expulsión formal fue
en una reunión clandestina, con custodio con arma a la vista, con pistola en la
cintura -eso fue en el ’75- y el motivo era -no había nada escrito- haber
actuado como infiltrado por el aparato del PC; según versiones que me fueron
llegando posteriormente, era considerado un agente directamente del aparato
soviético, no del PC argentino, aunque eso no se esgrimió formalmente ahí en la
reunión.
Pude argumentar, pero no
hubo discusión, era una decisión que ya estaba tomada, había habido una
comisión investigadora…
Es difícil entenderlo
para quien no vivió circunstancias de ese tipo; los que militaban en la misma
célula que yo fueron radiados, sin avisarle siquiera, se cortó el vínculo, evidentemente
por peligro de “contaminación”.
Ahí empieza ese período
que yo llamo oscuro, el período más oscuro de mi militancia, sería ese el
sentido.
Éramos dos los que
fuimos expulsados en esa reunión. La reunión se hizo en una casa en el campo
pasando Pérez.
Después de la reunión
nos llevaron hasta la ruta y ahí nos dejaron. Fuimos hasta la estación
ferroviaria, en aquel momento todavía viajábamos de vuelta a Rosario en tren.
Ahí acuñé una expresión
que me parece significativa. Si tenía que fijar un año en el cual mi decisión
era ser un revolucionario profesional sería en el ’59, bien, en el tren cuando
volvíamos con el Gallego le dije “ahora tenemos que aprender a ser uno más”.
Hasta ese momento
nuestra expectativa era ser un miembro de la vanguardia, era lo que
pretendíamos ser.
Me acuerdo que esa fue
la expresión que utilicé: “Gallego, tenemos que aprender ahora a ser uno más”.
Y creo que logré mantenerme en eso.
La idea de
revolucionario profesional era estando en el PC y después romper con el PC ocho
años después para seguir ese camino en el PCR; cuando digo “uno más” digo ser
un soldado más. El enemigo es el mismo pero la expectativa y el intento era ser
uno del destacamento principal en la lucha contra ese enemigo; pensé que a
partir de ese momento debía aprender a ser un soldado más, un soldado de la
lucha popular.
Quedé aislado y lo viví
muy intensamente porque eso fue en el ’75 y en el ’76 fue el golpe.
Yo había vivido golpes
anteriores, pero los había vivido dentro de una organización, que era una red
de contención. En el ’76 fui un tipo aislado en el medio de la tormenta, sin
red de contención, ni material, ni política, ni anímica, sin resguardo, sin
respaldo. A la noche acostarme con el arma cargada sobre la mesa de luz -si me
buscaban ¿qué podía hacer con una pistola 22?- pero era una manera de
sostenerse mentalmente; insomnio hasta las dos o tres de la mañana y entonces
pensar hoy ya no.
En todo sentido me
refiero, si me meten en cana o desaparezco, ¿quién va a apoyar a mi familia?
En el PCR, además de ser fundador y
miembro del Comité Central me tocaron algunas misiones importantes.
Cundo fui a Praga, en el 68, fue la
primera ocasión en que un representante del PCR se presentaba en el ámbito internacional
para explicar los motivos de su creación, comenzando con el delegado soviético.
Y después en París y Madrid como ya relaté.
Fui en nombre del PCR
cuando hicimos una primera entrevista con Tupamaros. Viajamos a Montevideo, no
puedo asegurar quienes eran los interlocutores ¿Sendic? puede ser, porque fue
con la dirección de Tupamaros. Eso fue en el ’70. Ellos todavía no estaban
sufriendo la represión a la que estuvieron sometidos después y estaban muy
confiados. Subestimaban la capacidad represiva del sistema, se burlaban,
ironizaban.
Fue un intercambio de
opiniones. No eran –por lo menos eso era lo que surgía en la conversación- de
un planteo fundamentalista en el sentido del militarismo. Es más, decían que
tenían internamente una desviación militarista. Reconocían la importancia de la
lucha política, la lucha sindical. Ese contacto después se cortó, fuimos a esa
entrevista y quedamos en una próxima, para dos o tres meses después. Viajamos
nuevamente y la segunda entrevista fracasó, fuimos al lugar de contacto, pero no
había nadie. La primera vez estuvimos como tres días, metidos en una casa en
Montevideo y cuando fuimos a entrevistarnos nos pidieron que nos vendáramos los
ojos en el recorrido que hicimos en auto hasta llegar a una casa que creo era
en el campo. Ahí antes de empezar la reunión abrieron el mueble de un
tocadiscos y colocaron una ametralladora bajo la tapa. Alguien me preguntó
alguna vez si no habrá sido en la casa del Pepe Mujica.
Además, también de la
revista ASÍ había otra foto que era del ’72, de lo de Trelew, cuando acá se
hizo el velatorio de Delfino, que había sido secretario del Centro de Estudiantes
de Ingeniería, que se hizo ahí en calle Entre Ríos casi 27 de febrero. Y cuando
iba a salir el féretro, -lo llevábamos entre varios- la policía nos tiró con
todo. Tuvimos que meternos en un pasillo de una casa cualquiera. Al final salir
rajando de ahí como podíamos, quedó el cajón ahí. Supongo que se lo habrán dado
a los familiares. Querían evitar que se convirtiera en una manifestación
pública.
Eso salió en la revista
ASÍ, cuando íbamos llevando el féretro. Lo tengo poque me lo facilitaron en el
museo de la Memoria
Cuando estábamos
velando adentro no hubo problema, cuando se quiso salir llevando el féretro a
pulso por la calle… Lo que seguro se iba a convertir en una manifestación
pública.
Algunas cosas de la
clandestinidad; no recuerdo desde cuándo, supongo que del ’70, cuando entré en
el comité central del PCR, por bastante tiempo me llamé Mario, también por ahí
Ayala o Gauna.
Por qué la universidad
de la década del ’60 era la mejor,
Dije varias cosas;
pensándolo, además había otras, aunque no fueran de fondo, pero sí eran
características y un par de ellas era que por la composición estudiantil era
nacional y latinoamericana. Nacional porque en ese entonces eran nueve
universidades nacionales, acá en Rosario había estudiantes de Jujuy, de Salta,
de Corrientes, ni hablar de Entre Ríos, de Misiones, digamos de todo el litoral
y parte del noroeste, y latinoamericana porque había muchos estudiantes de
diversos países latinoamericanos: chilenos, colombianos, ecuatorianos,
panameños y, sobre todo, los que había en mayor cantidad eran peruanos.
Sobre una cantidad de
población estudiantil muy inferior a la actual, había una cantidad muy notable
de estudiantes extranjeros, que no sonaban a extranjeros; en mi facultad ahora
hay estudiantes haitianos, que, por el lenguaje, ser de piel mucho más oscura,
suenan, se notan como extranjeros… Pero los que había en aquella época eran
parte de lo habitual… por ejemplo había una agrupación de estudiantes peruanos
de ingeniería, no de carácter político.
Muchos militaban
políticamente, al comedor iban muchísimos.
Y hay una anécdota,
siempre la recuerdo porque esas peripecias aparecen en todo.
Esa anécdota es de una
volanteada, me parece que era en la puerta del frigorífico Swift, el motivo de
la volanteada no me acuerdo; entre los que participaron había un compañero
peruano que había llegado hacía poco y lo pusieron de campana. Estaban
volanteando y por ahí pasó ese compañero, caminando y diciendo con disimulo,
como si hablara solo, “yara, yara, compadrito, que viene el tombo”. Era un
lunfardo no sé si limeño o de dónde que decía “guarda que viene la cana”.
Los que estaban
volanteando siguieron haciéndolo y los llevaron en cana todos.
Leí que el otro día
falleció Prieto, que fue decano de lo que ahora es Humanidades. Entonces al
leerlo me di cuenta, Prieto tenía treinta y un años cuando fue decano, Garibay
treinta y cinco. Es decir, esa universidad, la del Litoral, pasó a ser dirigida
en gran medida por un conjunto de jóvenes salidos del movimiento estudiantil,
en simbiosis con algunos veteranos como Cortés Plá. Similar o parecido a lo de
Rolando García y Risieri Frondizi en Buenos Aires, fue una característica o un
rasgo que no la define de por sí a la universidad, pero que se suma a las
cuestiones que comenté anteriormente.
En el PCR, en el
período previo a la expulsión estuve a cargo de organizar un núcleo con
compañeros metalúrgicos
Nos levantábamos a las
cinco de la mañana a volantear en Acindar que todavía estaba en Rosario por
calle Ovidio Lagos; también en Daneri, donde alguien le avisó a los de la UOM
que estábamos volanteando y nos corrieron a balazos directamente; la verdad es
que no sé si tiraban al cuerpo o no.
Eso era una volanteada
que hacíamos denunciando lo que había pasado en otra volanteada, que al Cabezón
Bravo le metieron un balazo, pero eso fue la cana, entre las costillas, por
pura suerte no le pasó nada grave.
Fue a parar a lo que
era la Asistencia Pública detenido con custodia policial; como teníamos
compañeros en Medicina que eran practicantes y para que él supiera que
estábamos haciéndonos cargo, me pusieron un guardapolvo y yo fui como médico a
decirle “¿cómo te sentís?” para que él viera que estábamos informados y
siguiendo el tema…
3ra.
ETAPA
En el ’76 era mirar
todos los días los diarios para buscar los nombres que aparecían y los que uno
conocía y con los que había militado, sobre todo aquellos que se habían pasado
o se habían definido por la lucha armada. Era mirar el diario todos los días para
ver eso, que en tal lugar hubo un enfrentamiento, se batió un grupo, apareció
fulano de tal. A veces aparecían nombres, a veces no.
Algunos que
particularmente me acuerdo, los hermanos Molina, que fueron del PRT y murieron,
por lo menos uno de ellos, en Catamarca, con el grado de capitán dentro del
ERP. José María Molina había sido del Nido, de la época en que alrededor de las
facultades había casas de estudiantes, los estudiantes no vivían en
departamentos, de hecho eran centros, eran caserones, pero eran centros de la
vida estudiantil.
Tenían nombre propio:
el Nido, el Infierno, el Asilo… El Infierno, a la vuelta de la facultad, hacía
tanto que era casa de estudiantes -probablemente los dueños habían muerto y los
herederos no sabían de la existencia de la casa- que los ocupantes se iban
sucediendo. Se iba el que estaba antes y otro lo reemplazaba, ni sabían de
quién era la casa ni pagaban alquiler… Era una casa de estudiantes. Eran
lugares de peña, eran centros. José María Molina “Josema” era del Nido, murió
él, murió el hermano, murió la compañera de él que era una sobrina de Segovia
Mayer -que fue decano de la facultad de Ingeniería -era el decano hasta el
golpe en el ’66-
Cristina Planas, que
era realmente… El recuerdo de Cristina tiene un gran componente de cariño, por
cómo era ella.
Yo estaba en una
situación de aislamiento, ¿con quién lo hablaba? con muy pocos, con mi hermano,
obviamente con Nega y con algún otro que, de alguna manera, no como una cosa
orgánica de actividad, pero que por ahí nos veíamos y surgía naturalmente el
comentario o la información. Porque por ahí hay cosas que salían en los diarios
y otras que no, pero que uno se enteraba por una vía u otra. Yo mantuve cierto
contacto no orgánico sino esporádico, con los compañeros de Vanguardia
Comunista, que después fue Partido Comunista Marxista Leninista.
Con algunos de ellos
nos conocíamos de antes y quedamos en contacto. Inclusive les pasé una pistola
45 que había quedado en mis manos y que no quería eliminarla. Eran todos
contactos clandestinos.
Ahí hay…una sensación
de aislamiento y otra de sufrimiento. El Noni Cerutti le llamó “los que
estuvieron en el exilio interno”, contándose él también, los que estuvieron
dentro del país, pero exiliados. Creo que es una figura que se aproxima
bastante. Por lo tanto, como los exiliados fuera del país, con unos contactos
muy limitados, poca información. Nosotros vivíamos en ese momento en calle
Constitución al 1900, los primeros meses eran el tema de la eliminación de los
materiales políticos, y la expectativa de sobrevivencia. Ya teníamos los tres
chicos chiquitos y yo me acostaba con la pistola cargada sobre la mesa de luz.
Incluso durante ese
período, que yo no estaba en la militancia partidaria, una vez que viajó Videla
a Córdoba lo metieron en cana al hijo de un primo mío y a mi primo y la única
explicación es que eran Mangiaterra, porque él era de Alsogaray, de la UCD. Lo
interrogaron, no lo metieron preso. Él me lo dijo mucho después, porque no
quiso quedar vinculado de ningún modo…
O Raquel, la esposa de
Osvaldo Barsky, me llegó la información de cuando la interrogaron, cuando la
metieron presa en Paraná, entre las personas sobre las cuales le pidieron
datos, le preguntaron sobre mi paradero.
Con él habíamos
militado en La Fede primero y después en el PCR, con él y con ella. Así que el primer
período era de horas angustiosas, donde la expectativa primera era la
supervivencia. Con una pistola 22 lo que yo podía hacer probablemente era un
absurdo.
Fue una cosa muy
angustiosa. Me acuerdo un año nuevo que nos juntamos en el restaurante del club
Remeros, y que yo después del brindis me fui a caminar un poco, solo, pensando
en cómo estaban en ese momento los que estaban presos.
Pero como todo, la vida
sigue.
Contactos reducidos,
algo con Vanguardia Comunista, algún contacto con la gente que había estado en
el Sinter, en el magisterio.
Cuando trabajé en el
bachillerato para adultos, ahí hubo un paro que se organizó por reclamos… Era
“uno más”.
Y esa búsqueda de ser
uno más la pude resolver recién de un modo más o menos continuo cuando pasé en
la universidad a la dedicación exclusiva. Porque desde el ’75 al ’90 -yo entré
en la universidad en el ’87 pero en un cargo de JTP simple- si bien tuve
algunas participaciones o intento de participaciones fue en cosas muy
parciales. En el ’75 me acerqué al Sinter. En el ’74 entré como docente en el
bachillerato para adultos, que de paso fue una experiencia muy interesante,
realmente una experiencia muy linda, daba Física. Y ahí me acerqué al Sinter,
pero no fue nada intenso.
En el ’75 cuando me
expulsaron del PCR, un amigo dentista que era de mi barrio y me atendió un tiempo,
él era de Vanguardia Comunista, teníamos confianza, sabía que me habían expulsado
del PCR. Y me dice “¿y cuánto hace que vos estás militando…?”. “Del ‘54”; “¡son
veintiún años! conseguite cualquier partido por nueve años y ya te jubilás”.
Anduve boyando, en
condiciones particulares, las de la dictadura, me acerqué al Sinter, después
fuimos a vivir al barrio Rucci y me acerqué a la vecinal, hablé en la asamblea,
presidí asamblea… hubo una asamblea grande porque era el asunto de la 1050, lo
que había quedado de la gestión de Martínez de Hoz, cuotas que no se podían
pagar. Pero eran cosas parciales…
En esos años hice una
experiencia muy interesante, muy importante para mí, de trabajo.
Trabajé en Formosa, en
la ciudad y también en Clorinda, que es ciudad de frontera; estuve en Mendoza,
en el montaje de la nueva planta de la cementera Corcemar; en la provincia de
Buenos Aires en Cerámica San Lorenzo, en Azul; en Atucha II, en Lima; en
Siderar (ex Somisa), en San Nicolás;
en la Esso, en Campana; en obra de urbanización en la ciudad de Buenos Aires;
en Entre Ríos en Rosario del Tala, y además acá en la provincia, en Rosario,
Villa Constitución, Puerto San Martín y
también en otras localidades; como relato creo que hay cosas muy interesantes…
Porque ahí trabajaba en fábrica o en obra, codo a codo con los demás
trabajadores… El conocimiento de la clase obrera era vivencial.
De distintos trabajos,
hay por supuesto miles de anécdotas. En Azul al principio de la obra, con
Carlos Duché, quien era más amigo que socio … fuimos contratados por la empresa
constructora para hacer un trabajo específico de topografía, pero como la
empresa todavía no estaba instalada ahí, sólo había cinco operarios, y el
inspector de la empresa, el que nos llevó ahí era amigo nuestro de acá de
Rosario, el padre de Rinesi, el que fue rector de la universidad de General
Sarmiento
Panchi Rinesi, un tipo
macanudo; entonces nosotros medio de favor nos encargábamos de algo más que la
topografía.
Ahí hubo varias experiencias.
Al mediodía comíamos asado, yo me encargaba de las compras, el trabajo nuestro
era de control, había momentos que no podíamos hacer nuestra tarea, teníamos
que esperar para inspeccionar, hacer tareas técnicas… Un día fui a comprar la
carne y también compré mandarinas y cuando comimos uno de los obreros dice
“huy, se ve que nos portamos bien hoy”, “¿por qué?”, “tenemos postre”. Para él
ya eso de que se le proveyera una mandarina era fuera de lo habitual. Era en la
planta de la cerámica San Lorenzo en Azul.
Ya más avanzada la
obra, uno de los obreros era un súper canchero, se sabía todo sobre licencias,
permisos, horas extras. Y el jefe de obra de obra, un muchacho joven, buen
tipo, que era egresado de acá, ingeniero civil, lo tenía entre ceja y ceja… no
le producía problemas en la obra, pero canchereaba.
Un día este jefe de
obra cuenta, conversando en el grupo de la dirección técnica, que según el
contrato tenía que colocar un monorriel,
pero el elemento del izado no figuraba específicamente en el contrato y
entonces él no lo puso y la empresa comitente no pudo chillar, es decir que eso
fue un beneficio para la empresa que él representaba; estaba haciendo lo mismo
que el obrero canchero, usando una especificación legal para obtener un
beneficio, lo que a él le parecía un mérito, pero cuando eso lo hacía un obrero
era una… deslealtad.
Ahí hubo varias
experiencias. Una vez estábamos cenando los que éramos de afuera, era un
comedor donde solíamos ir a la noche, al mediodía comíamos en la obra, año ’85
debería ser, época de Alfonsín, por ahí pasa el mozo, retira la carta y pone
otra; uno dice “¿qué hizo el mozo?”, “no sé, tendrá otra mesa, esta carta está
toda sucia, habrá retirado la otra más limpia”, la agarra “no –dice- cambiaron
todos los precios”. Nos cambiaron los precios por inflación mientras comíamos.
Pedimos a un precio y pagamos a otro distinto.
En esa época trabajé en
muchas empresas. Hice trabajo riesgoso, trabajo en altura. Una vez me sacó una
foto un inspector de seguridad porque me agarró justo sin arnés de seguridad a
doce metros de altura, al borde de una viga. Tuve que aprender a trabajar en
altura, porque las primeras veces caminaba como un robot. Después uno se acostumbra.
Me acuerdo lo que pasó
cuando el partido inaugural del mundial ’78; todos queríamos terminar para
rajarnos, y al mediodía “espontáneamente” se levantó el trabajo. Era en plena
dictadura, no había sindicato que podía decir formalmente “se corta”, pero fue
una cosa que de hecho se impuso y que los militares la condescendieron. En
Acindar era, en Villa Constitución. Al mediodía, de repente, me di cuenta de
que iba corriendo en una viga de noventa centímetros de ancho a dieciocho
metros de altura, que pisas un tornillito así…
De repente me paré
“¿qué estoy haciendo?”. Vi accidentes…, también tuve uno, en Acindar, en una
línea de fabricación de hierro para la construcción, voló por el aire un trozo
de hierro de muchos metros estando incandescente, al rojo, y me cayó encima, me
produjo varias quemaduras pero superficiales, por roce, en el cuerpo y la ropa;
lo más importante fue que me cayó sobre la cabeza pero me salvó el casco que
quedó inutilizable como elemento de protección.
Tuve muchísimas
experiencias, por ejemplo en Formosa, trabajando en el monte con lugareños. Ahí
aprendí eso que creía propio de otras regiones, propio de un libro de Julio
Verne, o del Sahara, eso del peligro de quedarse sin agua. Estábamos trabajando
y tenían que abrir picada para que yo pudiera medir. Entonces les digo “yo me
voy, quédense ustedes, si pueden termínenla y sino siguen a la tarde”. Porque
parábamos al mediodía (en Formosa no es posible trabajar al mediodía)… Cuando
llegué a la tarde estaba la picada abierta y al otro día les pregunté “¿les
llevó mucho tiempo?”. “Y no estábamos seguros si quedarnos o no porque teníamos
agua para dos horas nada más”. Claro, porque en esos lugares el sudor… Acá uno
está equivocado al creer que suda mucho, acá sudamos poco; la primer capa y no
se evapora. En un clima más seco el sudor se evapora. En Formosa con el calor
que hace en el mes de febrero la camisa no agarra olor.
Se ensucia por
supuesto, pero si es por el olor la podés usar una semana, porque sudás y se
evapora. Entonces dos horas sin agua es peligroso.
Bueno, no sé cuántas anécdotas
podría relatar
Por ejemplo, en Entre
Ríos, esa la tengo grabada en la retina, era un relevamiento del arroyo Tala en
la zona de Rosario del Tala, para el Consejo Federal de Inversiones, para
control de inundaciones. En una parte nos teníamos que meter en una estancia
donde había monte. No se podía entrar en vehículo motor, entrábamos en carro y
a caballo. Fue conmigo de acá, un técnico y el resto era gente de allá, seis o
siete. Yo vi que no llevaban parrilla. “¿Qué van a hacer para comer?”, “asado”
y no llevaban parrilla. Entonces a las once más o menos uno me dice “ingeniero,
yo me voy para preparar el asado”, “bueno, está bien”. Ahí a las doce nos
encontrábamos. Claro, ahí estaban abriendo picadas, leña era lo que sobraba.
Entonces lo que él hacía era elegir unas varillitas, las pelaba y enhebraba la
tira de asado.
Como si fuera un
brochet, y la clavaba como una estaca.
Hacía un fuego y le iba
arrimando de a poco, se hacía mitad a la brasa y mitad a la llama. No teníamos
platos ni nada, era pan y el asado. Cada uno tenía que llevar su cuchillo. No
te avisaban porque, para su cultura, ir a trabajar ahí y no llevar cuchillo era
como ir desnudo.
Entonces nos juntamos
en semicírculo, y el asador sacó una estaca, fue al semicírculo, la clavó en la
tierra y cada uno iba cortando de ahí con el cuchillo, sentado en algún tronco
o en el suelo, sacando pedazos y comiendo. Esa escena…Sí, espectacular, una
escena inolvidable. Y después que terminamos de comer quedaron las estacas
clavadas ahí, y Goyo Godoy, que era un gaucho de profesión, arriero, domador,
pero que ya no tenía laburo de sus cosas y tenía que conchabarse de lo que
pudiera, a pesar de que todavía tenía una tropilla de caballos, fue y sacó
todas las estacas las rompió y las tiró. Al otro día hizo lo mismo. Y dijo “no
sé qué gauchos son estos que dejan las estacas clavadas”. Le pregunté “Goyo, yo
vi que usted…”. Era un tipo inteligente, un tipo acostumbrado a domar, manejar
caballos, pero también gente. Yo lo puse de apuntador, anotaba las lecturas de
la nivelación. La gente si vos le das lugar… en Formosa un pibe me vio dos o
tres veces estacionar el teodolito y al tercer día antes que yo me diera cuenta
dijo “fíjese, ya está puesto”. Un muchachito joven. Otro día ahí en Formosa me
olvidé de llevar la libreta, dije “huy no tengo en qué anotar”, entonces por
ahí va uno, había unos hornos de ladrillo en esa zona, había un pedacito de
ladrillo, lo había gastado y le había sacado punta, y una madera. Acá tiene
dice.
Volviendo a lo de Goyo Godoy,
le digo “¿por qué usted sacó las estacas, las quebró y las tiró?”. Y me dice
“para que nunca se termine la tradición”; era un rito.… Era “para que nunca se
termine la tradición”.
Y ahí en Formosa me
acuerdo de una conversación entre dos peones, uno decía que había ido algo así
como el oficial de justicia a decirle que se tenían que ir de donde vivían. Y
el otro le dice “pero ¿cómo? ¿No fue ahí donde el tigre lo mató a tu abuelo?”. O
sea donde vivían desde la época que había monte con gatos monteses o pumas
cercanos a la gente y la simbolización era “donde el tigre lo mató a tu
abuelo”, como diciendo donde tanto tiempo… Bueno, ahí en Formosa justo estuve
durante el período de Isabel y el contrabando era una cosa increíble… La idea
que nosotros tenemos de contrabando allá en la frontera es otra cosa. Es un
trabajo para los lugareños, no es un…
Es una actividad. Uno
de ellos me llevó a mostrarme, me decía “quiero que venga, quiero que vea como
mi hijo trabaja; él lleva dos bolsas cuando los otros llevan una”. Me llevó a
ver al hijo alardeando… Y ese tipo tenía puesta una especie de aduana propia,
porque vivía en un rancho al lado de un arroyito, hasta ir a la frontera había
que pasar por varios arroyos, y para pasar ese arroyo él cobraba algo.
Claro, ese arroyo
tendría ocho metros de ancho, él tenía una canoa, vos ponías las cosas en la
canoa y las llevabas al otro lado; tenía tarifas fijadas “bolso grande tanto”,
“bolso chico tanto”, “cigarrillos o remedios a convenir”.
Y ganaban más así… Iban
a laburar haciendo picadas y eso para no ser, ante cualquier redada, tachados
de “gauchos vagos y mal entretenidos”.
Tenían trabajo,
trabajaban para eso, pero en ese momento ganaban cinco, siete, ocho, diez veces
más con el contrabando; no eran dueños de la mercadería, trabajaban en el
circuito.
¿El golpe del ’76?
Estaba viajando de Formosa para acá, me enteré en la ruta en una parada. Vale
la anécdota, oí algún comentario favorable al golpe, “a esa que estaba ahí”…
Son historias repetidas.
Estuve en una reunión
en Santa Fe donde se discutió como tenemos que hacer un trabajo en La Plata,
donde se instaló un observatorio geodésico que antes estaba en Chile, es un
convenio del Conicet y un instituto alemán.
Ahí hay observaciones
de la gravedad, de GPS, de pulsos láser a satélites y un radiotelescopio que
observa cuásares, que son elementos del espacio distante que se consideran como
fijos. Y hay que vincular espacialmente los instrumentos que realizan esas
mediciones. Yo hice una especialidad de ese tema, las mediciones de alta
precisión en espacios reducidos. Por ejemplo, trabajé en la construcción de
Atucha II.
En el ámbito académico
en ese tema soy conocido. Entre otras cosas porque hay muy pocos casos de gente
que haya hecho las dos experiencias y por un largo período, la de estar en la
producción y la de estar en la universidad. Hay gente que ha hecho muchos
trabajos, más que yo y muy interesantes, pero que no está en la docencia, o
sólo colaborando en algo. Y en la docencia hay quienes están en el tema, pero
que no tienen de ninguna manera esa experiencia aquilatada de estar, por
ejemplo, todo engrasado laburando en el ruido y el calor excesivos… En fin, en las condiciones vivas
de lo que es una gran industria. En Acindar hemos hecho muchísimos trabajos.
Se está por inaugurar,
se está instalando, un observatorio geodésico en el parque Pereyra Iraola, es
un convenio entre el Conicet y la Agencia cartográfica y geodésica alemana, es
el observatorio que estaba instalado en Concepción, en Chile, donde se produjo
el terremoto.
Este observatorio, por
lo que hace, no tiene un problema de atmósfera, de visibilidad, porque no hace
observaciones con instrumentos ópticos… Hace observaciones de tipo geodésico
con tres técnicas, una que se la conoce bajo la sigla de VLBI, que es un
radiotelescopio que registra ondas electromagnéticas provenientes de los
cuásares, que son elementos extragalácticos, por lo cuales se los considera
prácticamente fijos; es decir que el movimiento de la tierra en relación a la
distancia a la que están no existe, es insignificante.
Hay una antena
parabólica de cuatro metros de diámetro, que forma parte de una red de antenas
de ese tipo en el mundo, las cuales sirven para hacer determinaciones muy
precisas, del orden del milímetro, no de distancia, sino de diferencia de
distancia, para un mismo cuásar, entre dos antenas radiotelescopio ubicadas en
distintos lugares; para lo cual se registra la diferencia de tiempo usando
relojes atómicos con precisión mejor que el billonésimo de segundo lo que permite
deducir cuál la relación espacial entre los radiotelescopios. Y eso se utiliza
para varias cosas, por ejemplo, para ver el movimiento del eje terrestre… Este
radiotelescopio es, hasta ahora, el único en América del sur y sirve, entre
otras cosas, para establecer una red mundial de puntos de coordenadas conocidas
con respecto a un sistema único mundial basado en el centro de masas de la
tierra y en el eje de giro.
Ese observatorio tiene
también un telescopio láser -siglas SLR- que envía pulsos a satélites
artificiales y con el rebote mide distancias para determinar posiciones sobre
la Tierra.
Y tiene también seis
antenas GNSS -lo que era GPS-, que ahora es un sistema más global porque incluye
los satélites rusos, europeos, japoneses, chinos, etc. y sirven también para
determinar posiciones. Como cada una de esas técnicas determinan una red
mundial de puntos, pretendidamente del mismo sistema, lo que hace falta es
vincularlas unas con otras. Entonces en los observatorios, que no son muchos en
el mundo, donde hay más de una de esas técnicas hay que establecer la relación
geométrica entre los instrumentos de las distintas técnicas. El director, nos
conocemos de hace mucho, nos convocó para diseñar el sistema de medición y
efectuar las mediciones que permitan vincular el radiotelescopio con el láser y
las antenas GNSS, también participa otro grupo de Mendoza.
Soy uno de los
especialistas en ese tipo de trabajo, pero no del uso de esos instrumentos,
sino de cómo medir, como resolver el problema geométrico de medir con alta
precisión, con precisión milimétrica o, mejor aún, submilimétrica, la relación
geométrica entre los aparatos.
También fui docente en
el bachillerato de la provincia para adultos. Para mí fue una experiencia muy
rica, muy interesante. En parte por un factor suerte, porque ese período era un
período que además tenía que resolver la subsistencia económica. Buscando
laburo o rebusque salió eso del bachillerato, me anoté para dar matemática y me
llamaron para dar física, que no era mi idea. Bueno, pero había que laburar y
de todos modos si uno se ponía…
Y empalmé entonces con Silvio
Peressini un ex compañero de La Fede y del PCR, que había estado estudiando
física en la Lumumba (universidad soviética para estudiantes del tercer mundo).
Preparábamos las clases juntos. De todos modos la física era una física
elemental. Y había un equipo coordinador en física buenísimo, uno de ellos un
tal Gómez (era del PRT, creo que murió en un enfrentamiento, no estoy seguro),
con interesante planteo pedagógico: la física tiene que ser experimental,
entonces la enseñanza fundamental es cómo de la experiencia se deducen las
leyes. Había que hacer prácticas, no había que hacer lo clásico del pizarrón
para después hacer una experiencia que da o no da confirmando la teoría.
Entonces habían inventado todo un dispositivo interesantísimo, de manera tal que
hacíamos laboratorio con alumnos adultos en escuelas primarias (a muchos la
panza no le entraba en el banco y con una lamparita de veinticinco bujías
iluminando el aula), con una caja de zapatos con un pedacito recortado y cubierto
con papel semitransparente, una hendija del otro lado para que pase la luz,
alfileres, corchos, linternas, pedacitos de espejos, pedacito de vidrio opaco,
pedacitos de vidrio transparente, autitos de juguete, un pie de madera del que colgaba
un resorte a modo de balanza, según cómo se estiraba el resorte se iba
marcando. Pero las unidades eran las que cada uno se inventaba, para uno era una
bolita, para otro era una tuerca y después se hacía el intercambio para ver la
equivalencia, cuál era la equivalencia de peso entre las tuercas y las bolitas.
Era algo muy interesante y me quedó grabado
Era algo de lo que los alumnos
se podían apropiar.
Además, salvo rara
excepción, iban porque querían. No era la situación de muchos estudiantes
secundarios que van por obligación.
Cuando tuvimos que
tomar el primer parcial dijimos “¿qué vamos a hacer? ¿Preguntas teóricas?”. En
el examen tenía que haber práctica. Entonces inventamos un práctico en relación
con las experiencias realizadas que consistía en una cartulina negra sobre la
cual mandamos un haz de luz por una rendija y del otro lado se coloca un
espejito “lo que hay que hacer es el práctico y los alumnos deben responder qué
fenómeno se observa y describirlo”. Pero nos dijimos “vamos a hacerlo nosotros
primero, no vaya a ser que demos por sabido…”. Entonces en la casa de Silvio lo
preparamos, apagamos todas las luces, todo oscuro, mandamos el haz de luz y
estaba clarísima la respuesta, no cabía duda: había propagación de la luz,
reflejo en el espejito que estaba del otro lado y también absorción de luz por
la cartulina, se observan con claridad los tres fenómenos.
Cuando, después del
parcial, vemos las respuestas hay alguna que dice “se observan claramente cinco
fenómenos: la propagación de la luz, el reflejo de una parte de la luz porque
parte la absorbe el espejo, parte la absorbe la mesa y después va…”. Y así
había respuestas distintas, variadas y en general correctas, y distintas de las
que habíamos previsto… o mejor dicho sobreabundaban.
Complementaban las que
habíamos predefinido… Realmente fue una experiencia… Que después me sirvió para
la docencia en la facultad. Porque una de las cosas que yo hacía en una de las
materias de las que daba era –a posteriori todos los alumnos lo destacaron
todos los años como algo que les había resultado interesante…- hacíamos un
trabajo práctico donde tenían que aplicar los conocimientos adquiridos
previamente, pero nosotros lo único que indicábamos era el objetivo a cumplir, pero
nada respecto a cómo se hacía ni qué instrumental utilizar, eran alumnos de 5º
año.
Por ejemplo, uno era en
la barranca al lado de la Siberia, calcular el movimiento de suelo necesario
para que quedara una explanada de determinadas características. ¿Cómo hacerlo,
con qué instrumental? nada. Y hacerlo en grupo. Después había que exponerlo. La
aprobación del trabajo, si se le puede llamar “aprobación”, era mediante la
exposición. Entonces era un trabajo colectivo.
También hacíamos otro, una
interesante experiencia; era uno de los trabajos que lo repetíamos todos los
años y todos los años todos los grupos lo hacían distinto; incluso les decíamos
“esto ya lo hicimos, si quieren buscar a algún compañero del año pasado para
copiarlo, lo pueden copiar, pero se pierden la oportunidad de aprender…”. Y
inventaban su propia forma de resolver el problema, que era partiendo de un
punto de la terraza de la facultad marcar un punto de coordenadas determinadas
en la planta baja, pero donde no había visibilidad directa. Había que resolver
un problema complicado y siempre la solución era creativa.
Volviendo, la del
bachillerato para adultos fue una experiencia muy buena; Incluso fuimos a
visitar Atucha I, que se había inaugurado en el ’74. Justo se dio la
posibilidad de un contacto y fuimos a visitar la planta de energía atómica. En
física del bachillerato para adultos dimos energía atómica en el 74.
Volviendo a temas anteriores
En esa etapa lo más
significativo fue lo del trabajo profesional. Desde el punto de vista político
el aislamiento, el contacto esporádico, la incursión propia del “uno más”.
La asamblea del barrio
Rucci…, propia del “uno más”, el bachillerato para adultos…
La reinserción en la actividad política es después del ’90, después de la
dedicación exclusiva en la universidad.
En el ’85, el que era
mi socio en el trabajo profesional, Carlos Duché, tenía viejos contactos de la
facultad, del partido reformista, de la época de estudiante; no me acuerdo cómo
fue que él se vinculó y entonces me propuso para jurado en un concurso, como
graduado.
Yo no había tenido
mucho acercamiento a la universidad no solo porque viajaba, sino porque la
universidad todavía era la universidad intervenida…
Siempre digo eso, sobre
todo para los que no estuvieron en esa época… Que me echaron en el ’67 y me
reincorporé en el ’87 después de un breve lapso de veinte años. Y en todo ese
lapso no tuve contacto. Por supuesto tenía noticia respecto a quienes estaban
al frente de la universidad y cómo la manejaban, a grandes rasgos.
Bien, fui jurado, eso
fue el primer acercamiento, y en el ’86 o a principios del ’87 fui a hablar con
el que era director de la Escuela de Agrimensura, Gualberto Venesia (dirigente
peronista que después ocupó cargos muy importantes) con el que nos conocíamos
desde la secundaria, yo lo mencioné, él era el delegado de la UES en el ’54 y
‘55. Fui a hablar con él para proponerle un par de actividades, una era una
visita a la obra en construcción de Yacyretá, pero no a ver simplemente la
represa sino para conocer el trabajo de tipo topográfico en la construcción de
la represa.
Proponía como profesional
y egresado una actividad para la facultad que me parecía que correspondía con
alumnos de la carrera de Agrimensura.
Me parece que nunca
dejé de sentir que me habían frustrado mi carrera docente en el ’67 pero no fui
con la idea de decir “yo quiero volver a la facultad”. Yo me sentía vinculado
por el solo hecho de ejercer la profesión.
Una era esa y otra
actividad era organizar un encuentro entre profesionales –pero hacerlo en la
facultad, para ponerlo al alcance de los alumnos- que hubieran actuado o
estuvieran actuando en el tipo de actividades que no era la clásica de la
agrimensura, que era la de la construcción de las obras, el montaje industrial,
etc.… por ejemplo, cuando estuve trabajando en Acindar, en el período ’77-’78
éramos diecinueve profesionales de Agrimensura que estábamos en la empresa a
cargo de la inspección, haciendo ese tipo de trabajo. O sea que de acá había
una cantidad de gente, no la mayoría de la profesión, trabajando en el tema … ;
en ese tema ya venía averiguando algo de hace un tiempo, inclusive en algún
momento intenté hacer algún registro, del cual debe haber en algún lado algún
papel viejo. Ir registrando profesionales de Mendoza, de Buenos Aires o de tal
otro lado, este estuvo acá, ese estuvo allá, este en otro lado, pero que nunca
terminó en nada.
Quería hacer un encuentro
para intercambiar experiencias. Y Venesia me contestó con una respuesta
bastante propia de él: “¿por qué no te incorporás vos a la facultad y lo
organizás vos?”. Según dijo le parecía buena idea, no era una mala iniciativa,
entonces hacía falta alguien que la motorizara.
Me trataba con mucho
respeto, a pesar. de las diferencias, más de una vez lo dijo públicamente. En
aquel momento todavía no había concurso para los cargos interinos, era
designación a dedo.
Ahora en
Ingeniería, para entrar como interino es obligatorio el concurso, desde el
noventa y pico. No es concurso de los que se denominan ordinarios, pero no hay
ninguno que no tenga concurso.
Me designaron en un
cargo de JTP simple (Jefe de Trabajos Prácticos dedicación mínima) para que organizara
esas actividades. En realidad eso fue motivo de dos o tres meses de vacilación
de mi parte, porque me carcomía una duda… ¡el aceptar ingresar en un cargo
docente sin concurso!
No había concurso, pero,
contradictoriamente había un principio de que para entrar había que entrar con
concurso.
En definitiva opté por
la que me parecía que ofrecía más perspectiva de hacer algo útil y entré en un
cargo de JTP simple en el ’87. Fue muy duro para mí, muy duro. Porque esa ironía
que yo decía “breve lapso de veinte años”, eran veinte años sin un libro de
matemática. Con Duché, con mi socio (amigo antes que socio), él había sido
docente y quedó también afuera de la Tecnológica con la dictadura, pero él
había estado hasta el setenta y pico como profesor, entonces había seguido
actualizado. En ese período, una de las cosas para recordar vivamente era el
año ’81, ’82, dictadura, política de Martínez de Hoz, sin laburo. Con Duché nos
dedicamos a estudiar. Estudiábamos, por ejemplo, aplicar la teoría de errores
al cálculo de los puentes grúa.
De ahí surgió un
trabajo que publicamos, está en internet. Pero me acuerdo una conversación con
un arquitecto, Florio, amigo de la época del movimiento estudiantil,
encontrarnos en el centro e ir a tomar un café. Y en la charla de la situación
dice “vos sabés qué duro es tomar noción de que nadie te necesita”. Fue un
período, ’81, ’82 malísimo.
Nadie te necesita desde el punto de vista laboral, estaba dicho estrictamente en
ese sentido. Tomar noción de que nadie te necesita. Y cuando me incorporé tuve
que agarrar un libro de Análisis Matemático; con un cargo simple, me iba todos
los días a la facultad, sacaba el libro de la biblioteca…y me encerraba todas
las mañanas en el gabinete de instrumental.
Análisis Matemático, de
primer año, límites, derivadas, integrales.
Yo siempre digo que
tengo algo en común con Stephen Hawking; hace poco leí una biografía de él que
dice que cuando empezó a dedicarse a la física se dio cuenta de que tenía un
basamento matemático muy débil. Mi similitud con él es esa, la diferencia es
que él lo resolvió.
En Agrimensura eran muy
pocos alumnos.
En ese momento yo un era
veterano, por la edad, pero entre los docentes era el más nuevo; estoy hablando
de año ’87, tenía cuarenta y ocho años; algunos docentes me conocían de cuando
fui ayudante alumno en el ’66, ’67.
Era una reivindicación
para mí. Yo me sentía un… no sé qué palabra usar,…..estaba recuperando un
derecho, algo por el estilo. No solo ni simplemente un derecho, sino un derecho
vinculado a algo que me interesaba.
Desde el punto de vista
económico no era significativo. A los cuarenta y ocho años un cargo de JTP
simple… bueno, hacían falta más docentes y un año después me dijeron que me
encargara de otra cosa, para lo que me podían dar otro cargo de JTP simple.
Había temas, por
ejemplo el mismo por el cual fui ahora a La Plata, trabajos de alta precisión
en un espacio limitado, en fin, todo lo que hace a obras de ingeniería, a la
industria; estaban en una materia que era una especialidad mía, por mis
antecedentes laborales, entonces Venesia me propuso que me incorporara ahí.
El profesor era Rohn, y
a esa altura, año ’89, no andaba bien de salud. Venesia me dijo “¿por qué no te
incorporás?”, incluso “fíjate cómo Rohn…”, quería asignarme el control del
profesor; por supuesto le dije que eso no era lo adecuado pero la situación se
definió rápidamente porque Rohn tuvo alzhéimer, pidió licencia y quedé como
jefe de trabajos prácticos a cargo de la materia en el ’89, con un JTP simple,
porque con el otro seguía en Topografía. En el ’90, Rohn renunció para
jubilarse y entonces quedó un cargo de titular exclusiva libre.
¿Quién lo ocupa? En aquel
momento no eran apetecidos los cargos de exclusiva.
Todavía sobrevolaba
cierto ambiente de que si vos ibas a un cargo exclusivo no debías ejercer en la
profesión…aunque ya había dejado de ser categórico, pero tenía cierta…me
acuerdo que cuando entré en el cargo de exclusiva fui a hablar con el
secretario académico para decirle que por algunos meses tenía que completar el
trámite de trabajos ya realizados, es decir tener cierta actuación como
profesional y me miró como diciendo ¿a qué viene eso? ¿este es tonto o se hace?
Antes, cuando entré en
el segundo cargo de JTP, el secretario no era académico, era secretario
técnico. Porque a diferencia de la pléyade de secretarías que hay hoy en las
facultades, en la década del ’60 había un secretario administrativo y la
novedad fue un secretario técnico, había dos.
El secretario técnico
cuando entré en el segundo cargo de JTP era Lifschitz, del PS.
Venesia era director de
la Escuela de Agrimensura, dejó en el ’89 cuando entró como diputado.
Entonces quedó el cargo
ese y bueno ¿quién lo ocupa? Huerta, que se había reincorporado también a la
universidad no hacía mucho, había estado en la actividad empresarial, pero
venía de vieja época, no de mi época, es de menor edad que yo, me dijo “bueno,
ahí tenés que ser vos”. Por supuesto que a mí me apetecía. Entonces se hizo una
reunión de departamento y hubo otro docente, Zambruno, que dijo que él se
proponía. Era un …, más veterano que yo. Introcaso le buscó la vuelta “bueno,
está bien, hagamos una cosa, hay dos postulantes, que presente cada uno un
plan, un programa, una propuesta y vemos sobre esa base”. Lo mató a Zambruno,
no presentó nada, solo quería el cargo de exclusiva. Y me designaron.
En el Consejo Directivo
sé que hubo discusión porque yo pegaba un salto. Hacía tres años que había
entrado con un JTP simple y pasaba a un cargo de profesor titular dedicación exclusiva,
con tres años de antigüedad, no creo que haya muchos antecedentes. Hubo
entonces quienes plantearon “bueno, está bien, que se lo designe porque no hay
otro, pero le vamos a llamar el concurso, que se lo gane”. Y era lo que yo
quería. Llamaron a concurso, fui el único que me presenté y pasaron seis meses
y el concurso no se hacía. Cuando fui a averiguar me dijeron “no, se dejó sin
efecto ese llamado, se llama de nuevo, porque no hubo difusión suficiente…”
Yo podría haber exigido
que se respetara lo reglamentario, el plazo de inscripción estaba cumplido y yo
era el único… Pero acepté, en un gesto de orgullo, veamos quien es mejor, y se anotó Cornero, que era
un tipo de la vieja guardia de la facultad, yo lo conocía, era de una
generación un poco anterior a la mía.
No era de ningún
partido, pero estaba vinculado a la dirección que predominaba en la facultad.
Era profesor en la facultad, en Ingeniería Civil, de hacía muchos años. Se hizo
el concurso y quedé primero en el orden de mérito; él no impugnó formalmente,
pero utilizó sus contactos como para poner duda y dejar el concurso medio ahí
flotando… Firmó dejando constancia de que para él no estaban claras algunas
cosas…, para embarrar, y hubo un proceso largo, que duró cuatro años, hasta que
terminó de resolver el Consejo Directivo y después el Consejo Superior.
Primero pidieron
ampliación de dictamen y en la ampliación de dictamen lo mataron a Cornero.
Creo que algunos
miembros del jurado se enojaron; porque habían sido benevolentes con Cornero en
el primer dictamen y encima eran cuestionados. Entonces en la ampliación de
dictamen le pusieron que se presentó a una materia que no conocía. Lo
escribieron a eso. Que era así, se presentó por el cargo de…
Eso duró cuatro años.
En el ’94 recién el Superior resolvió; mientras, yo estaba como interino en el
cargo de titular exclusiva. Y quedé de esa manera. Y ahí ya en todo ese proceso
se fue produciendo mi incorporación, que no fue una incorporación tan fácil a
la actividad gremial y política en la universidad porque había una discontinuidad
de… Yo no tenía relación política con nadie. Bah, con los que tenía mejor no
tenerla. A Cornero lo conocía o a Venesia, pero a Raúl, a Laura, a Junco no los
conocía…
Cuando había asambleas
iba.
Me acuerdo al
principio, en el ’87, asambleas grandes como de doscientos o más.
No me acuerdo de nadie
en particular. Yo iba a enterarme. La primera vez que habré hablado, tampoco lo
hice en el sentido de orador, sino de preguntar o cosas por el estilo, habrá
sido en el ’88 u ’89 me imagino.
Y bueno, la cuestión
del concurso de paso también me obligó a ponerme en contacto con más gente. Me
acuerdo que fui… COAD funcionaba en ATE, fui a hablar con Lopecito, ahí la
conocí a Anahí, en ese momento Secretaria General de COAD.
El que encabezaba en
Ingeniería era Junco. Me fui vinculando. La primera vez creo que intervine
activamente como uno de los protagonistas en la elección de consejeros
–protagonista no por ser candidato, sino porque era de los que estaban…peleando-
creo que fue en el ’94. Y bueno, de ahí en adelante fue bastante más que
rápido. Una vez que me asenté ya me sentí en…
Y ahí se conjugó la
necesidad con la oportunidad y bueno, se convirtió en normalidad.
Fue un período muy
intenso, sobre todo a partir del 2001
Porque ahí iba todo
como en paralelo, iban surgiendo…
Las agrupaciones, La Unidad
en estudiantes y el Frente 20 de Diciembre en docentes, producto del 2001, típicos
productos del 2001. Era la época en que muchos estudiantes, particularmente de
Ingeniería, cuando se recibían o estaban a la puerta de recibirse estaban
pensando si iban a sacar pasaporte a alguna embajada o qué hacían. Y ahí se
armó un grupo estudiantil realmente muy interesante. Empezó y se desarrolló un
grupo con el cual teníamos una relación muy fluida.
Particularmente yo… Yo
me sentía más a gusto con los estudiantes que con los docentes. Incluso hice
relación de amistad con algunos de ellos.
En ese período fue una
experiencia también muy importante lo de la enseñanza de computación, antes de
los 90.
Peressini, con el cual
trabajé en el bachillerato para adultos, armó un instituto, me llamó, yo fui a
aprender y después pasé a ser el coordinador. Fue cuando aparecieron las
computadoras con el televisor como pantalla, en el año ’85. Era una computadora
chiquita, que se conectaba a un televisor. Se grababa en cinta, en un cassette.
Y fue un furor. Se organizaron cursos de modo que en un año hubo como cinco mil
inscriptos abarcando unas cuarenta localidades.
Yo tenía experiencia
como organizador, organizaba todo eso, porque había tipos que iban a dar cursos
en algún lugar, volvían y en la estación de ómnibus le pasaban el bolso con las
computadoras al que iba a dar a otro lugar, hasta cuatrocientos kilómetros de
distancia.
Esa también fue una
experiencia… Ahí enseñé computación, en lenguaje Basic en aquel entonces, desde
pibes de primaria, que es la única cosa que di para alumnos de esa edad, hasta
adultos o profesionales. También fue una experiencia muy rica, muy interesante.
Distinta totalmente a las otras.
Si hablamos de lo
cronológico, entre las cosas de ese período fui miembro de la Comisión Directiva
de la Asociación de Profesionales de la Agrimensura y miembro del directorio
del Colegio de Profesionales de la Agrimensura de la provincia.
Y una experiencia muy
interesante fue a partir del ’81 cuando mi compañera pasó a ser directora en
una escuela rural de Rosario, Uriburu al 6700…... Zona totalmente hortícola……laburando
en la cuestión de arreglar la escuela… ayudándole con los contratistas, el
arreglo de los baños y cosas por el estilo…. A partir de ahí conocí gente de la
Cooperadora que estaba en las carreras de sortija, y tiempo después fui
secretario de la agrupación tradicionalista El Bagual. Claro, de juegos
criollos de a caballo.
Las carreras de sortija
no eran por guita. Era una agrupación que organizaba juegos, carreras de
sortijas y otros, los tambores como se le llama a otro, nada por guita.
Premios sí, pañuelos, trofeos… Yo me gané un potrillo.
Mi mujer me los recluyó
en un rincón, pero tengo varios de esos premios.
En Pérez lo organizamos
a beneficio de los bomberos voluntarios; los bomberos hacían locro y nosotros
hacíamos la carrera de sortija hasta con noventa caballos. Yo era el locutor
además de correr.
Eso fue una relación
con otro mundo. La gran mayoría eran trabajadores al borde del lumpenato, la
modernización los estaba excluyendo.
Una vez cuando
estábamos organizando una de esas fiestas en Pérez -claro cada uno tiene su
cultura y se le mezclan las cosas- dije “podemos hacer tal cosa.., vamos a
organizar de esta manera…”, y agregué “hagamos una hipótesis”. Entonces uno,
que era muy vivo, no es que no entendió, era un tipo que tenía una mueblería y
la dejó para dedicarse a ir vendiendo leche con las vacas “ordeñando al pie”… Y
dijo “¿una qué querés que hagamos?” Y después cuando estábamos viendo lo de los
premios, “podemos poner tal cosa”, y uno dice “¿no podemos poner una de esa,
cómo era que vos decías?”
Eso fue una experiencia
muy rica, me refiero por todo el contacto con un mundo, con gente muy diversa…
Íbamos a otros pueblos, desfilamos el primer 20 de junio después del gobierno
militar. Desfilamos delante de Vernet y Alfonsín acá en el Monumento, por
supuesto a caballo.
También desfilé en
Diamante, donde se hace una de las más importantes fiestas nacionales
Con esa gente, de
Rosario, he perdido el vínculo, pero lo mantengo sí con los de Mugueta, a
principios de este año, 2015, corrí carreras de sortija.
Sí, de tres pasadas una
acerté. La sortija tiene que estar a una altura adecuada para que se llegue
desde arriba del caballo, algunos se paran sobre los estribos.
Como en todas las cosas
hay estilos, costumbres, formas.
En ese período del ’78
al ’85 viví en el barrio Rucci, también todo un mundo.
Ahí lo del Rucci fue
también una de esas paradojas.
Antes alquilábamos en
calle Constitución al 1900, pero con Martínez de Hoz, 1976, se eliminó la ley
de prórroga de los contratos de alquiler y abrieron una inscripción para los
que se les vencían los contratos, prometiendo créditos.
Por las dudas nos
anotamos. Por ahí llegó una nota del Banco Hipotecario, citándome. Nega dijo
“tenés que ir” y yo le contesto “no, para qué, sabés cómo es la política de
créditos, plata únicamente para el que tiene plata, no van a dar un crédito al
que…”. Como otras muchas veces ella tenía razón.
Al final fui,
convencido de que iba al cohete. Hice la cola y ya estando cerca de la mesa de
atención escucho que le iban diciendo, a los que estaban más adelante, “usted
tiene adjudicado un departamento en el barrio Primero de Mayo”; le pregunté a
una señora que estaba en la cola “¿usted se anotó para un departamento?” y dijo
“no, yo vine a ver si había créditos”. Y cuando llego a la ventanilla…“tiene
adjudicado un departamento”. No dije nada, agarré los papeles y me fui. Hice
dos cuadras y volví a preguntar “yo vine a ver porque no sé si entendí bien”.
Y bueno, tuvimos ahí un
lindo departamento, de tres dormitorios. Ahí vivimos desde el ’78. Ese barrio
lo manejaba la CGT antes del golpe y de repente cuando los militares tomaron el
gobierno se quedaron con que tenían medio barrio todavía por adjudicar, no
sabían qué hacer. Eran, no me acuerdo bien, creo que dos mil quinientos
departamentos.
En el ’78 mi domicilio
“legal” seguía siendo la casa de mis viejos. Allí llegó la citación del Banco.
Parece que el manejo de
la información en aquella época era más difícil, le otorgaban vivienda a
alguien con antecedentes de subversivo. No sabían qué hacer con ese barrio que
antes del golpe era manejado por la CGT y entregaron a gente que estaba
inscripta; eso sí, mediante la figura de “tenencia precaria”, con todos los
problemas que eso implica, sobre todo para poder organizar a los tenedores
careciendo de herramientas legales, todo sujeto a la “precariedad”, de modo que
no se forma el consorcio de cada edificio. Quedaba la administración del barrio
a cargo de un sargento, quien estaba a cargo de la CGT. Tal es así que el tipo
cuando comunicaba alguna disposición hacía poner carteles en cada monoblock diciendo,
por ejemplo, que hay que sacar la basura a tal horario, ponía el cartelito que
decía “al personal del barrio”.
Y ahí fue donde
participé en asambleas, eran asambleas de trescientas, cuatrocientas o
quinientas personas, sobre todo por el tema de las cuotas, porque era la
actualización con la famosa1050, la de Martínez de Hoz, que se actualizaban a
un ritmo tal que más pagabas más debías; hasta que llegó un momento que se
decidió no pagar más.
La gente que estaba en
la dirección de la vecinal eran peronistas, más o menos se daban cuenta de mi
filiación, teníamos muy buena relación, incluso me propusieron presidir
asambleas, viendo que yo tenía manejo.
Cuando vivía allá
trabajé durante diez meses en Acindar. Me levantaba a las cuatro y media de la
mañana, tomaba el ómnibus hasta el centro y de ahí salíamos en el vehículo de
la empresa hasta Villa Constitución, por la ruta vieja, no estaba la autopista.
Y cuando salíamos a las cinco o seis de la tarde íbamos al centro y tomaba el
ómnibus hasta el Rucci. Lo que sí arreglé era que trabajaba de lunes a jueves,
porque si no tenía que cortar todos los contactos de trabajo particular. Eso
fue diez meses más o menos, desde noviembre del ’77 hasta septiembre del ’78
más o menos. Era matador. Esa es una de las experiencias de vida, el laburo de
la obra, por ejemplo los que viven en Rosario y trabajan en San Nicolás. Y
después en la obra un trabajo propio de obra, no de oficina, estar subiendo,
andando, al aire libre; en pleno invierno estábamos a doce metros de altura al
lado del río. Con el ayudante mío nos habíamos puesto de acuerdo –suena un poco
grosero- que nos avisábamos mutuamente cuando se nos caían los mocos. Porque no
nos dábamos cuenta y estábamos moqueando.
Retomo una que me olvidé de mencionar con el tema de la facultad. Una
cosa que me
preguntaron cuando fui al Consejo Directivo a defender el concurso -que también
era inusual, porque no va un docente al Consejo Directivo a discutir su
concurso- fue sobre la antigüedad, que yo no tenía antigüedad. Me dijeron por
qué no pedí que se me reconociera la antigüedad desde que me echaron, ya que había
una reglamentación que lo permitía… Y les dije la verdad, no es que yo no
sabía, yo no lo pedí porque me resultaba incómodo… Yo había estado menos de un
año, me incorporaba junto a gente que hacía veinte o quince años que estaba y
al otro día yo iba a tener más antigüedad, iba a tener veintiún años de
antigüedad … Me resultaba una cosa… legal, pero
sí, incómoda, como un
abuso, algo por el estilo, aunque después me jubilé sin tener la antigüedad
completa en la universidad, tuve que sumar años en otros trabajos, pero a los
50 años uno todavía no piensa en la jubilación.
Lo que quería mencionar
es que la experiencia del ’75 al ’90 fue muy intensa desde el trabajo
profesional, pero no solo en lo profesional sino también de vivencias en otros
ambientes.
Yo trataba de hacer
todas las experiencias que podía. Teníamos un matrimonio amigo en Misiones al
que fuimos a visitar cuando fuimos a las Cataratas. Él Cultivaba caña, entonces
le dije “yo quiero trabajar un día”. Fui a trabajar un día cortando caña,
pelando, subiendo al acoplado…
O con mi cuñado que es
albañil, en el ’77, en las vacaciones de invierno fuimos unos días a Mugueta -uno
de los que trabaja con él comentó “te venís acá porque te sentís más seguro que
allá en tu casa”-.
Le propuse a mi cuñado
“si querés voy a trabajar de peón con vos una semana, pero con una condición,
que vos me pagues como a cualquier peón, porque si voy sin que vos me pagues
voy como de visita, de turista y no me vas a dar laburo. Yo voy a trabajar como
peón y vos me pagás como peón”. Mi cuñado era bárbaro para laburar, usaba en
vez de los baldes comunes, los tarros de veinte litros con arena, piedras.
Apenas pude aguantar el esfuerzo de esa emana, por orgullo.
Él era jugador de
fútbol… Y lo cargaban, decían que al ayudante le pedía “al mediodía, mientras
descansás, entrate esas cincuenta bolsas”.
En este desorden me
ayudo apelando bastante, no siempre, a lo cronológico no porque crea que deba
seguirse una cronología en todo relato, pero cuando hace tanto tiempo si uno no
se ayuda de ese modo….
Es una manera de poder
recolectar todas las… Una manera, puede haber otras.
Andar a caballo aprendí
de chiquito. Eso viene de mi viejo.
Creo que lo mencioné, cuando
íbamos de vacaciones a las sierras siempre mi viejo nos llevaba a andar a
caballo. Y después cuando hicimos unas vacaciones en la quinta de un tío mío en
Santo Tomé, ahí tenía doce años, había una yegua que la podíamos usar todo lo
que quisiéramos. Entonces todos los días andábamos con mi primo, mi hermano…
4a. ETAPA
La experiencia docente;
el contacto con los jóvenes es, para mí, un privilegio, un privilegio difícil
de valorar, sería parecido a eso que dicen de la madre, que se la valora cuando
se la pierde. Ese contacto lo extraño desde que me jubilé.
Fui docente ayudante
pero muy poco tiempo, tres años, después pasé a profesor y tener ayudantes. En
mi experiencia lo que hicimos siempre con los ayudantes que trabajaron conmigo era
compartir todo, no había quien daba la teoría, quien daba la práctica. Eran
cursos chicos en Agrimensura, generalmente éramos dos docentes, tres a lo sumo.
En el período que yo me
incorporé había muy pocos alumnos en lo cursos superiores, no más de ocho,
después fue aumentando, quince o veinte. Asistíamos los dos, sea un tema de
teoría o un práctico, no separábamos los horarios entre teoría y práctica.
Desde el punto de vista
de la dedicación horaria se podría reducir a la mitad aproximadamente si se hace
esa separación, pero no creo que sea lo mejor.
Antes
mencioné cómo alguna de las experiencias más significativas los trabajos
prácticos grupales y la exposición por parte de los alumnos, de defender sus
trabajos, explicarlos. No todas las materias se prestan, pero algunas de las
que tuve se prestaban particularmente para eso y para que eso fuera a la vez un
método de evaluación. Visitas a obras hicimos todas las que pudimos. Más no
hicimos porque no las había, sobre todo durante el gobierno de Menem. Hubo un
período en que no había obras viales. El puente Rosario-Victoria nos vino
bárbaro durante cinco años, íbamos dos veces por año.
Y una reflexión sobre
la idiosincrasia del estudiante actual -supongo que no es exclusivo de
Ingeniería- que se ha desarrollado a partir de la ideología del individualismo,
del mercado, del liberalismo, de la cuestión de la angustia por la rapidez, la
efectividad. Toda una cuestión de la sociedad, lo que yo llamo una “cultura de
supermercado”. Es decir, ¿qué hago en la facultad? Voy, como en el super, con
el carro metiendo las cosas que me hacen falta para salir lo más rápido posible,
en este caso materias. Conversando una vez con una alumna me dijo “en marzo
tiré tal materia”. Le dije “¿por qué hiciste eso?”. “Y, porque ya está…”. “pero
¿por qué la tiraste? La hubieras guardado”. En esa cultura de supermercado, por
lo menos yo, cuando entro al supermercado me quiero rajar lo más rápido posible
después de cargar lo que necesito.
Y la otra cosa -esa no
es mía, es de uno que fue rector de la Universidad de Buenos Aires, Jaim
Etcheverry, un tipo de derecha, liberal, muy inteligente- diciendo que en
general los alumnos aprenden, pero a veces eso es un problema, aprenden copiar
y pegar, o plagiar, o presentar cosas ya hechas. Aprenden de docentes que les
enseñan eso. No intencionada ni deliberadamente, sino que hacen eso y los
alumnos aprenden.
Por eso digo, no es que
inventan los alumnos, aprenden. Y una característica actual es poca política.
Hay poca política. Eso sobre la experiencia docente. Sobre la investigación, yo
me jubilé como investigador, pero nunca tuve formación de investigador.
Formamos un grupo de investigación en realidad para conseguir subsidios para
comprar instrumental. En el grupo ese ninguno hicimos carrera de investigador.
Ninguno estaba en el
Conicet, teníamos categorización de investigador… de todos modos, eso estoy
seguro, investigamos y produjimos.
Hay cierta
profesionalidad, hay métodos que en realidad no teníamos. Creo que
investigamos, creo que produjimos, creo que aportamos, pero ninguno hizo ningún
tipo de carrera ni produjimos papers.
Junto con Eduardo
Huerta y Gustavo Noguera produjimos el libro GPS Posicionamiento Satelital, publicado
en el año 2005, único libro de autores argentinos sobre ese tema, de amplio uso
en Argentina y en países de habla hispana.
Una experiencia muy
importante fue la actuación en el Consejo Directivo de Ingeniería. Fui
consejero docente durante dos períodos. Creo que fue una experiencia muy
valiosa, muy productiva. De parte importante de las reglamentaciones que se
siguen usando en la facultad fui redactor o co-redactor.
En el ’99 entré como consejero
suplente, pero rápidamente pasé…a incorporarme.
La lista nuestra es del
‘99, aunque no me acuerdo si se llamaba Facultad entonces. Yo me incorporé a
algo que tenía muy rica historia; ADFI (Asociación de Docentes de la Facultad
de Ingeniería) funcionaba desde hace mucho tiempo antes, yo me fui vinculando a
lo que ya estaba. En el CD entré en el ’99 y estuve hasta el 2003 y después del
2003 al 2007. Hice una labor muy intensa, que creo valiosa. Ahora,
autocríticamente, creo que fue muy parlamentarista mi actividad. No era
predominantemente usar la labor en el Consejo Directivo para trabajar con la
gente, sino que eran como dos cosas distintas… Yo me entusiasmaba, si había que
elaborar un reglamento para posgrado o para concursos internos o un llamado
general a concurso ordinario me ponía y laburaba intensamente. Pero no en la
misma medida había una cuestión de llevarlo a todos lados eso, por abajo, discutirlo,
proponer y procurar que eso fuera el resultado no tanto de un aporte
individual, como de un aporte colectivo. Eso es un déficit que a los que están
en el consejo siempre se los cuento como…
Sí, de la labor esa han
salido cosas que las utilizamos y sirven ahora para pelear, como el reglamento
de concursos internos, las modificaciones las redacté yo prácticamente. Redacté
el de la Escuela de Posgrado, su funcionamiento…….
La cuestión es utilizar el parlamento para el
trabajo con los docentes, no centrar la actividad en el parlamento, aunque sea
pensando en el interés y buscando responder al interés de los compañeros… Sino
cómo ese trabajo sirve para construir… Bueno, creo que sigue siendo la única
facultad donde todos los años se trata en el Consejo Directivo el presupuesto
de la facultad y presentan un balance. Eso lo logramos en el período que me
tocó estar en el CD, antes no existía.
En parte eso fue en un período muy particular, 2001, 2002, 2003, también me tocó
participar en la Asamblea Universitaria, en la que después fui candidato
testimonial, candidato a rector.
Trabajamos en la
reforma de los estatutos, estuve en comisiones…
Bastante tiempo
trabajando en comisiones previas para proponer… Simultáneamente con Edgardo
Garbulsky, con Rodolfo Scholer y otros.
Ahí salió lo de la
comisión de presupuesto.
Habíamos logrado
despachos que cuestionaban el manejo del tema y surgió la salida que inventó
Asteggiano para impedirlo. Fue una salida porque pensaban que se les venía una
resolución crítica; la propuesta era reducir el presupuesto del rectorado como
máximo a un 10% del total de la universidad. En ese momento era el 27% para el
rectorado. No es que el rectorado lo gastaba todo en el rectorado, lo
distribuía. Pero para entrar en la redistribución tenías que acordar. El
rectorado tenía más presupuesto que la facultad más grande que era Medicina.
Eso podía salir aprobado, por eso buscaron una salida, en el clima de esa época
no se podían oponer, formaron una comisión para que no pasara nada.
Fue la intención, sí…
la tenían difícil. Fue para impedir que saliera nuestro proyecto y después
pelear que no saliera nada…..hubo investigación y el despacho de esa comisión
fue sumamente crítico, explosivo, les
costó mucho impedir sus consecuencias, incluso trataron de aplicar sanciones a
tres compañeras Roxana Albanesi, Laura Ferrer y Patricia Propersi, que
siempre se habían jugado.
Va una reflexión, a
partir del conocimiento y la experiencia sobre la burocracia, extendida a un
ámbito más amplio que el de la universidad. Me parece que en la sociedad
actual, no solo argentina, se ha… La otra vez me hizo llegar Raúl Postiglione
un artículo de un tipo, no recuerdo de qué país era el autor, con opiniones muy
coincidentes sobre la “la burguesía burocrática”. La burocracia como un sector
de la burguesía. Claro, comparado con el estado de cien años atrás… Lo que yo
decía la otra vez, en la década del ’60 en Ingeniería había un secretario y se
incorporó otro.
Ahora en cualquier
facultad hay ocho, diez, doce, con subsecretarios y con empleados de las
secretarías; en una facultad tenés un núcleo de veinte o más personas.
La idea mía es que se
ha desarrollado, tanto en la universidad como en otros ámbitos de la sociedad
algo así como una burguesía burocrática. Así como hay sectores en la burguesía,
comercial, industrial, financiero, hay un sector burocrático. Es un sector que
tiene como función encargarse de los asuntos del estado y que como todas las
burguesías, por ese papel que desempeñan, sienten que tienen derecho a percibir
parte del producto de la sociedad. Esa es de algún modo su función. Porque ese
tipo puede ser tanto secretario de asuntos estudiantiles, como subsecretario de
política investigativa (o diputado o embajador).
Sí o de cualquier otra
función, pasar del decanato de una facultad a una secretaría de rectorado o de
ahí a una delegación de la universidad en tal otro lado. Es un tipo apto para
desempeñar funciones como burócrata. Y esa burguesía ha ido consolidándose,
especializándose. Eso incluso produce un cambio en la terminología política;
hace cincuenta años atrás no se decía “la comuna de Mugueta es peronista”. Se
decía de otra manera: la dirigen los peronistas, ganan los peronistas, pero no
“es” peronista. La provincia de Santa Fe “es” socialista. Entonces el centro de
estudiantes, la Conadu, la COAD, “es” tal... pierde el carácter de la
representación del colectivo que debería tener y asume el carácter de pertenencia,
casi propiedad de algún sector.
Vienen los
entrecruzamientos “laborales” y, en tanto, van haciendo escuela.
Una experiencia muy
viva con respecto a eso, es ver cómo los tipos van desfilando de un cargo a
otro.
La experiencia sindical
mía más rica es a partir del 2001. No es la única, no es que anteriormente no
tenía nada que ver, pero la más rica es a partir de lo del 2001.
Por todo, por la
intensidad, por la magnitud, por los resultados…
Asambleas
multitudinarias, debates, actos en la calle, cuando se hizo lo del Monumento,
paro con movilización, eso fue… Me acuerdo del debate en Ciencias Económicas,
en el cual hablé, que la propuesta nuestra era paro a partir de las doce y
movilización al Monumento, a diferencia de quienes decían “¿qué es un paro a
partir de las doce?, cortar las clases a partir de un horario, eso es absurdo.”
Asambleas en Medicina
en pleno enero.
Sí, tengo recuerdos muy
vivos, tal allá en este costado, tal en aquel otro. Me acuerdo la escena.
Más allá de Ingeniería…antes
conocía a muy pocos de otras facultades. Bueno, a Díaz Molano lo conocía desde
que éramos estudiantes secundarios. Conocía a alguna gente de Humanidades, pero
eran ya más vale de la época de una generación no la mía, pero más parecida a
la mía, o de la mía como Nidia, a Edgardo ya desde la escuela secundaria.
A Cristina Di
Bernardis, Elena Achilli, de Antropología Con algunos de ellos habíamos
militado juntos.
Sí, con algunos de
ellos teníamos lazos de amistad, de solidaridad, de conocimiento que venían de
mucho más lejos.
¿cómo surge la idea de
La 20 o, mejor dicho, el Frente 20 de Diciembre?
Yo respondería con algo
que no es una respuesta, ¿cómo podría ser que no fuera así?
Fue lo que
naturalmente…
En COAD había un núcleo
y una experiencia de mucho antes de que yo me incorporara, venía de hace mucho
tiempo y eso fue naturalmente vinculándose con los que nos íbamos incorporando…
Nos fuimos vinculando y tratando de vincular a la gente que aparecía en actitud
combativa.
No tengo marcado un
acontecimiento cómo inicial… si recuerdo que en el 2002 Gustavo Guevara entró
en la secretaría gremial de COAD.
Otra cuestión de la
experiencia, la ratificación de una idea que yo decía que venía en discusión de
la década del ’60, es la esencia contradictoria de la universidad. Esa
característica típica de la universidad argentina. Su carácter típicamente
contradictorio. Contra Menem resistiendo y a la vez mercantilizándose. Esa
cuestión viva permanentemente en la vida de la universidad. Pronunciándose por
los derechos humanos, con participación mayor, menor, más activa o menos activa
en determinadas cuestiones, con la universidad como institución, por ejemplo
respecto al aniversario del golpe, los 24 de marzo. Y a la vez con prácticas y
un contenido de la enseñanza que en muchos casos es contradictorio con ese
mismo tipo de pronunciamiento. Y que además dentro de la universidad varía en
las facultades y dentro de una facultad varía en sectores y dentro del
movimiento estudiantil varía. Entonces una riqueza y variedad propia de un
campo de lucha. Creo que toda la experiencia de estos últimos años me ratifica
en lo que era una de las conclusiones de la experiencia de otra época en el
movimiento estudiantil.
Eso de la universidad
en su conjunto. La universidad es campo de lucha.
Sobre COAD, la COAD
conocida por nosotros, una construcción de democracia, pluralismo, muy rica,
con los resultados que conocemos, no me voy a poner a explicar qué es la COAD.
Creo que es una
experiencia muy rica de construcción de una organización sindical cada vez más
importante, con mayor peso, donde costó y va a seguir costando democracia y
pluralismo.
E independencia de los
partidos políticos.
Por ejemplo, costó …
implantar lo que el estatuto decía, que había que votar para resolver las
medidas de fuerza. Eso estaba en el estatuto, pero no era la práctica…
Recuerdo que en el 2003,
cuando tuve una neumonía que me impidió la militancia en un período, el tema que se discutió era si se levantaba el
paro y hubo discrepancias, me contaron, sobre si había que votar o no había que
votar y que la posición nuestra fue que no había que hacer una votación, porque
se podía perder. El partido socialista, porque quería levantar, quería votar.
Yo, desde afuera en el tiempo, pienso que si hubiera estado habría planteado
que se votara, aunque perdiéramos. Porque eso, aun perdiendo, garantiza una
cuestión de relación de construcción que es invalorable, el respeto a la
mayoría
Recuerdo asambleas
convocadas por COAD donde quedábamos treinta y se resolvía la adhesión a un
paro, total después que la gente parara o no, o ni se enterara que se había
resuelto, parar realmente era lo de menos.
Hay una contradicción,
que creo que no es falsa, es una contradicción y no es antagónica, que hay que
tenerla presente para construir, entre la calidad de la labor específica y la
actividad sindical. Calidad de la labor profesional, la docencia e
investigación, y la labor sindical. Creo que eso se expresa reiteradamente. Es
una cuestión muy importante el poder manejarla, porque el ignorarla conduce
inevitablemente a errores.
Yo lo planteo en el
plano de que el docente como trabajador, en la medida que se asume como tal
adquiere las nociones propias del trabajador asalariado, todo lo bueno pero
también lo malo.
La idea de vender su
trabajo a un mejor precio es justa, ahora bien, si yo no cumplo con las horas
de trabajo que me corresponden estoy aumentando el precio de la hora, pero ese
no es el camino. Eso es una tendencia natural, no es una cuestión moral. Es
propio del metalúrgico, del que trabaja en la línea de producción, etc., del
que está desposeído de los medios de producción y enajenado del destino de la producción.
Es propio del trabajo
asalariado, es una consecuencia inevitable. Con la particularidad, en el caso
de la docencia o de la salud que esa enajenación es más difícil, menos
probable.
En la universidad hay
casos en que, para algunos, es posible hacer lo que en otros lugares es más
difícil, que es trabajar menos horas.
Esa contradicción entre
esa tendencia que empuja a la alienación, a perder el sentido del trabajo y por
otro lado la necesidad de, para luchar por las cuestiones de fondo, rescatar el
sentido del trabajo. Es decir, tener conciencia de clase. Ese es un problema
que en la actividad sindical tiene mucha importancia. Porque además al que está
en la dirección le cae la gente que le dice “¿qué me da el sindicato?” y otras
por el estilo.
Y una preocupación en
relación a la actividad sindical es cómo no caer en el economicismo.
La actividad sindical
formal te tironea para el lado del economicismo.
En el 2002, en nuestra agrupación alguien me propuso para encabezar
nuestra lista en COAD.
En ese momento era consejero en el CD de Ingeniería y director del
departamento de Geotopocartografía; pensé que no era lo mejor estar simultáneamente en esas
funciones y en un cargo sindical, que eran dos tareas relativamente distintas,
cada una tenía un ámbito propio, que si seguía con una debía renunciar a la
otra, fue por eso que no integré la lista, no por otra cosa. Dedicarse con
intensidad a ambas cosas hubiera sido imposible.
Estuve en el Consejo
Directivo hasta el 2007 ¿subestimé la importancia de la acción sindical? Quizá
sea así pero no tengo una respuesta categórica.
Después fui delegado en
ADFI, después de 8 años en el CD pasé a ser delegado de base y creo que fue una
buena experiencia.
¿cuáles son mis
autocríticas y mis deudas?
Hay una…deuda, que es
impagable, no estuve en los nacimientos de mi segunda hija y mi hijo Fue por la
militancia, por la clandestinidad, para avisar algo había que hacer una cadena
de “avisadores”, pero podría haber estado, podría haber organizado las cosas de
manera de haber estado. No es que alguien me lo haya reprochado, pero yo lo siento
así.
Y la otra es una duda
que siempre me acompañó, si no pequé en más de una oportunidad por falta de
audacia. Lo digo al revés, yo conté eso del estadio Millia, el aviso que
sacamos, eso fue una jugada audaz. Bueno, creo que probablemente hubo otras
ocasiones en las cuales no obré con esa audacia y quizás hubiera sido mi deber
haberlo hecho.
Por ejemplo, como
consecuencia de lo del estadio Millia allanaron la casa de mis viejos, hubo
orden de captura y no optamos -digo no optamos porque no era una decisión de
carácter personal- por hacer pública una cuestión de persecución con denuncia
de nombres y demás porque nos parecía que no teníamos la fuerza como para
exponernos de ese modo. Cuando nos jugamos también tenemos que tratar de tener
sensatez. Entonces cuando pongo en la balanza audacia y sensatez, por ahí he
estado más inclinado para el lado de sensatez que de la audacia. Y hay una
contradicción entre ambas.
Sí, creo que siempre
hay algo de “¿hasta dónde voy? ¿Hasta dónde me juego? ¿Da para más o no da para
más?”. Y ahí entra la cuestión de la evaluación de la situación concreta y
entran también factores subjetivos como el de la audacia. La audacia con los
riesgos… Bueno, me sentí más de una vez en deuda. No en el nivel de haber
fallado, de haber defraudado, pero sí si uno apunta a lo más alto que puede
apuntar que es la audacia tipo Che Guevara, claro, si de eso se trata estamos
hablando de palabras muy mayores que exceden al común de la militancia.
No lo digo en un
sentido puramente individual. Cuando pienso en haber sido más audaz no pienso
en haber sido yo individualmente, sino de haber planteado una actitud…
Supongamos ese ejemplo que puse de exponerse públicamente en una denuncia de
persecución, no en forma individual, sino jugando la fuerza en la que uno está
en ese momento.
En esta etapa de
actividad legal, pública, ese factor probablemente tiene menos incidencia. En
la época de actividad clandestina, ilegal, es otra cosa…
Proyecto… Seguir en lo
mismo.
Seguir en el grupo de
investigación, seguir vinculado a esos temas, como los del observatorio
geodésico AGGO, cosas que me atraen, concurrir a congresos, jornadas.
Hay investigación sobre
historia del movimiento estudiantil y me propongo colaborar en ese sentido.
Creo que hay un gran déficit en la historia del movimiento estudiantil en
Rosario.
Y seguir colaborando en
la actividad sindical.
Me interesa, me siento
cómodo y, a la vez, hay que tener en cuenta la posibilidad de intento de
descalificación por ser jubilado, no por mí en particular, sino como argumento
genérico; bueno, no es una posibilidad, ya lo han hecho en una asamblea
electoral, a los gritos contra una supuesta influencia de jubilados en el
gremio. Y digo, si yo estuviera del otro lado no es despreciable como recurso,
aunque sea una infamia.
Si creo que los
jubilados debemos ser parte de la organización del gremio y debemos procurar la
coordinación con jubilados de otros gremios.
Gracias por haberte tomado este tiempo para trasmitir tu experiencia. Lo estoy leyendo con absoluto entusiasmo.
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